Este fanfic contiene vocabulario y contenido no apropiado para menores de 18 años, el que avisa no traiciona.
Gay, marica, homosexual… todas esas palabras estaban
presentes en la vida diaria de Lee Dong Hae. Era un sufrimiento eterno;
aquellos pensamientos negativos lo envolvían, consumiendo lentamente su
esencia, solo para dejar lugar a más tormento. Las cosas malas siempre parecían
pasarle a él, ¿y cómo no, siendo quien era? El gay, marica, homosexual… la peor
escoria de la escuela. Todo placer le estaba negado y, de hecho, tenía que
obrar incorrectamente para disfrutar de su único placer, la sonrisa de su
padre. ¿Y por qué todo eso? Por su ridículo sueño de ser un cantante, o bueno,
más bien el de su padre.
Aquel día el chico llegó a su casa solo para encontrarla tal
cual la había dejado por la mañana. Su padre estaba en la cocina, preparando la
merienda para ambos. Al escucharlo entrar, el hombre volteó a verlo sonriendo,
pero solo bastó una mirada para que esa sonrisa se transformara en una mueca de
angustia.
-¡Lee! ¿Estás bien?-dejó lo que hacía y se acercó a su hijo,
tomándolo del mentón y volteando su rostro hacia ambos lados para poder
examinar los nuevos moretones que exhibía.
-Estoy bien papá-intentó tranquilizarlo-. Nada nuevo, tan solo me caí-mentiras, más y más mentiras. Lo habían golpeado en la escuela, siempre lo hacían; disfrutaban abusando de él.
-Creo que debería hablar con tu entrenador-su padre suspiró, alejándose para continuar con lo que hacía momentos antes.
-Estoy bien papá-intentó tranquilizarlo-. Nada nuevo, tan solo me caí-mentiras, más y más mentiras. Lo habían golpeado en la escuela, siempre lo hacían; disfrutaban abusando de él.
-Creo que debería hablar con tu entrenador-su padre suspiró, alejándose para continuar con lo que hacía momentos antes.
Solo eran ellos dos en la casa. La madre de Lee los había abandonado
hace ya mucho tiempo, cuando él era tan solo un niño; había decidido dejar
atrás a su esposo e hijo para irse con otro hombre, quien, desde luego, obtenía
ganancias mucho mayores por su empleo. Desde entonces él no se había sentido
cómodo junto a otras mujeres, no tenía mucha experiencia con ellas pero las
rechazaba por naturaleza pues temía que lo lastimaran.
-No te preocupes por ello, estoy bien, de verdad… ni
siquiera sentí los golpes, me di cuenta de los moretones cuando llegué al
vestuario-mentiras, más y más mentiras…
-¿Seguro?-quiso confirmar su padre, volteando a verlo en busca de alguna flaqueza en su rostro.
-Seguro-asintió su hijo, regalándole una sonrisa.
-De acuerdo-respondió, devolviéndole una sonrisa parecida a la del menor, solo que con muchos más años cargados encima. Y entonces cayó al suelo, golpeándose la cabeza.
-¿Seguro?-quiso confirmar su padre, volteando a verlo en busca de alguna flaqueza en su rostro.
-Seguro-asintió su hijo, regalándole una sonrisa.
-De acuerdo-respondió, devolviéndole una sonrisa parecida a la del menor, solo que con muchos más años cargados encima. Y entonces cayó al suelo, golpeándose la cabeza.
Las siguientes horas fueron las peores de su vida. Apenas
podía respirar, sentía que el aire no le llegaba a los pulmones, pero de alguna
forma logró hacerse con el teléfono y
llamar a una ambulancia, la cual llegó a los pocos minutos. Su padre
apenas respiraba, y el ligero sonido de su respiración se le antojaba de pronto
pesado, llegando a ser el único sonido que podía escuchar. Aquellos desconocidos
se gritaban entre sí mientras subían a su padre al transporte en una camilla.
Una mujer rubia, relativamente joven, se acercó a él y lo sacudió, pero, al ver
que no respondía, simplemente lo empujó para que entrara en la ambulancia
también.
