Este fanfic contiene vocabulario y contenido no apropiado para menores de 18 años, el que avisa no traiciona.
Gay, marica, homosexual… todas esas palabras estaban
presentes en la vida diaria de Lee Dong Hae. Era un sufrimiento eterno;
aquellos pensamientos negativos lo envolvían, consumiendo lentamente su
esencia, solo para dejar lugar a más tormento. Las cosas malas siempre parecían
pasarle a él, ¿y cómo no, siendo quien era? El gay, marica, homosexual… la peor
escoria de la escuela. Todo placer le estaba negado y, de hecho, tenía que
obrar incorrectamente para disfrutar de su único placer, la sonrisa de su
padre. ¿Y por qué todo eso? Por su ridículo sueño de ser un cantante, o bueno,
más bien el de su padre.
Aquel día el chico llegó a su casa solo para encontrarla tal
cual la había dejado por la mañana. Su padre estaba en la cocina, preparando la
merienda para ambos. Al escucharlo entrar, el hombre volteó a verlo sonriendo,
pero solo bastó una mirada para que esa sonrisa se transformara en una mueca de
angustia.
-¡Lee! ¿Estás bien?-dejó lo que hacía y se acercó a su hijo,
tomándolo del mentón y volteando su rostro hacia ambos lados para poder
examinar los nuevos moretones que exhibía.
-Estoy bien papá-intentó tranquilizarlo-. Nada nuevo, tan solo me caí-mentiras, más y más mentiras. Lo habían golpeado en la escuela, siempre lo hacían; disfrutaban abusando de él.
-Creo que debería hablar con tu entrenador-su padre suspiró, alejándose para continuar con lo que hacía momentos antes.
-Estoy bien papá-intentó tranquilizarlo-. Nada nuevo, tan solo me caí-mentiras, más y más mentiras. Lo habían golpeado en la escuela, siempre lo hacían; disfrutaban abusando de él.
-Creo que debería hablar con tu entrenador-su padre suspiró, alejándose para continuar con lo que hacía momentos antes.
Solo eran ellos dos en la casa. La madre de Lee los había abandonado
hace ya mucho tiempo, cuando él era tan solo un niño; había decidido dejar
atrás a su esposo e hijo para irse con otro hombre, quien, desde luego, obtenía
ganancias mucho mayores por su empleo. Desde entonces él no se había sentido
cómodo junto a otras mujeres, no tenía mucha experiencia con ellas pero las
rechazaba por naturaleza pues temía que lo lastimaran.
-No te preocupes por ello, estoy bien, de verdad… ni
siquiera sentí los golpes, me di cuenta de los moretones cuando llegué al
vestuario-mentiras, más y más mentiras…
-¿Seguro?-quiso confirmar su padre, volteando a verlo en busca de alguna flaqueza en su rostro.
-Seguro-asintió su hijo, regalándole una sonrisa.
-De acuerdo-respondió, devolviéndole una sonrisa parecida a la del menor, solo que con muchos más años cargados encima. Y entonces cayó al suelo, golpeándose la cabeza.
-¿Seguro?-quiso confirmar su padre, volteando a verlo en busca de alguna flaqueza en su rostro.
-Seguro-asintió su hijo, regalándole una sonrisa.
-De acuerdo-respondió, devolviéndole una sonrisa parecida a la del menor, solo que con muchos más años cargados encima. Y entonces cayó al suelo, golpeándose la cabeza.