El sol se estaba poniendo ya en el pueblo de Inaba, pero a pesar de que el día estaba llegando a su fin, las actividades en la hostelería Amagi aún no cesaban, pues, como en todo lugar tradicional, sus trabajadores se desvivían por cumplir las solicitudes de sus huéspedes. Era por eso que aquel era uno de los hoteles más reconocidos de la zona y mucha gente venía de la gran ciudad para hospedarse en él, ya fuera por una semana o tan solo dos días, no importaba cuanto, uno siempre era bien recibido. A pesar de la cantidad de cosas que tenía por delante, como realizar la ceremonia del té para uno de los huéspedes, cambiar las toallas dispuestas en una de las habitaciones y llamar al a tienda de textiles de los Tatsumi, Yukiko se vio sorprendida por un llamado de su madre, provocando de esa forma un cese de actividades. La muchacha, obedientemente se había presentado ante su progenitora, quien la había recibido en su dormitorio, lo que implicaba que el asunto era verdaderamente importante.
-Yukiko, cariño, gracias por venir tan rápido-le sonrió su madre, quién se encontraba en el suelo finalizando los últimos detalles de un bonito arreglo floral-. Esta noche no atenderás ningún recado, ¿entendido? Quiero que te asees cuidadosamente y que te vistas con el mejor de tus kimonos. En un rato mandaré a alguien para que te arregle correctamente.
-De acuerdo madre, lo haré enseguida pero… ¿podría saber la razón de tanto ajetreo?-inquirió la joven, pausadamente y controlándose para no parecer ansiosa-. ¿Acaso recibiremos alguna visita especial? Es extraño que no me lo hayas mencionado antes.
-Así es-asintió la mujer, dejando por un momento la tarea que estaba llevando a cabo para levantar la mirada y que sus ojos se cruzaran con los de su hija-. Tu padre me pidió que por favor no dijera nada indebido hasta último momento, pero esto es algo que ya no se puede retrasar-explicó, para luego sellar sus labios en una pequeña pausa-. Yukiko… el joven que vendrá a vernos con sus padres es Takano Matsuri… tu prometido.
-De acuerdo madre, lo haré enseguida pero… ¿podría saber la razón de tanto ajetreo?-inquirió la joven, pausadamente y controlándose para no parecer ansiosa-. ¿Acaso recibiremos alguna visita especial? Es extraño que no me lo hayas mencionado antes.
-Así es-asintió la mujer, dejando por un momento la tarea que estaba llevando a cabo para levantar la mirada y que sus ojos se cruzaran con los de su hija-. Tu padre me pidió que por favor no dijera nada indebido hasta último momento, pero esto es algo que ya no se puede retrasar-explicó, para luego sellar sus labios en una pequeña pausa-. Yukiko… el joven que vendrá a vernos con sus padres es Takano Matsuri… tu prometido.
A pesar de que hacía frío en aquella época del año, Yukiko no se molestó en entibiar el agua. La noticia de que estaba comprometida había sido un golpe duro para ella, sobre todo teniendo en cuenta que hasta hace poco tiempo, la determinación de huir de su casa había estado vigente en ella. Un prometido… aquel era todo un tema. Era la cadena que ataba de manera sumisa a un futuro en el cual ya no lucharía por sus propios ideales, sino por los de la otra persona. Después de todo, su familia era muy tradicional en aquel sentido. Pero aquel razonamiento era tan solo una excusa, esas simples razones no explicaban el porqué de su decaimiento. Yukiko siempre había sido una hija ejemplar, había seguido las órdenes de sus padres sin rechistar y jamás había puesto en dudas sus términos. Desde pequeña había aprendido a hacer muchas cosas que la mayoría de las jóvenes no tenían en cuenta ni consideraban importantes, pues lo que las chicas de su edad buscaban era seguir adelante en aquel mundo moderno. Si se veía desde cierto punto de vista, desde que era tan solo una niña, Yukiko había crecido para servir a los demás… pero ahora todo era diferente.
Dejó que el agua corriera por su cuerpo, cerró los ojos y comenzó a enjabonar su blanca piel. Miró su cuerpo, de curvas finas y poco marcadas, pero aún así tan deseado por los chicos de la escuela. Jamás le había prestado especial atención, lo único que importaba era lo cómoda que se sentía usando kimono por la falta de curvas, hasta ahora. Hace tan solo unos meses Yukiko había tenido la oportunidad de conocer a su verdadero príncipe azul, el joven que lucharía por ella, la tomaría en brazos y se la llevaría lejos de allí. La morocha siempre había esperado que aquel momento llegara… pero había sucedido tan rápido que, en un comienzo, ni siquiera se había percatado de aquello. Las cálidas y tranquilas facciones de Souji se hicieron presentes en su mente y no pudo evitar sonreír, aquel chico la llenaba de paz. Agradeció el hecho de estar sola pues, a pesar de la baja temperatura del agua, aquello no impidió que las mejillas de Yukiko se tiñeran de rojo.
Las estrellas brillaban especialmente hermosas aquella noche, pero aún éstas fueron opacadas por la pura naturaleza que el kimono otorgaba a Yukiko. Sus pálidas mejillas adoptaban un matiz de calidez rodeadas de tanto naranja. Sus ropas tenían tintes otoñales y habían sido confeccionadas con las mejores telas de Tatsumi Textiles. Su negro cabello estaba semi recogido en un complejo peinado, pero por demás caía libremente. Sus modales, desde luego, eran óptimos, no había agujero alguno en su fachada.
-Bienvenidos a la posada Amagi señores Matsuri…-el padre de la muchacha se apresuró a estrechar la mano del hombre y a besar el reverso de la de la mujer que lo acompañaba-. Y supongo que éste debe ser Takano-prosiguió, y el muchacho en cuestión asintió, algo incómodo.
“No está mal” fue lo primero que cruzó la mente de Yukiko. Era alto y de contextura musculosa, probablemente practicante de algún deporte. Su piel era algo oscura, aunque no alcanzaba la tonalidad de Yosuke, y en sus mejillas se veía el resultado de lo que seguramente serían horas bajo el sol… otra vez ella sería la Blancanieves de la relación. Sus ojos, de un color azul oscuro, eran profundos y brillantes, misteriosos y llenos de pasión. Iban bien con su cabello, cortado de manera ordenada y de un color que se asemejaba al de Yukiko, solo que un poco más brillante. Vestía un traje caro, cosa que no la sorprendía, sabía que sus padres jamás habrían organizado aquel compromiso si él no fuese de buena familia.
De pronto se percató de que todos la miraban.
-¿Hija?