Todo transcurría en cámara lenta para él, sin poder
centrarse en nada, como si se tratase de una película muda. Los médicos
luchaban por que su padre volviese a respirar sin éxito alguno. Cerraron las
puertas traseras y el vehículo partió a toda velocidad. Se escuchaba de fondo
el pitido de la sirena, pero era un sonido lejano, distante. Miró a su padre,
la tela manchada de sangre con la que un hombre intentaba contener la
hemorragia, aquellos ojos que comenzaban a apagarse.
Una mano en el hombro lo hizo sobresaltarse. No sabía cuánto
tiempo llevaba allí sentado, apenas era consciente de lo que hacía. Levantó su
mirada y se cruzó con la desconocida mirada de un extraño. Al ver que
reaccionaba, el chico le sonrió levemente.
-¿Estás bien?-preguntó-. No te había visto antes por aquí.
-Mi padre sufrió un colapso…-negó, clavando la mirada en el suelo. De pronto todas las imágenes de la última hora se agolparon en su cabeza. Él se la sujetó con fuerza, jalándose de los cabellos. Un desgarrador grito brotó de lo profundo de su garganta.
-H-hey…-las pocas personas que habían allí voltearon a verlos de mala manera, aún así el desconocido les devolvió la mirada, aún más cargada y volvió a centrarse en aquel joven cuyo nombre aún desconocía-. ¡Tranquilo!-exclamó, tomándolo de las muñecas, inmovilizándolo. Lee luchó por soltarse, estaba furioso, todo lo que quería era descargar su rabia-. ¡No lograrás nada poniéndote así!-aquel grito pareció hacerlo reaccionar, pues el castaño dejó de pelear y levantó la mirada, desesperado; las lágrimas se agolpaban en sus ojos, buscando salir. Al ver aquel rostro tan inocente, tan dulce y triste, lleno de moretones, sintió un vuelco en el estómago.
-Murió… no pudieron hacer nada…-dijo Lee, rompiendo en llanto. Se habían quedado solos en la pequeña capilla. Miró aquel desconocido sin llegar a entender qué era lo que estaba haciendo allí ni por qué se preocupaba por él, hasta que ya no pudo resistirlo más y se cubrió el rostro con las manos, refregándose los ojos que le ardían por las lágrimas en ellos. El rubio lo miró apenado, sintiéndose mal por aquél chico, probablemente de su misma edad, y, sin más, lo abrazó, atrayéndolo hacia sí y acurrucándolo contra su pecho. Lee sintió aquella calidez rodeándolo y, sin importar que fuese un desconocido, se acurrucó contra él, entregándose a aquel calor, que en ese momento era todo a lo que podía aferrarse.
-Mi padre sufrió un colapso…-negó, clavando la mirada en el suelo. De pronto todas las imágenes de la última hora se agolparon en su cabeza. Él se la sujetó con fuerza, jalándose de los cabellos. Un desgarrador grito brotó de lo profundo de su garganta.
-H-hey…-las pocas personas que habían allí voltearon a verlos de mala manera, aún así el desconocido les devolvió la mirada, aún más cargada y volvió a centrarse en aquel joven cuyo nombre aún desconocía-. ¡Tranquilo!-exclamó, tomándolo de las muñecas, inmovilizándolo. Lee luchó por soltarse, estaba furioso, todo lo que quería era descargar su rabia-. ¡No lograrás nada poniéndote así!-aquel grito pareció hacerlo reaccionar, pues el castaño dejó de pelear y levantó la mirada, desesperado; las lágrimas se agolpaban en sus ojos, buscando salir. Al ver aquel rostro tan inocente, tan dulce y triste, lleno de moretones, sintió un vuelco en el estómago.
