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martes, 2 de octubre de 2012

It Hurts [Eunhae]


Este fanfic contiene vocabulario y contenido no apropiado para menores de 18 años, el que avisa no traiciona.

Gay, marica, homosexual… todas esas palabras estaban presentes en la vida diaria de Lee Dong Hae. Era un sufrimiento eterno; aquellos pensamientos negativos lo envolvían, consumiendo lentamente su esencia, solo para dejar lugar a más tormento. Las cosas malas siempre parecían pasarle a él, ¿y cómo no, siendo quien era? El gay, marica, homosexual… la peor escoria de la escuela. Todo placer le estaba negado y, de hecho, tenía que obrar incorrectamente para disfrutar de su único placer, la sonrisa de su padre. ¿Y por qué todo eso? Por su ridículo sueño de ser un cantante, o bueno, más bien el de su padre.

Aquel día el chico llegó a su casa solo para encontrarla tal cual la había dejado por la mañana. Su padre estaba en la cocina, preparando la merienda para ambos. Al escucharlo entrar, el hombre volteó a verlo sonriendo, pero solo bastó una mirada para que esa sonrisa se transformara en una mueca de angustia.

-¡Lee! ¿Estás bien?-dejó lo que hacía y se acercó a su hijo, tomándolo del mentón y volteando su rostro hacia ambos lados para poder examinar los nuevos moretones que exhibía.
-Estoy bien papá-intentó tranquilizarlo-. Nada nuevo, tan solo me caí-mentiras, más y más mentiras. Lo habían golpeado en la escuela, siempre lo hacían; disfrutaban abusando de él.
-Creo que debería hablar con tu entrenador-su padre suspiró, alejándose para continuar con lo que hacía momentos antes.

Solo eran ellos dos en la casa. La madre de Lee los había abandonado hace ya mucho tiempo, cuando él era tan solo un niño; había decidido dejar atrás a su esposo e hijo para irse con otro hombre, quien, desde luego, obtenía ganancias mucho mayores por su empleo. Desde entonces él no se había sentido cómodo junto a otras mujeres, no tenía mucha experiencia con ellas pero las rechazaba por naturaleza pues temía que lo lastimaran.

-No te preocupes por ello, estoy bien, de verdad… ni siquiera sentí los golpes, me di cuenta de los moretones cuando llegué al vestuario-mentiras, más y más mentiras…
-¿Seguro?-quiso confirmar su padre, volteando a verlo en busca de alguna flaqueza en su rostro.
-Seguro-asintió su hijo, regalándole una sonrisa.
-De acuerdo-respondió, devolviéndole una sonrisa parecida a la del menor, solo que con muchos más años cargados encima. Y entonces cayó al suelo, golpeándose la cabeza.