-S-sí, lo siento. Mi nombre es Yukiko Amagi y estoy honrada de conocerlos finalmente. Me han hablado mucho de ustedes y estaba esperando poder conocer a su hijo, se ve que es una gran persona, espero que su felicidad llegue pronto y sea próspera-aquellas palabras salieron como si de un discurso premeditado se tratasen, aunque claro, con la tonalidad justa para que sus visitantes la adoraran. Hizo una inclinación pronunciada y uno de los mechones de cabello se escapó del recogido, cayendo sobre su rostro. Takano se apresuró a acercarse a ella y, con una caricia, acomodó el mechón detrás de su oreja.
-Eres más bella de lo que esperaba… me hace feliz tener a una prometida como tú-susurró, y las mejillas de la joven se encendieron nuevamente.
-S-sí, lo siento. Mi nombre es Yukiko Amagi y estoy honrada de conocerlos finalmente. Me han hablado mucho de ustedes y estaba esperando poder conocer a su hijo, se ve que es una gran persona, espero que su felicidad llegue pronto y sea próspera-aquellas palabras salieron como si de un discurso premeditado se tratasen, aunque claro, con la tonalidad justa para que sus visitantes la adoraran. Hizo una inclinación pronunciada y uno de los mechones de cabello se escapó del recogido, cayendo sobre su rostro. Takano se apresuró a acercarse a ella y, con una caricia, acomodó el mechón detrás de su oreja.
-Eres más bella de lo que esperaba… me hace feliz tener a una prometida como tú-susurró, y las mejillas de la joven se encendieron nuevamente.
-¿¡PROMETIDO!?-el grito de Chie se escuchó hasta por los pasillos.
-Chie por favor, baja la voz…-le pidió Yukiko, pero no pudo evitar notar que Yosuke y Souji ya se habían volteado a verlas.
-Pero ¿cómo que prometido?... quiero decir… eres muy joven y…
-Ya sabes cómo es mi familia respecto a esto-susurró la morocha, con la tristeza palpable en la voz-. Mira, aquí tengo una foto de él, su nombre es Takano-explicó, extendiéndole una pequeña foto que guardaba en su billetera-. Lo conocí ayer y…
-¿Desde cuándo sabes esto? ¿Por qué no me lo contaste?
-Bueno… desde ayer y…
-Y tú… ¿estás bien con esto?-inquirió su amiga-. Me refiero a que…-Yukiko levantó la vista y su mirada se cruzó con la de Souji. El joven la observaba fijamente, atento a lo que ambas platicaban, como si estuviera interesado en la respuesta. Amagi bajó nuevamente los ojos.
-Es lo que mis padres quieren… y mis padres quieren lo mejor para mí.
-Chie por favor, baja la voz…-le pidió Yukiko, pero no pudo evitar notar que Yosuke y Souji ya se habían volteado a verlas.
-Pero ¿cómo que prometido?... quiero decir… eres muy joven y…
-Ya sabes cómo es mi familia respecto a esto-susurró la morocha, con la tristeza palpable en la voz-. Mira, aquí tengo una foto de él, su nombre es Takano-explicó, extendiéndole una pequeña foto que guardaba en su billetera-. Lo conocí ayer y…
-¿Desde cuándo sabes esto? ¿Por qué no me lo contaste?
-Bueno… desde ayer y…
-Y tú… ¿estás bien con esto?-inquirió su amiga-. Me refiero a que…-Yukiko levantó la vista y su mirada se cruzó con la de Souji. El joven la observaba fijamente, atento a lo que ambas platicaban, como si estuviera interesado en la respuesta. Amagi bajó nuevamente los ojos.
-Es lo que mis padres quieren… y mis padres quieren lo mejor para mí.
El distrito comercial estaba igual que siempre. Desde que habían rescatado a Rise con éxito los chicos no habían tenido mucho que hacer, por lo que, al acabar las clases, Souji había invitado a Chie a comer juntos. La rubia lo había mirado extrañada pero aún así había aceptado, después de todo Yukiko tenía que trabajar en la posada aquel día, por lo que ahora caminaban por la zona norte del lugar, buscando aquel pequeño puestito que Yosuke le había enseñado al chico por primera vez.
-Bien… ¿acaso es Yukiko?-preguntó finalmente Satonaka, una vez que tuvo un gran plato de bife frente a ella. Su amigo la miró con una mescla de sorpresa y vergüenza-. Hay algo que te acongoja, ¿no es cierto? Lo veo en tu cara. Nos estabas escuchando a escondidas.
-Bueno…-le costaba aceptarlo-. Sí… lo siento.
-No te preocupes, es inevitable cuando se trata de la persona a quien uno ama.
-¿Eh? Pero yo no amo a…
-Ahórrate las excusas pues no quiero oírlas. Y dime… ¿qué planeas hacer? No eres el tipo de chico que se quedaría sentado viendo como le quitan a su chica de las manos.
-Pero tú… ¿ni siquiera dudas de mí? ¿No crees que Amagi pueda ser feliz con…?
-Por favor, no creo que Yukiko pueda ser feliz con un fulano de tal que acaba de conocer. Ya sabes cómo es ella, ansía una vida tranquila pero libre, quiere forjar su propio destino, no quedar atada al de otra persona. Y apuesto a que ahora ella está esperando a que su lindo príncipe azul la vaya a rescatar-respondió ella, con una sonrisa.
-¿Crees que pueda hacerla feliz?
-Lo único que puedo decir es que Yukiko está loca por ti, y créeme cuando te digo que eso es algo milagroso, Yukiko jamás había mostrado interés por ningún otro hombre antes de tu llegada, tú mismo lo has visto en un principio, ni siquiera se daba cuenta cuando la estaban invitando a salir. Y también sé que tú la adoras y que darías lo que sea por tenerla a tu lado.
-Bueno pero… yo soy un chico de la gran ciudad y su familia es tan… tradicional. ¿Crees que me acepten?
-A decir verdad, no, o por lo menos en un comienzo. Los padres de Yukiko son algo cerrados, puedes entenderlo viendo lo sumisa que siempre ha sido, pero ella es muy tozuda, creo que logrará hacerlos entender que te ama y que quiere estar a tu lado.
-…gracias Chie, me has dicho justo lo que necesitaba escuchar-agradeció Souji.
-Para eso están los amigos-rió ella-. Por cierto, ¿vas a comerte eso?
-Bueno…-le costaba aceptarlo-. Sí… lo siento.
-No te preocupes, es inevitable cuando se trata de la persona a quien uno ama.
-¿Eh? Pero yo no amo a…
-Ahórrate las excusas pues no quiero oírlas. Y dime… ¿qué planeas hacer? No eres el tipo de chico que se quedaría sentado viendo como le quitan a su chica de las manos.
-Pero tú… ¿ni siquiera dudas de mí? ¿No crees que Amagi pueda ser feliz con…?
-Por favor, no creo que Yukiko pueda ser feliz con un fulano de tal que acaba de conocer. Ya sabes cómo es ella, ansía una vida tranquila pero libre, quiere forjar su propio destino, no quedar atada al de otra persona. Y apuesto a que ahora ella está esperando a que su lindo príncipe azul la vaya a rescatar-respondió ella, con una sonrisa.