-Murió… no pudieron hacer nada…-dijo Lee, rompiendo en llanto. Se habían quedado solos en la pequeña capilla. Miró aquel desconocido sin llegar a entender qué era lo que estaba haciendo allí ni por qué se preocupaba por él, hasta que ya no pudo resistirlo más y se cubrió el rostro con las manos, refregándose los ojos que le ardían por las lágrimas en ellos. El rubio lo miró apenado, sintiéndose mal por aquél chico, probablemente de su misma edad, y, sin más, lo abrazó, atrayéndolo hacia sí y acurrucándolo contra su pecho. Lee sintió aquella calidez rodeándolo y, sin importar que fuese un desconocido, se acurrucó contra él, entregándose a aquel calor, que en ese momento era todo a lo que podía aferrarse.
Se quedaron hasta altas horas juntos en aquel lugar, y
cuando el chico intentó acompañarlo hasta su casa, él se negó pues no quería
darla más problemas, aunque éste insistió en pagarle el taxi, cosa que
finalmente terminó por acceder. Lee lo contempló con la mirada perdida mientras
el auto comenzaba a andar, hasta que finalmente su figura se perdió en la
noche.
Se dedicó a deambular por los pasillos sin querer entrar a
clases. No sabía qué hacía allí, lo único de lo que era consciente era que
estar en su casa le producía mucho dolor. No sabía qué hacer, estaba solo y
perdido. Las cuentas pronto llegarían y no tendría dinero para pagarlas,
tendría que buscar un empleo, vender parte de sus cosas, mudarse y, quizás,
dejar de estudiar… pero, por el momento, la escuela era su refugio.
Un doloroso golpe lo hizo estrellarse contra las taquillas y
pronto se vio rodeado por cuatro chicos, quienes se acercaron poco a poco a él
en actitud amenazante. Lee los miró; era en grupo encabezado por Han Sun Hyok,
la pandilla de chicos que se encargaba de hacer su vida miserable.
-¿Así que escapándote de clase?-preguntó, con una burlona
mueca en sus labios-. No me extraña de una infeliz rata como tú-rió, al igual
que sus tres acompañantes. Lee lo miró a los ojos por unos momentos, negó
lentamente con la cabeza y, sin previo aviso, se lanzó sobre Han, dándole un
fuerte golpe en la quijada. El chico jamás había dado muestras de agresividad hacia
sus compañeros, siempre se había contentado con recibir e intentar salir lo
mejor parado posible, sin embargo lo habían agarrado en un momento poco
indicado, un momento en el que todo lo que buscaba era algo que lo arrancara de
aquella irrealidad en la que se encontraba.
-¡Hey, hey!-exclamaron Joo Yong y Hyun Bin Hyo, dos de los chicos, separándolo de Han a la vez que lo sujetaban de los brazos con fuerza, echándolo hacia atrás. Han se puso de pie, limpiándose el rastro de sangre que brotaba de la comisura de los labios. Su rostro serio y lleno de enojo se transformó nuevamente en una sonrisa.
-¡Hey, hey!-exclamaron Joo Yong y Hyun Bin Hyo, dos de los chicos, separándolo de Han a la vez que lo sujetaban de los brazos con fuerza, echándolo hacia atrás. Han se puso de pie, limpiándose el rastro de sangre que brotaba de la comisura de los labios. Su rostro serio y lleno de enojo se transformó nuevamente en una sonrisa.
-Ahora sí que te la has buscado-dijo, golpeando con fuerza a Dong Hae en el
estómago. Rió viendo la expresión de dolor en el rostro del chico y luego
dirigió su atención a sus seguidores-. Tenemos el primer período libre,
llévenlo a la clase.
Lo arrastraron hacia el aula en el que todos sus compañeros
se encontraban ya y lo lanzaron con fuerza hacia el centro. Lee cayó contra unas
mesas antes de caer al piso. Sin perder tiempo se puso de pie… pero ya era
demasiado tarde. Han Sun Hyok se acercó a él, mirándolo con una divertida
expresión en su rostro. Todos en el salón centraron su atención en ellos dos,
pero Lee sabía que nadie lo ayudaría; todos temían a Han Sun Hyok y, por ende,
lo obedecían, nadie se atrevía a ir en su contra, él había cruzado esa línea y
lo sabía, iba a pagarlo caro.
