Kittycat
Capítulo I: Freak
Capítulo I: Freak
Suspiró. No tenía ninguna gana de estar en ese escalofriante
lugar… porque si había un lugar en el Hueco Mundo el cual no le gustaba, ese
era definitivamente el laboratorio de Szayel. Aizen le había ordenado
presentarse allí a primera hora, aunque no tenía ninguna pista acerca de qué
era lo que querían de él. Como era de esperar, Aporro estaba delante de su gran
computadora, tecleando cosas que él jamás podría comprender. Al ver que el
maniático investigador no le ponía ninguna atención, carraspeó.
-¡Ah, Grimmjow!-exclamó el espada, volteando a verlo. Una
extraña sonrisa adornaba su rostro-. Te estaba esperando.
-Sí, ya, dime rápido qué quieres para que pueda marcharme-respondió el recién llegado de mala forma.
-Ya, ya, tranquilo, todo a su tiempo-el hombre de cabello rosado se levantó y comenzó a caminar por su laboratorio, el otro lo siguió sin más. Atravesaron toda la enorme sala y pasaron por un par de puertas con clave. Siguieron caminando un rato más por un oscuro pasillo hasta que finalmente llegaron a una habitación en la cual no se veía absolutamente nada.
-¡Dime ya qué es lo que quieres de mí!-le gritó Grimmjow, visiblemente irritado. Las luces se prendieron de pronto, haciéndolo parpadear.
-Necesito que me ayudes a probar una nueva… medicación-explicó, de espaldas al de pelo celeste.
-¿¡Qué!? ¡Yo no pienso ser tu conejillo de indias!
-Bueno, ya sabes… es una orden de Aizen-sama y…
-¡Al diablo con Aizen!
-Bueno… imaginé que esto iba a ser difícil, después de todo eres una bestia indomable… yo… quería hacer esto por las buenas-suspiró Aporro, mientras distraídamente apretaba un botón. La cámara se llenó de gas al instante y, cuando volteó a verlo, Grimmjow pudo apreciar que el científico llevaba una máscara que le cubría la boca y la nariz. Desesperado, entendió que había caído en una trampa. Poco a poco sus párpados comenzaron a cerrarse y la falta de fuerzas lo hizo caer al suelo. Szayel reía-. Aunque… eso no será así por mucho tiempo.
-Sí, ya, dime rápido qué quieres para que pueda marcharme-respondió el recién llegado de mala forma.
-Ya, ya, tranquilo, todo a su tiempo-el hombre de cabello rosado se levantó y comenzó a caminar por su laboratorio, el otro lo siguió sin más. Atravesaron toda la enorme sala y pasaron por un par de puertas con clave. Siguieron caminando un rato más por un oscuro pasillo hasta que finalmente llegaron a una habitación en la cual no se veía absolutamente nada.
-¡Dime ya qué es lo que quieres de mí!-le gritó Grimmjow, visiblemente irritado. Las luces se prendieron de pronto, haciéndolo parpadear.
-Necesito que me ayudes a probar una nueva… medicación-explicó, de espaldas al de pelo celeste.
-¿¡Qué!? ¡Yo no pienso ser tu conejillo de indias!
-Bueno, ya sabes… es una orden de Aizen-sama y…
-¡Al diablo con Aizen!
-Bueno… imaginé que esto iba a ser difícil, después de todo eres una bestia indomable… yo… quería hacer esto por las buenas-suspiró Aporro, mientras distraídamente apretaba un botón. La cámara se llenó de gas al instante y, cuando volteó a verlo, Grimmjow pudo apreciar que el científico llevaba una máscara que le cubría la boca y la nariz. Desesperado, entendió que había caído en una trampa. Poco a poco sus párpados comenzaron a cerrarse y la falta de fuerzas lo hizo caer al suelo. Szayel reía-. Aunque… eso no será así por mucho tiempo.
Lo último que Grimmjow pudo ver antes de caer inconsciente,
era cómo Aporro se acercaba a él con una jeringa en mano, con una maniática
sonrisa dibujada en su bello rostro.