-¿Crees que pueda hacerla feliz?
-Lo único que puedo decir es que Yukiko está loca por ti, y créeme cuando te digo que eso es algo milagroso, Yukiko jamás había mostrado interés por ningún otro hombre antes de tu llegada, tú mismo lo has visto en un principio, ni siquiera se daba cuenta cuando la estaban invitando a salir. Y también sé que tú la adoras y que darías lo que sea por tenerla a tu lado.
-Bueno pero… yo soy un chico de la gran ciudad y su familia es tan… tradicional. ¿Crees que me acepten?
-A decir verdad, no, o por lo menos en un comienzo. Los padres de Yukiko son algo cerrados, puedes entenderlo viendo lo sumisa que siempre ha sido, pero ella es muy tozuda, creo que logrará hacerlos entender que te ama y que quiere estar a tu lado.
-…gracias Chie, me has dicho justo lo que necesitaba escuchar-agradeció Souji.
-Para eso están los amigos-rió ella-. Por cierto, ¿vas a comerte eso?
-Enséñame…-le pidió Souji a Yukiko, a lo que la morocha lo miró sorprendida.
-¿Qué te enseñe…?-preguntó sin entender-. ¿Qué es lo que quieres que te enseñe?
-Todo… todo acerca de la cultura japonesa tradicional. Sé que no tienes mucho tiempo pero… te lo pido como amigo, por favor. Es algo importante.
-¿Y qué planeas hacer con eso?
-… lo siento Yukiko, pero no es algo que pueda decirte en este momento-la decidida expresión de Souji se suavizó un poco al notar el color en las mejillas de la chica.
-Es la primera vez que me llamas por mi nombre-repuso ella, para luego hacer una pausa, meditando las palabras de su amigo-. No puedo asegurarte nada. Yo no tengo mucho tiempo en estos momentos pero… no te preocupes, conseguiré alguien que te enseñe.
-¿Qué te enseñe…?-preguntó sin entender-. ¿Qué es lo que quieres que te enseñe?
-Todo… todo acerca de la cultura japonesa tradicional. Sé que no tienes mucho tiempo pero… te lo pido como amigo, por favor. Es algo importante.
-¿Y qué planeas hacer con eso?
-… lo siento Yukiko, pero no es algo que pueda decirte en este momento-la decidida expresión de Souji se suavizó un poco al notar el color en las mejillas de la chica.
-Es la primera vez que me llamas por mi nombre-repuso ella, para luego hacer una pausa, meditando las palabras de su amigo-. No puedo asegurarte nada. Yo no tengo mucho tiempo en estos momentos pero… no te preocupes, conseguiré alguien que te enseñe.
¿Entrenamiento?-Chie no pudo ocultar su sorpresa al escuchar las palabras de Souji-. Pero… no entiendo, ¿un entrenamiento para qué?
-Para ser merecedor de Yukiko…-respondió su amigo, con toda sinceridad.
-Aww si que eres tierno-la muchacha sonrió encantada, pero luego su rostro se ensombreció y Seta se percató de que se encontraba mirando a Yosuke de reojo-. Me gustaría que otras personas pensaran de la misma manera que tú.
-¿Te refieres a Hanamura?
-¿¡Eh!? No es que esté enamorada de él ni nada parecido, tampoco me parece guapo, a decir verdad me parece detestable y…
-No tienes que explicarte-sonrió él, acercándose a la chica y despeinándola cariñosamente-. Pero yo creo que Hanamura te tiene mucho aprecio… creo que deberías intentarlo con él, hablarle o algo por el estilo.
-Hmm… puede ser…-Satonaka bajó la mirada con tristeza y, a pesar de que lo dijo en muy baja voz, Souji la escuchó murmurar-.Es todo culpa de Konishi-sempai…
-Para ser merecedor de Yukiko…-respondió su amigo, con toda sinceridad.
-Aww si que eres tierno-la muchacha sonrió encantada, pero luego su rostro se ensombreció y Seta se percató de que se encontraba mirando a Yosuke de reojo-. Me gustaría que otras personas pensaran de la misma manera que tú.
-¿Te refieres a Hanamura?
-¿¡Eh!? No es que esté enamorada de él ni nada parecido, tampoco me parece guapo, a decir verdad me parece detestable y…
-No tienes que explicarte-sonrió él, acercándose a la chica y despeinándola cariñosamente-. Pero yo creo que Hanamura te tiene mucho aprecio… creo que deberías intentarlo con él, hablarle o algo por el estilo.
-Hmm… puede ser…-Satonaka bajó la mirada con tristeza y, a pesar de que lo dijo en muy baja voz, Souji la escuchó murmurar-.Es todo culpa de Konishi-sempai…
Las vacaciones se acercaban a pasos agigantados y Souji se encontraba determinado a lograr que los padres de Yukiko lo aceptaran. Era un día muy caluroso, pero a pesar de ello, Souji se había levantado temprano pues estaba demasiado nervioso como para dormir. Había llegado el día, esa noche iría a visitar a los padres de la morocha y les pediría la mano de ésta, suplicaría de ser necesario. Había pasado los últimos días recibiendo entrenamiento por parte de trabajadores de la pensión a los cuáles la chica les había pedido ayuda y se creía preparado para dar el paso definitivo.
El día pasó más que rápido. Por la tarde Chie había ido a darle ánimos junto a Yosuke, pero de eso ya hacían horas. Ahora se encontraba en la entrada de la pensión, sosteniendo en brazos un gran ramo de flores seleccionado cuidadosamente. Yukiko abrió la puerta del lugar y sonrió al verlo, haciendo una inclinación. Llevaba puesto un kimono de color rosado que le sentaba muy bien. Souji sonrió y, acercándose a ella le tendió el ramo de flores.
-Estás hermosa-susurró suavemente para que nadie que pasara cerca los escuchara.
-Gracias… Souji-kun-Yukiko sonrió a la vez que sus pálidas mejillas adoptaban algo de color-. Sígueme por favor.
-Gracias… Souji-kun-Yukiko sonrió a la vez que sus pálidas mejillas adoptaban algo de color-. Sígueme por favor.
Lo hizo pasar y luego lo guió por un largo pasillo, seguido por un tramo de escaleras, llevándolo a una zona por la que no se veían tantas personas trabajando. Souji tragó saliva, centrándose en controlar su respiración para permanecer en calma. Yukiko tomó su mano, acariciándola suavemente para darle ánimos, ella confiaba en él. Finalmente lo soltó y se detuvo frente a una habitación. A diferencia de las otras, ésta tenía una puerta normal, era la oficina de la cabeza de los Amagi. Los dos adolescentes intercambiaron miradas y, tras unos segundos, Souji asintió, entonces Yukiko tocó la puerta.
-Madre, la persona de la que te hablé ha llegado ya y está aquí conmigo-informó Yukiko.