-Este pobre miserable se atrevió a poner sus manos sobre
mí-habló, con tono de voz lento y pausado, las exclamaciones de sorpresa no se
hicieron esperar, como si aquello hubiese sido una aberración-. Hay que hacerlo
pagar, y solo se me ocurre una forma de que aprenda la lección de una vez por
todas… una lección especial para maricas como él.
Unas cuantas risas se escucharon como fondo cuando Han
acortó la poca distancia que los separaba y su puño golpeó con fuerza la
mejilla de su víctima. Lee se curvó hacia atrás, apretando los ojos de dolor al
sentir la mesa clavándose contra su espalda, aunque unas firmes manos le
impidieron caer al suelo, manteniéndolo apegado contra la madera. Las manos de
Han se abrieron paso por el centro de su camisa y jalaron hacia ambos lados,
haciendo que los botones volaran en varias direcciones.
Dong Hae se tensó completamente al percatarse para qué lado
iban las cosas. Comenzó a removerse, asustado, desesperado. Estaba acostumbrado
a que lo golpearan, a que lo obligaran a hacer recados y a que lo molestaran
constantemente, pero jamás habían ido tan lejos. Solo le bastó con ver al depredador
a los ojos para saber que iba enserio. Han abrió los botones de su pantalón uno
por uno, lentamente, disfrutando del momento, de ver al castaño temblando ante
su poder.
-¡Por favor!-suplicó Lee-. ¡No me hagan esto!
-¿Hm?-rió Han. Su cabello largo y negro le cubrió el rostro por unos instantes pero se lo echó hacia atrás, riendo-. ¿Hacerte esto? ¡Pero si esto es algo que tú mismo te has hecho!
-Te lo suplico…
-¡Me lo suplica!-exclamó el morocho, volteando a ver al resto de los alumnos-. ¿Qué dicen ustedes? ¿Hacemos caso a las súplicas del pobre muchacho?-de pronto los murmullos se apagaron y la habitación quedó en completo silencio.
-¡Castigo!-gritó de pronto una de las chicas.
-¡Castigo!-la secundó otra. De pronto todos estaban animando a Han a que continuara-. ¡Castigo! ¡Castigo! ¡Castigo!
-El pueblo ha hablado-rió Han, volviendo a centrar su atención en el castaño.
-P-por favor…
-¡Por favor, alguien cállenlo!-Joo Yong dio un paso adelante y tomó a Dong Hae del cabello, sujetándolo con firmeza. El menor se removió al ver que el cierre de su pantalón estaba bajo, pero fue demasiado tarde, todo era en vano. El muchacho sacó su miembro y lo presionó con fuerza contra los labios del castaño, quien negó, apretándolos con fuerza y cerrando los ojos en un intento de contener las lágrimas. De pronto una mano grande y fuerte se cerró en torno a su cuello, comenzando a estrangularlo; el aire dejó de llegar a sus pulmones y éstos comenzaron a arderle, reclamándole oxígeno. Abrió la boca, desesperado, pero apenas pudo respirar antes de que el enorme miembro lo invadiera. Joo Yong le sonrió a su amigo, quien dejó de ahorcarlo, y comenzó a marcar el ritmo, moviendo hacia delante y hacia atrás la cabeza del chico. Las lágrimas se desbordaron de sus ojos y rodaron por sus mejillas, sin que él pudiera hacer nada para evitar semejante humillación.
-¿Hm?-rió Han. Su cabello largo y negro le cubrió el rostro por unos instantes pero se lo echó hacia atrás, riendo-. ¿Hacerte esto? ¡Pero si esto es algo que tú mismo te has hecho!
-Te lo suplico…
-¡Me lo suplica!-exclamó el morocho, volteando a ver al resto de los alumnos-. ¿Qué dicen ustedes? ¿Hacemos caso a las súplicas del pobre muchacho?-de pronto los murmullos se apagaron y la habitación quedó en completo silencio.
-¡Castigo!-gritó de pronto una de las chicas.