-Pasen…-se escuchó al otro lado de la puerta y, al momento de entrar, Souji de inmediato se dio cuenta de que se enfrentaba a una gran y fuerte pared de rechazo.
-Pasen…-se escuchó al otro lado de la puerta y, al momento de entrar, Souji de inmediato se dio cuenta de que se enfrentaba a una gran y fuerte pared de rechazo.
Naoto apretó con suavidad la mano de Kanji, los chicos se encontraban reunidos en Junes como siempre, pero ni Souji ni Yukiko los acompañaban. Chie se había intentado comunicar con su amiga pero ésta había tenido que ir a comprar unas cosas para la pensión, mientras que Souji… hace dos días que no sabían nada de él.
-Estoy preocupada…-suspiró Naoto-. ¿Ninguno ha podido contactar con él?
-Fui a visitarlo ayer y Nanako-chan me dijo que estaba en su cuarto, pero él no quiso abrirme-explicó Yosuke-. Yo creo que debemos dejarlo tranquilo un tiempo, si nos está evitando es porque de verdad quiere estar solo.
-Pobre Nana-chan-se lamentó Rise-. Debe estar muy preocupada.
-Teddie está con él. Espero que ese oso bueno para nada pueda conseguir cuanto menos entretenerla un poco.
-Debe haber sido duro… cuando hablé con Yukiko para preguntarle cómo había salido todo… estaba muy mal, de hecho, a pesar de la hora, me pidió de venir a pasar la noche en casa-suspiró Chie-. Y parece que sus padres no están nada contentos con su “aventura romántica”, tienen miedo de que la familia de su prometido se entere de algo y rompan el compromiso así que… le han prohibido que lo vea.
-¡Eso es terrible!-exclamó Naoto, sorprendida-. Sempai no ha hecho nada malo y es una persona increíble. Puede que no tenga tanto dinero como el prometido de Yukiko-sempai pero…-respiró con pesadez y su novio la atrajo hacia él, acurrucándola-. Supongo que así es como funciona la alta sociedad. Siento mucha pena por ambos.
-Ojalá hubiera algo que pudiésemos hacer-lamentó la castaña.
-No podemos meternos en los asuntos de familia de Yukiko-repuso Yosuke, quien miró a Chie de reojo. La muchacha se mordía el labio, impotente. Sintió gran pesadez al verla así y se levantó de la mesa, alejándose. Todos permanecieron en silencio, sorprendidos ante la actitud del adolescente. Finalmente regresó, tras unos minutos, y deslizó un plato de roast beef frente a ella. La chica volteó a verlo con los ojos y la boca abierta.
-Fui a visitarlo ayer y Nanako-chan me dijo que estaba en su cuarto, pero él no quiso abrirme-explicó Yosuke-. Yo creo que debemos dejarlo tranquilo un tiempo, si nos está evitando es porque de verdad quiere estar solo.
-Pobre Nana-chan-se lamentó Rise-. Debe estar muy preocupada.
-Teddie está con él. Espero que ese oso bueno para nada pueda conseguir cuanto menos entretenerla un poco.
-Debe haber sido duro… cuando hablé con Yukiko para preguntarle cómo había salido todo… estaba muy mal, de hecho, a pesar de la hora, me pidió de venir a pasar la noche en casa-suspiró Chie-. Y parece que sus padres no están nada contentos con su “aventura romántica”, tienen miedo de que la familia de su prometido se entere de algo y rompan el compromiso así que… le han prohibido que lo vea.
-¡Eso es terrible!-exclamó Naoto, sorprendida-. Sempai no ha hecho nada malo y es una persona increíble. Puede que no tenga tanto dinero como el prometido de Yukiko-sempai pero…-respiró con pesadez y su novio la atrajo hacia él, acurrucándola-. Supongo que así es como funciona la alta sociedad. Siento mucha pena por ambos.
-Ojalá hubiera algo que pudiésemos hacer-lamentó la castaña.
-No podemos meternos en los asuntos de familia de Yukiko-repuso Yosuke, quien miró a Chie de reojo. La muchacha se mordía el labio, impotente. Sintió gran pesadez al verla así y se levantó de la mesa, alejándose. Todos permanecieron en silencio, sorprendidos ante la actitud del adolescente. Finalmente regresó, tras unos minutos, y deslizó un plato de roast beef frente a ella. La chica volteó a verlo con los ojos y la boca abierta.
-Yosuke…-murmuró.
-Dios, no puedo verte así-repuso él-. Al menos así estarás un poquito más feliz.
-Gracias-Satonaka le dedicó una tímida sonrisa y las mejillas de ambos se sonrojaron por unos instantes, luego Yosuke se dejó caer nuevamente en su lugar, desviando la mirada, mientras que la joven comenzaba a comer lentamente. Ninguno de los presentes pudo reprimir una sonrisa al ver el comportamiento de ambos.
-Dios, no puedo verte así-repuso él-. Al menos así estarás un poquito más feliz.
-Gracias-Satonaka le dedicó una tímida sonrisa y las mejillas de ambos se sonrojaron por unos instantes, luego Yosuke se dejó caer nuevamente en su lugar, desviando la mirada, mientras que la joven comenzaba a comer lentamente. Ninguno de los presentes pudo reprimir una sonrisa al ver el comportamiento de ambos.
Yukiko caminaba junto a Takano por el distrito comercial. Ambos iban callados, la morocha caminaba por la vista gacha, tomándose las manos como acostumbraba hacer, su acompañante simplemente cargaba sus bolsas, intentando mostrarse caballeroso, y miraba a todos lados pues era la primera vez que salía a pasear por las calles de Inaba. Se dirigieron a Tatsumi Textiles para retirar los nuevos kimonos que su madre había encargado para el festival que se aproximaba.
-Yuki-chan-la saludó la anciana madre de Kanji-. Tanto tiempo sin verte. ¿Y quién es éste agradable muchacho que te acompaña?
-Es mi…-comenzó a decir ella.
-Buenas tardes, mi nombre es Takano Matsuri, soy el prometido de Yukiko-se presentó el aludido, interrumpiéndola.
-¡Oh! Ya veo… que extraño, pensé que…-la mujer le dirigió una mirada suspicaz a la joven, quien bajó la mirada y negó con tristeza, el chico no pareció percatarse de aquello-. En ese caso… ¿has venido por los kimonos? Están listos, quedaron preciosos. Como siempre, tu madre tiene buen ojo para las telas. Déjame que iré a prepararlos.
-Es mi…-comenzó a decir ella.
-Buenas tardes, mi nombre es Takano Matsuri, soy el prometido de Yukiko-se presentó el aludido, interrumpiéndola.
-¡Oh! Ya veo… que extraño, pensé que…-la mujer le dirigió una mirada suspicaz a la joven, quien bajó la mirada y negó con tristeza, el chico no pareció percatarse de aquello-. En ese caso… ¿has venido por los kimonos? Están listos, quedaron preciosos. Como siempre, tu madre tiene buen ojo para las telas. Déjame que iré a prepararlos.