-¡Castigo!-la secundó otra. De pronto todos estaban animando a Han a que continuara-. ¡Castigo! ¡Castigo! ¡Castigo!
-El pueblo ha hablado-rió Han, volviendo a centrar su atención en el castaño.
-P-por favor…
-¡Por favor, alguien cállenlo!-Joo Yong dio un paso adelante y tomó a Dong Hae del cabello, sujetándolo con firmeza. El menor se removió al ver que el cierre de su pantalón estaba bajo, pero fue demasiado tarde, todo era en vano. El muchacho sacó su miembro y lo presionó con fuerza contra los labios del castaño, quien negó, apretándolos con fuerza y cerrando los ojos en un intento de contener las lágrimas. De pronto una mano grande y fuerte se cerró en torno a su cuello, comenzando a estrangularlo; el aire dejó de llegar a sus pulmones y éstos comenzaron a arderle, reclamándole oxígeno. Abrió la boca, desesperado, pero apenas pudo respirar antes de que el enorme miembro lo invadiera. Joo Yong le sonrió a su amigo, quien dejó de ahorcarlo, y comenzó a marcar el ritmo, moviendo hacia delante y hacia atrás la cabeza del chico. Las lágrimas se desbordaron de sus ojos y rodaron por sus mejillas, sin que él pudiera hacer nada para evitar semejante humillación.
El verlo llorar no hizo más que potenciar a los demás,
quienes comenzaron a aplaudir mientras reían y bromeaban. Lee se vio rodeado
por varios miembros más, quienes también esperaban su turno mientras se ponían
más y más duros a manos de sus dueños. Cerró los ojos nuevamente, aterrado por
la visión, dejando que hicieran lo que querían con él por miedo a que la
situación empeorara. Entre dos personas lograron quitarle el pantalón, por más
que puso todo su esfuerzo en patalear, y bajarle la ropa interior, dejando su
duro miembro a la vista.
-Vaya, al fin y al cabo parece que te gusta, ¿eh?-se burló
Han. Lee intentó separarse para protestar pero en ese momento un líquido
caliente y de horrible sabor llenó toda su boca, atragantándolo. Joo Yong no lo
dejó separarse por más que su urgencia por aire aumentaba y se vio obligado a
tragar; recién entonces lo dejó libre, aunque si pensaba que le dejarían tiempo
para respirar, no podía estar más equivocado, pues fue Hyun quien ocupó el
lugar se su amigo en esta ocasión.
Han colocó una silla frente a Dong Hae y se sentó en ella,
contento de poder disfrutar un espectáculo semejante. Uno de los presentes
atrapó el miembro de la víctima en sus manos y comenzó a masturbarlo. La
respiración del chico era agitada, su rostro estaba rojo y, por más que no lo
quisiera, su rostro se contraía de placer. El resto de los alumnos simplemente
se contentaba con mirar y grabar con sus celulares el video que después se
encargarían de distribuir, para que todos vieran la vergüenza de Dong Hae.
-Escupan en su boca-ordenó Han, y su orden no tardó en
acatarse, aumentando más el tamaño de su sonrisa. Así eran las cosas, él era el
rey y Dong Hae su bufón, su trabajo era entretenerlo… y vaya que lo estaba
logrando. Pasó un par de minutos allí sentado, observando cómo sus amigos se
divertían corrompiendo aquel cuerpo virgen. Se sorprendió de pronto al pensar
en esa palabra, virgen. Aquel simple concepto resonó en su mente, desplazando
todo lo demás. Se puso de pie y miró a los chicos. Para ese entonces, el
castaño había tenido que satisfacer las necesidades de otras cuatro personas,
estaba agotado y su miembro, completamente duro, le palpitaba. Le habían
colocado una bandita que le impedía correrse solo para hacerlo sufrir un
poquito más, cosa que se veía reflejada en su rostro-. Prepárenlo-dijo
entonces.
Joo Yong y Hyun Bin Hyo tomaron al chico de los brazos con
fuerza y, antes de darle tiempo a reaccionar, lo voltearon. Han Sun Hyok rió al
ver que, recién entonces, el castaño se entendía a qué se refería con “preparar”.