Cuando se retiró, un incómodo silencio se instauró entre ambos, por lo menos por parte de Yukiko, pues Takano permanecía ajeno a ella, mirando todo con curiosidad. La muchacha contempló las vitrinas y una risita escapó de sus labios al ver los muñequitos que tanto éxito tenían en la tienda.
-¿Qué es tan gracioso?-inquirió Takano, acercándose a ella mientras le pasaba un brazo por los hombros.
-Esos muñequitos… los ha hecho un amigo mío, pero si lo vieras en persona jamás lo creerías, a simple vista puede ser algo… aterrador-se encogió de hombros.
-Oh, ya veo-asintió, y luego de darle un beso en la mejilla continuó mirando las demás cosas. Amagi suspiró.
-Yuki-chan, ya tengo todo listo-la madre de Kanji estaba de vuelta con un gran paquete, el cual el mayor se apresuró a tomar mientras su prometida abonaba-. Como siempre, es un placer hacer negocios con ustedes, gracias por su compra.
-Volveremos pronto-se despidió Yukiko-. Por favor envíele mis saludos a su hijo.
-Lo haré.
-Esos muñequitos… los ha hecho un amigo mío, pero si lo vieras en persona jamás lo creerías, a simple vista puede ser algo… aterrador-se encogió de hombros.
-Oh, ya veo-asintió, y luego de darle un beso en la mejilla continuó mirando las demás cosas. Amagi suspiró.
-Yuki-chan, ya tengo todo listo-la madre de Kanji estaba de vuelta con un gran paquete, el cual el mayor se apresuró a tomar mientras su prometida abonaba-. Como siempre, es un placer hacer negocios con ustedes, gracias por su compra.
-Volveremos pronto-se despidió Yukiko-. Por favor envíele mis saludos a su hijo.
-Lo haré.
Salieron del comercio y la morocha miró el cielo. Ya era tarde y las nubes tenían un color más oscuro del normal, probablemente se largaría a llover de un momento a otro pero aún les quedaba un recado más por hacer. Avanzaron caminando hasta el límite del distrito comercial y siguieron caminando a paso rápido. A Yukiko no le gustaba esa zona. Por la noche las bandas solían reunirse en aquellos lugares y era peligroso.
Tras haber decidido que permanecer todo el día en su habitación no cambiaría nada, Souji había decidido salir a dar una vuelta para despejarse. Sabía que había grandes probabilidades de que todos estuviesen en Junes, por lo que había decidido evadir aquella zona, después de todo, aún quería estar solo.
Una pequeña parte de su ser había estado preparado para un posible rechazo por parte de los padres de Yukiko, pero jamás se había esperado encontrarse nada como aquello. Tanto la madre como el padre de la chica se habían mostrado muy duros con él y no habían cedido en absoluto luego de escucharlos. En lugar de ello le habían prohibido a su hija el acercarse a él, y sabía que por más que Yukiko rechazara las medidas de sus padres, probablemente ahora que Takano estaba en el pueblo, la acompañaría a todas partes. A pesar de todo, él aún no se había rendido, estaba decidido a demostrarle a todos que era merecedor del amor de Yukiko, solo tenía que encontrar la forma de hacerlo. Por un momento deseó que todo fuese más fácil.
Sin percatarse a dónde lo llevaban sus pies, de pronto se encontraba en el distrito comercial. Comenzó a caminar por las calles, contemplando los escaparates. Entró en la librería pues un nuevo libro que promocionaban había llamado su atención y lo compró. Luego continuó su camino. No había mucho que hacer así que se dirigió al templo a visitar a su amigo, el extraño zorro que habitaba en ese lugar y que los acompañaba durante sus rescates en el mundo de la tv. Finalmente, como aún era temprano y el hambre lo había tomado por sorpresa, se dirigió a Aiya por un bowl de ramen. Allí se encontró con Daisuke y Kou quienes, ajenos a su problema, charlaron con él y lo distrajeron un rato. Cuando salió del local, dejando atrás a sus amigos, se dispuso a regresar pues no quería preocupar a Nanako. Miró hacia arriba, preocupado por la inminente lluvia pero, en ese momento, una lejana voz interrumpió sus pensamientos. Volteó a ver y allí estaban Yukiko y su prometido, aparentemente saliendo de Tatsumi Textiles. Se escondió sin estar seguro de por qué lo hacía y, cuando vio que los dos jóvenes se alejaban por la acera, sin dudarlo un segundo, los siguió.
Dejaron atrás la zona comercial y se adentraron en otra mucho menos agradable, una zona que tenía pocos locales, bastantes callejones y pocos peatones. Los residentes solían evitar esa zona y su tío le había prohibido atravesarla estando oscuro. A pesar de eso continuó caminando detrás de la pareja, dejando un gran espacio entre ellos para que no notaran su presencia. Se preguntó qué haría Yukiko en un lugar como aquel a esa hora. De pronto, los dos chicos desaparecieron en un local y él se preguntó qué pensaría su amiga si saliera de allí y lo viera. Probablemente ella estaba tan mal como él por lo que había sucedido pero, aún así, un mal presentimiento le impidió alejarse del lugar.
Se escondió detrás de un banco de madera que había por allí, permaneciendo agachado, y esperó durante unos minutos. Cuando salieron de allí, Takano cargaba una bolsa nueva. Emprendieron el camino de regreso, alejándose del negocio. Souji suspiró aliviado de que ya se encontraran regresando, pero el alivio tan solo duró unos instantes. El ruido de una moto se escuchó en las cercanías en el momento en el que se agachó para que los jóvenes no lo vieran. Cuando volvió a levantarse para ver si Yukiko y Takano ya habían pasado, un hombre en una moto les cortaba el paso a ambos. Una cantidad de hombres comenzó a salir de un callejón cercano y rodearon a los comprometidos. Souji alcanzó a ver a la dueña del local mirando a través de la vidriera, pero cuando ésta se percató de su mirada, no perdió tiempo en bajar la persiana del lugar, simulando no haber visto nada.
El miedo invadió a Yukiko, quien lentamente se colocó detrás de Takano. Aún así su prometido no hizo movimiento alguno que indicara que la iba a defender, permaneció allí parado, como una estatua, sin atreverse a mover un dedo. Estaban completamente rodeados y no había nadie a quien recurrir. A pesar de que era la cosa más estúpida que podía hacer en aquel momento, un grito involuntario salió de los labios de Yukiko, un grito de auxilio. Inmediatamente el líder de los hombres bajó de la motocicleta y la golpeó, tirándola al suelo de la brutalidad. Allí la muchacha permaneció sollozando con los ojos muy abiertos, paralizada.
Fue entonces que Takano se movió. Aprovechando el hueco que había dejado el hombre, y sabiendo que no tendría ninguna otra oportunidad de salvar el pellejo, le lanzó las bolsas de las compras a los otros y salió corriendo lo más rápido posible, buscando refugio en dirección del distrito comercial y perdiéndose a la vista.
-Vaya, vaya… que poco hombre, dejar a una muñequita tan linda aquí abandonada-se burló el líder de la banda, quien se acuclilló frente a Yukiko-. Bueno, bueno… ¿qué tenemos aquí?-rió, tomándola de la barbilla. Su aliento apestaba a alcohol.
-P-por favor…-suplicó Yukiko, con los ojos empañados de lágrimas.
-No, no muñequita, tú debes guardar silencio, ¿qué no te han enseñado modales? Las niñas deben permanecer calladas mientras los adultos hacen sus cosas-la reprendió.
-Por favor…-repitió ella, pero una nueva bofetada la hizo callar. El hombre la tomó con fuerza del brazo y la obligó a ponerse de pie.
-¡Jefe!-exclamó de pronto uno de los otros.
-¿Qué quieres?-preguntó el aludido, de mala manera, mientras le dirigía una mirada aterradora.
-¡Mire esta preciosura!-el hombre había sacado el kimono más pequeño de la bolsa, que ahora descansaba en el piso. Al verlo, todos sonrieron.
-Bien, ¡parece que nos divertiremos en grande esta noche!-gritó el líder y, arrastrando a Yukiko consigo, desapareció en el callejón.
-P-por favor…-suplicó Yukiko, con los ojos empañados de lágrimas.
-No, no muñequita, tú debes guardar silencio, ¿qué no te han enseñado modales? Las niñas deben permanecer calladas mientras los adultos hacen sus cosas-la reprendió.
-Por favor…-repitió ella, pero una nueva bofetada la hizo callar. El hombre la tomó con fuerza del brazo y la obligó a ponerse de pie.
-¡Jefe!-exclamó de pronto uno de los otros.
-¿Qué quieres?-preguntó el aludido, de mala manera, mientras le dirigía una mirada aterradora.
-¡Mire esta preciosura!-el hombre había sacado el kimono más pequeño de la bolsa, que ahora descansaba en el piso. Al verlo, todos sonrieron.
-Bien, ¡parece que nos divertiremos en grande esta noche!-gritó el líder y, arrastrando a Yukiko consigo, desapareció en el callejón.
Souji no tuvo tiempo de reaccionar. Al ver a la chica que amaba ser arrastrada por esos criminales, salió corriendo de su escondite. Haber estado entrenando con Chie había tenido sus frutos, uno de los hombres se había quedado atrás y fue tomado por sorpresa por Souji quien, tras forcejear un poco, logró dejarlo inconsciente. Sacó su celular y, acercándose a ver el nombre de la calle y la altura a uno de los carteles que había allí, se apresuró a llamar a su tío.
-Desvístete-le ordenó aquel extraño-. Queremos verte en kimono, preciosa, y para ello tienes que desvestirte.
-Y-yo…
-¿Acaso quieres que te golpee otra vez?-inquirió él, divertido. Todos allí rieron, todos menos Yukiko. La muchacha miró a todos lados, asustada.
-N-no tengo lindo cuerpo… tengo muchas cicatrices y…
-Ya seré yo quien decida eso, ahora, apresúrate-dijo, sonándose los nudillos mientras lo hacía.
-Y-yo…
-¿Acaso quieres que te golpee otra vez?-inquirió él, divertido. Todos allí rieron, todos menos Yukiko. La muchacha miró a todos lados, asustada.
-N-no tengo lindo cuerpo… tengo muchas cicatrices y…
-Ya seré yo quien decida eso, ahora, apresúrate-dijo, sonándose los nudillos mientras lo hacía.
La chica bajó la mirada avergonzada, sabía muy bien lo que vendría a continuación. Sin poder escapar a ningún otro lugar, aquellos hombres probablemente la violarían y luego la dejarían allí tirada. Lentamente les dio la espalda a los hombres, comenzando a quitarse el saco. Maldijo el verano por el hecho de no llevar más ropa. El líder de los hombres la tomó del brazo con fuerza y la hizo voltear, acercándose a ella hasta que su espalda tocó la pared.
-¿Acaso crees que soy estúpido? Hazlo bien.
-V-vale…-la muchacha asintió y, temerosa de que la volviese a golpear, dejó caer el saco al suelo.
-V-vale…-la muchacha asintió y, temerosa de que la volviese a golpear, dejó caer el saco al suelo.
Sin saber por dónde continuar e intentando retrasarlo todo lo más posible, se descalzó y luego se deshizo de su bincha. Comenzó a desabotonar su camisa lentamente pero el hombre perdió la paciencia. La empujó contra la pared y, sujetándola con fuerza, destrozó la camisa de Yukiko, abriéndola. Al ver el corpiño negro de la muchacha sonrió complacido y acarició sus pechos con una pervertida mueca en su rostro. De pronto una roca se estrelló contra la parte trasera de la cabeza del abusador. Quien gritó de dolor y se llevó una mano hacia la herida.
-Mantén tus sucias manos lejos del cuerpo de Yukiko-la voz de Souji la tomó por sorpresa. El muchacho salió lentamente de entre las sombras, ante la incrédula mirada de los diez hombres que se encontraban allí.
-¿Un niño?-se sorprendió el líder-. Diablos, pagarás caro tu atrevimiento, ¡a por él pedazo de imbéciles!-le gritó a sus hombres, quienes se apresuraron a acatar sus órdenes. Se acercaron a Souji en grupo pero otra sorpresa los hizo retroceder. En sus manos, el adolescente llevaba la espada con la que acostumbraba luchar.
-Si no quieren que les rebane el cuello… apártense-dijo él, con calma, manteniendo el semblante serio. Se abrió paso hasta donde Yukiko y el jefe estaban y se colocó entre ellos.
-Eres solo un crío, ¡no tienes las agallas necesarias!-le gritó, pero aún así no hizo movimiento alguno. El recién llegado se quitó su abrigo, pasándoselo a Yukiko para que se cubriera, sin soltar la espada ni quitar la mirada de aquel peligroso hombre. Los ojos de la muchacha estaban llenos de lágrimas pero no pudo evitar sentir gran alivio. Con la espalda contra la pared se dejó caer hasta el suelo pues sus piernas no podían mantenerla ya. Se cubrió con el abrigo de Souji, sin dejar de sollozar y sintió un suave peso. Encontró el celular del chico en el bolsillo y se apresuró a esconderlo bajo el saco, por suerte los hombres estaban tan distraídos que ninguno se dio cuenta de ello.