Se acercó a él relamiéndose los labios y recorrió la línea central de sus
nalgas con un largo y frío dedo. Dong Hae se estremeció y, sin poder resistir
más, se quebró, sus silenciosas lágrimas dieron lugar a nuevas súplicas y a los
típicos ruidos que uno hace al llorar. Desde luego, aquello solo logró excitar
aún más al morocho. Hace rato que su miembro estaba duro, lo había estado
acariciando pero no había querido correrse. Había hecho bien. Lentamente su
dedo comenzó a deslizarse hacia arriba con la diferencia de que, en este caso,
se detuvo justo sobre la pequeña entrada del chico. Al sentir que Han Sun Hyok
comenzaba a hacer presión con su dedo, Lee gritó desesperado, aunque sabía que
era en vano pues nadie vendría en su ayuda, las únicas aulas cercanas a las
suyas estaban vacías en este momento y ningún profesor circulaba por los
pasillos en horario de clase.
-Aquí vamos.
La puerta del aula se abrió y todos se quedaron paralizados,
en sus respectivos lugares. Un chico rubio ingresó al salón.
-¿Es este el salón 4-A?-preguntó, antes de caer en cuenta de
la situación que tenía frente a sus ojos. La mitad de los chicos estaban
semidesnudos, masturbándose, mientras los demás grababan con sus celulares. Un
chico de cabello oscuro, por debajo de los hombros, estaba de espaldas a él,
prácticamente mostrándole el trasero, inclinado levemente sobre alguien. El chico,
aparentemente el líder o algo así, se apoyó sobre la persona recostada sobre la
mesa para voltear a verlo. Un pequeño sollozo rompió el silencio en aquella
habitación.
-Su nombre es Lee Hyuk Jae, es un nuevo estudiante, al
parecer transferido a esta escuela por problemas disciplinarios-informó uno de
los presentes, situado a la derecha del morocho. Sus palabras sonaron como si
se trataran de un ruido de fondo. Los ojos del rubio estaban ahora centrados en
la pequeña figura que se retorcía sobre la mesa.
-¿Dong Hae?-susurró. El castaño se incorporó un poco al
escuchar su nombre y lo miró por encima de su hombro antes de que su abusador
golpeara su rostro contra la mesa, provocando que otro doloroso gemido brotara
de sus labios. El rostro del chico que había visto en el hospital hace tan solo
unos días llenó la cabeza de Hyuk, aquel rostro tan dulce pero tan lastimado,
tan lleno de dolor, tan carente de esperanza…
Antes de darse cuenta de lo que hacía, el rubio se abalanzó
sobre el morocho y, jalándolo del cabello, lo lanzó hacia atrás, provocando que
se estrellara contra unos escritorios. Dos chicos intentaron agarrarlo a la vez
pero fue demasiado rápido para ellos. En cuestión de segundos, tan solo las
chicas y unos cuantos débiles quedaban intactos; ahora que habían perdido a su
líder no tenían a nadie que los protegiera por haber obrado mal.
-Ustedes…-dijo el rubio en un tono cargado de seriedad y
desafío-. Si llego a escuchar una palabra de esto, un rumor o tan solo un
mínimo comentario acerca de lo que le han hecho a Dong Hae, lo lamentarán el
resto de sus vidas, así que más les vale borrar ese estúpido video, nada ha
pasado aquí… ¿entendido?
-S-sí-asintieron ellos, contemplando la escena en silencio. El recién llegado se acercó al castaño y lo ayudó a voltearse. El pobre estaba temblando de pies a cabeza y sus ojos no mostraban más que un profundo temor.
-¿Llegaron a…?
-No-negó Lee, antes de lanzarse a los brazos del rubio, quien lo acogió con sumo cariño, mientras se echaba a llorar, aferrándose a su ropa con desesperación-. Tenía tanto miedo…
-Tranquilo-susurró el rubio, en un intento de relajarlo, mientras acariciaba su cabello con una mano-. Vamos, salgamos de aquí… ¿necesitas que te ayude?
-S-sí-asintieron ellos, contemplando la escena en silencio. El recién llegado se acercó al castaño y lo ayudó a voltearse. El pobre estaba temblando de pies a cabeza y sus ojos no mostraban más que un profundo temor.
-¿Llegaron a…?
-No-negó Lee, antes de lanzarse a los brazos del rubio, quien lo acogió con sumo cariño, mientras se echaba a llorar, aferrándose a su ropa con desesperación-. Tenía tanto miedo…
-Tranquilo-susurró el rubio, en un intento de relajarlo, mientras acariciaba su cabello con una mano-. Vamos, salgamos de aquí… ¿necesitas que te ayude?
El chico rechazó su ayuda una vez más y se vistió solo, con
manos torpes y sin dejar de temblar pero solo. Aún así eso no impidió que Hyuk
le colocara el saco de su uniforme encima, cerrándolo para que la camisa
destrozada no quedara a la vista. Tomándolo del brazo, comenzó a guiarlo hacia
la salida. Dong Hae simplemente siguió sus pasos sin levantar la mirada del
suelo. Hyuk lo llevó hasta su auto, en donde lo hizo sentarse. Sabía que
tendría problemas por lo que había hecho pero en ese momento nada le importaba
más que el sacar al castaño de ese lugar.
-Vamos a mi casa…-dijo entonces, rompiendo el silencio.
El agua tibia lo relajó, por lo que se hundió lentamente en
la amplia tina. Había superado el shock inicial pero, ahora que podía pensar,
no podía sentir otra cosa que asco de sí mismo. Había estado sumamente cerca de
ser violado y él, en cierta forma, lo había permitido al no luchar lo
suficiente. ¿Qué habría sido de él de no haber sido por su nuevo amigo? Ya era
la segunda vez que lo ayudaba. Lee siempre se había aguantado todo el peso que
había caído sobre él, lo había resistido y había seguido adelante con una
sonrisa, todo por su padre. Pero ahora que él no estaba no había nadie que se
preocupara por él, nadie por quién mentir. Ya no tenía ganas de seguir
peleando, no tenía nada por lo que luchar.
-¿Estás mejor?-la voz de Hyuk sonó aún más fuerte por las
baldosas del baño. El rubio entró al baño como si nada, mirándolo preocupado.
-Sí… gracias por sacarme de ahí-respondió el castaño, regalándole una desganada sonrisa.
-¿Pero?
-Me siento sucio…-explicó el chico-. Quiero decir… yo…-suspiró. Los ojos comenzaron a arderle nuevamente, sabía que se quebraría otra vez pero no quería hacerlo frente a él, quien se había peleado con la mitad del salón por su seguridad-. Y-yo…
-No fue tu culpa…-la cálida mano del rubio recorrió su mejilla, reconfortándolo-. No volverá a pasar, yo te protegeré.
-¿Por qué?
-Porque soy tu ángel guardián-respondió sin siquiera dudarlo. Aquello provocó que una pequeña risa brotara de los labios de Dong Hae.
-¿Ángel guardián?-inquirió.
-Exacto-asintió, dándole una sonrisa-. Soy quien borrará toda la oscuridad de tu pasado y te traerá luz y felicidad. Yo voy a protegerte.
-No tengo a dónde ir… no tengo nada que darte…
-Sería feliz si te quedaras a mi lado.
-¿Por qué?
-Ya te dije, porque soy tu ángel guardián-¿Qué otra cosa iba a decirle, que era él el ángel, que se había enamorado de su rostro aquella vez en el hospital? No podía decirle algo así. Apenas y se conocían, tendría que ir de a poco. A pesar de todo, al ver que la sonrisa del chico crecía aún más ante sus palabras, supo que no todo estaba perdido.
-Sí… gracias por sacarme de ahí-respondió el castaño, regalándole una desganada sonrisa.
-¿Pero?