-… tan solo pruébame-le respondió Seta, aún guardando la calma, con el rostro imperturbable. En contra de lo que esperaba, el hombre dio un paso al frente y, girando el cuerpo le dio un fuerte golpe en la mejilla, provocando que dejara caer la espada. Se apresuró a patearla lejos del alcance del chico quien, a pesar de la dureza con la que lo habían golpeado, logró mantenerse de pie. El motociclista rió, coreado por los de su banda.
-¡Lo sabía! ¡No eres más que un niño idiota!-se burló, comenzando a golpearlo una y otra… y otra… y otra vez.
-¿Un niño?-se sorprendió el líder-. Diablos, pagarás caro tu atrevimiento, ¡a por él pedazo de imbéciles!-le gritó a sus hombres, quienes se apresuraron a acatar sus órdenes. Se acercaron a Souji en grupo pero otra sorpresa los hizo retroceder. En sus manos, el adolescente llevaba la espada con la que acostumbraba luchar.
-Si no quieren que les rebane el cuello… apártense-dijo él, con calma, manteniendo el semblante serio. Se abrió paso hasta donde Yukiko y el jefe estaban y se colocó entre ellos.
-Eres solo un crío, ¡no tienes las agallas necesarias!-le gritó, pero aún así no hizo movimiento alguno. El recién llegado se quitó su abrigo, pasándoselo a Yukiko para que se cubriera, sin soltar la espada ni quitar la mirada de aquel peligroso hombre. Los ojos de la muchacha estaban llenos de lágrimas pero no pudo evitar sentir gran alivio. Con la espalda contra la pared se dejó caer hasta el suelo pues sus piernas no podían mantenerla ya. Se cubrió con el abrigo de Souji, sin dejar de sollozar y sintió un suave peso. Encontró el celular del chico en el bolsillo y se apresuró a esconderlo bajo el saco, por suerte los hombres estaban tan distraídos que ninguno se dio cuenta de ello.
-… tan solo pruébame-le respondió Seta, aún guardando la calma, con el rostro imperturbable. En contra de lo que esperaba, el hombre dio un paso al frente y, girando el cuerpo le dio un fuerte golpe en la mejilla, provocando que dejara caer la espada. Se apresuró a patearla lejos del alcance del chico quien, a pesar de la dureza con la que lo habían golpeado, logró mantenerse de pie. El motociclista rió, coreado por los de su banda.
-¡Lo sabía! ¡No eres más que un niño idiota!-se burló, comenzando a golpearlo una y otra… y otra… y otra vez.
Muy pronto el rostro de Souji estuvo cubierto por sangre, su nariz rota y su labio partido. Aquel hombre no parecía saciarse, los golpes seguían llegando y se sintió desfallecer. El mayor lo tomó con fuerza por los hombros y de un rodillazo lo dejó sin aire. El muchacho se inclinó, tosiendo, mientras se sujetaba el estómago, dolorido. El abusivo aprovechó ese momento y, juntando sus dos manos, le golpeó la cabeza desde arriba, haciéndolo caer de rodillas y luego lo pateó a un lado. Sonriendo triunfante, le dedicó una mirada divertida a Yukiko, quien tenía los ojos muy abiertos y el labio le temblaba. Se inclinó y cogió la chaqueta de Souji, dispuesto a seguir divirtiéndose con ella, pero algo le impidió avanzar. Allí estaba el chico a quien acababa de hacer puré, sujetándolo del tobillo con lo último de su fuerza.
-Así que no aprendes, ¿eh?-rió el extraño, dándose vuelta para encarar a Souji-. Ni siquiera puedes levantarte y aún así esperas seguir protegiendo a tu chica, no eres más que un idiota-se soltó del agarre y lo rodeó lentamente.
-No permitiré… que la toques…-dijo, con voz desgastada.
-Terminarás en el hospital por ello muchacho-se burló nuevamente y luego comenzó a patear el costado de Souji, siendo alentado por los gemidos de dolor que soltaba el chico.
-No permitiré… que la toques…-dijo, con voz desgastada.
-Terminarás en el hospital por ello muchacho-se burló nuevamente y luego comenzó a patear el costado de Souji, siendo alentado por los gemidos de dolor que soltaba el chico.
Todo comenzó a volverse negro para el joven. Buscó a Yukiko con la mirada, ella lo estaba mirando angustiada y articuló algo con los labios, aunque él no pudo entender qué… todo estaba borroso. Sabía que no debía rendirse, si él fallaba la chica a la que tanto amaba sufriría porque él no había sido lo suficientemente fuerte como para protegerla. Temblando, colocó sus brazos debajo de él e intentó levantarse. Apenas pudo levantarse unos pocos centímetros del suelo cuando sus fuerzas le fallaron y volvió a caer. Aún así, una leve sonrisa se dibujó en su rostro, había sido recompensado por sus esfuerzos. Por primera vez en su vida, el sonido de las sirenas de policía le pareció realmente hermoso.
Cuando Souji abrió los ojos se sintió perdido. No tenía idea de dónde estaba y no recordaba lo que había sucedido. Pestañó intentando aclarar su vista y sintió algo tirante en la nariz. De pronto, las caricias que había estado sintiendo en su cabello, se detuvieron.
-Souji-kun…-la voz de Yukiko provenía de algún lugar a su derecha. Volteó la cabeza en aquella dirección pero, al moverse, una punzada de dolor recorrió su cuerpo. Se estremeció suavemente y entonces sintió como unas manos se apretaban en torno a una de las suyas-. Tranquilo, no te esfuerces.
-Yukiko…-susurró él cuando logró enfocarla. Una sonrisa de alivio se dibujó en el rostro de la chica. Sus ojos estaban rojos y había rastros de lágrimas en sus mejillas-. Has estado llorando… ¿qué sucedió?
-Lo siento tanto…-se disculpó la morocha-. Ha sido mi culpa… aunque… si no hubieses estado allí…-dijo, pero el llanto se apoderó de ella nuevamente-. Lo siento yo… no quería… no quería que terminaras así… yo… de verdad lo siento… estabas tan mal… tu nariz no paraba de sangrar y… no sabía qué hacer… tenía tanto miedo y… y después la policía llegó, llamaron a una ambulancia y… llamaron a mis padres y llegaron los chicos pero… yo no quería ir con ellos así que no te solté y… les he traído problemas a todos con mis caprichos pero… no quería dejarte solo… no podía abandonarte después de lo que has hecho por mí.
-Oh…-al escuchar las palabras de su acompañante, Souji comenzó a recordar el incidente-. Y… ¿tú estás bien? ¿No te hicieron nada?
-No… gracias a ti.
-Bueno, eso es todo lo que importa-sonrió y lentamente levantó el brazo, limpiándole las lágrimas.
-Yukiko…-susurró él cuando logró enfocarla. Una sonrisa de alivio se dibujó en el rostro de la chica. Sus ojos estaban rojos y había rastros de lágrimas en sus mejillas-. Has estado llorando… ¿qué sucedió?
-Lo siento tanto…-se disculpó la morocha-. Ha sido mi culpa… aunque… si no hubieses estado allí…-dijo, pero el llanto se apoderó de ella nuevamente-. Lo siento yo… no quería… no quería que terminaras así… yo… de verdad lo siento… estabas tan mal… tu nariz no paraba de sangrar y… no sabía qué hacer… tenía tanto miedo y… y después la policía llegó, llamaron a una ambulancia y… llamaron a mis padres y llegaron los chicos pero… yo no quería ir con ellos así que no te solté y… les he traído problemas a todos con mis caprichos pero… no quería dejarte solo… no podía abandonarte después de lo que has hecho por mí.
-Oh…-al escuchar las palabras de su acompañante, Souji comenzó a recordar el incidente-. Y… ¿tú estás bien? ¿No te hicieron nada?
-No… gracias a ti.
-Bueno, eso es todo lo que importa-sonrió y lentamente levantó el brazo, limpiándole las lágrimas.
Fue recién tres días después que lo dejaron salir del hospital bajo la promesa de permanecer en cama. A pesar de todo, podría haberle ido bastante peor. Tenía varios moretones e incluso habían tenido que ponerle un parche en la mejilla izquierda. Su nariz estaba rota, al igual que tres de sus costillas, las cuales no dejaban de quejarse cuando éste caminaba por lo que le habían dado unas muletas para ayudarse. Desde entonces Yukiko lo visitaba todos los días, al igual que el resto de sus amigos, aunque la morocha venía mucho más que los demás. Chie le había contado en secreto que, por el momento, ella había pedido que su madre se encargara de que alguien cubriera su puesto durante lo que durara su falta al trabajo y que, sorpresivamente, ella no se había negado. Al parecer los padres de Yukiko le habían tomado aprecio a Souji tras el accidente y, tras hablar con los señores Matsuri de la manera en la que Takano había huido y abandonado a Yukiko, habían acordado que lo mejor era romper el compromiso, “a fin y a cuentas Takano resultó ser pura fachada” le había escuchado decir al padre de su mejor amiga. Aún así, a pesar de todas las cosas que Satonaka le había estado diciendo, de verdad se sorprendió cuando, tras una semana de estar en cama, Yukiko llegó a visitarlo acompañada de sus padres. Sabiendo que era algo importante para su oniichan, Nanako sirvió el mejor té que encontró y, con unas masitas que había en la alacena, las llevó al cuarto de Souji.
-Queríamos agradecerte en persona por haber salvado a Yukiko-la madre fue la primera en hablar-. A pesar de lo que la policía pudo decirnos, ella nos contó cosas que ellos no saben, nos explicó lo verdaderamente desesperante que ha sido la situación.
-Casi violan a mi pequeña y tú la ayudaste…-secundó el padre-. Eso demuestra que eres un verdadero hombre y que tu amor por Yukiko es sincero y fuerte.
-Hicimos mal en haberte juzgado de la forma en la que lo hicimos sin conocerte y sin tener en cuenta los sentimientos de nuestra hija. Estábamos… obsesionados por lograr un buen trato comercial, tanto que olvidamos tener en cuenta lo más importante.
-Creemos que serás un buen hombre para nuestra hija-asintió el señor Amagi, dedicándole una sonrisa reconfortante.
-¿Eso significa… que podemos salir?-preguntó la morocha.
-Claro hija, no tienes ni que preguntarlo-sonrió el hombre. Los ojos de Yukiko se llenaron de lágrimas de felicidad y, al ver la sonrisa de Souji, ella se arrodilló a su lado y le echó los brazos al cuello, llorando. El joven la acurrucó suavemente con uno de sus brazos mientras que su otra mano estaba ocupada acariciando los cabellos de su nueva novia.
-Gracias… les prometo proteger a su hija de todo mal.
-Has dejado eso más que claro-rió la madre de Yukiko.
-Casi violan a mi pequeña y tú la ayudaste…-secundó el padre-. Eso demuestra que eres un verdadero hombre y que tu amor por Yukiko es sincero y fuerte.
-Hicimos mal en haberte juzgado de la forma en la que lo hicimos sin conocerte y sin tener en cuenta los sentimientos de nuestra hija. Estábamos… obsesionados por lograr un buen trato comercial, tanto que olvidamos tener en cuenta lo más importante.
-Creemos que serás un buen hombre para nuestra hija-asintió el señor Amagi, dedicándole una sonrisa reconfortante.
-¿Eso significa… que podemos salir?-preguntó la morocha.
-Claro hija, no tienes ni que preguntarlo-sonrió el hombre. Los ojos de Yukiko se llenaron de lágrimas de felicidad y, al ver la sonrisa de Souji, ella se arrodilló a su lado y le echó los brazos al cuello, llorando. El joven la acurrucó suavemente con uno de sus brazos mientras que su otra mano estaba ocupada acariciando los cabellos de su nueva novia.
-Gracias… les prometo proteger a su hija de todo mal.
-Has dejado eso más que claro-rió la madre de Yukiko.
Al rato los señores Amagi se excusaron por trabajo, le desearon a Souji una pronta mejora, le agradecieron a Nanako por el rico té y luego se marcharon, dejando solos a los dos adolescentes. Yukiko había dejado de llorar. Souji, quien permanecía sentado en la cama que Dojima se había visto obligado a comprar, con almohadones en la espalda, se movió lentamente, dejándole un lugar a la morocha para que se sentara a su lado. Ella sonrió feliz y lo hizo, apoyando su cabeza en el hombro de su novio. El muchacho sonrió también y pasó su brazo por los hombros de la chica, acurrucándola, y besó su frente con ternura.
-Estoy muy feliz-sonrió la morocha.
-También yo. Estoy… aliviado en cierto modo, no sé que hubiese hecho si no me permitieran estar contigo.
-¿De verdad?-Yukiko lo miró, sonrojada.
-Claro… en este momento… mi mayor felicidad es estar junto a ti-susurró Souji, a la vez que sus mejillas adoptaban el mismo color que el de su novia.
-También yo. Estoy… aliviado en cierto modo, no sé que hubiese hecho si no me permitieran estar contigo.
-¿De verdad?-Yukiko lo miró, sonrojada.
-Claro… en este momento… mi mayor felicidad es estar junto a ti-susurró Souji, a la vez que sus mejillas adoptaban el mismo color que el de su novia.
Se miraron fijamente a los ojos y, lentamente, la distancia entre ambos fue acortándose. Ambos cerraron los ojos y sus labios se unieron, suaves al principio. El beso fue cobrando ritmo a medida que la timidez inicial era dejada de lado, aún así fue un beso corto, dulce y respetuoso. Yukiko se recostó suavemente en el pecho de Souji, procurando no tocar sus costillas, y él permaneció allí, acariciando sus cabellos. Poco a poco el sueño fue ganando terreno y ambos terminaron durmiéndose despreocupadamente, al fin y al cabo todo había salido bien.
FIN





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