-Me siento sucio…-explicó el chico-. Quiero decir… yo…-suspiró. Los ojos comenzaron a arderle nuevamente, sabía que se quebraría otra vez pero no quería hacerlo frente a él, quien se había peleado con la mitad del salón por su seguridad-. Y-yo…
-No fue tu culpa…-la cálida mano del rubio recorrió su mejilla, reconfortándolo-. No volverá a pasar, yo te protegeré.
-¿Por qué?
-Porque soy tu ángel guardián-respondió sin siquiera dudarlo. Aquello provocó que una pequeña risa brotara de los labios de Dong Hae.
-¿Ángel guardián?-inquirió.
-Exacto-asintió, dándole una sonrisa-. Soy quien borrará toda la oscuridad de tu pasado y te traerá luz y felicidad. Yo voy a protegerte.
-No tengo a dónde ir… no tengo nada que darte…
-Sería feliz si te quedaras a mi lado.
-¿Por qué?
-Ya te dije, porque soy tu ángel guardián-¿Qué otra cosa iba a decirle, que era él el ángel, que se había enamorado de su rostro aquella vez en el hospital? No podía decirle algo así. Apenas y se conocían, tendría que ir de a poco. A pesar de todo, al ver que la sonrisa del chico crecía aún más ante sus palabras, supo que no todo estaba perdido.
-Lo lograremos…
-No soy tan bueno como tú…
-Claro que sí-susurró Hyuk, acariciando el cabello del castaño, quien permanecía acurrucado contra él, reposando la cabeza contra su pecho-. Hemos entrenado duro para esto.
-Las audiciones son muy estrictas…-dijo Hae, volteando a verlo haciendo pucheros.
-Demos lo mejor de nosotros, y si no lo logramos… volveremos a intentarlo el año siguiente… y el siguiente… hasta que lo logremos-se inclinó y besó su frente. El menor sonrió y volvió a acurrucarse contra él.
-No soy tan bueno como tú…
-Claro que sí-susurró Hyuk, acariciando el cabello del castaño, quien permanecía acurrucado contra él, reposando la cabeza contra su pecho-. Hemos entrenado duro para esto.
-Las audiciones son muy estrictas…-dijo Hae, volteando a verlo haciendo pucheros.
-Demos lo mejor de nosotros, y si no lo logramos… volveremos a intentarlo el año siguiente… y el siguiente… hasta que lo logremos-se inclinó y besó su frente. El menor sonrió y volvió a acurrucarse contra él.
Las cosas habían cambiado mucho en el último tiempo. Tras un
par de semanas, Dong Hae había accedido a mudarse con el rubio, desde entonces
no había día en el que no estuvieran juntos. En algún momento del trayecto su
simple amistad había pasado a ser algo más, primero había sido un beso… luego
una caricia… y finalmente algo más. Ahora llevaban meses viviendo juntos.
Ninguno de los dos había regresado a la escuela y no se molestaban en hablar lo
sucedido; había quedado enterrado en el pasado. En lugar de ello, ambos tenían
una nueva meta. Hyuk había quedado verdaderamente sorprendido al enterarse de
que uno de los sueños de Dong Hae era convertirse en cantante, al igual que él;
desde entonces habían estado yendo a clases de baile y canto, ambos eran increíbles.
Después de todo lo que Dong Hae había pasado, no le venía
mal un poco de felicidad en su vida, no le hacía mal soñar, mirar hacia
adelante. No tardó en descubrir que Hyuk Jae era todo lo que necesitaba en ese
momento. Él lo hacía feliz, le había mostrado una vida que hasta el momento, él
jamás habría imaginado que existía. Ahora, a tan solo unos días de la audición
de SM Entertainment, tenía la confianza suficiente como para sentir que lo
lograría. Y todo gracias a que ese rubio había llegado a su vida. ¿Qué sería de
él si no lo hubiese conocido aquél día en el hospital? Al darse cuenta de que poco a poco sus ideas
comenzaban a oscurecerse, alejó aquellos pensamientos de su cabeza. Como
siempre, su ángel guardián estaba allí para ayudarlo.
-Ya verás, algún día estaremos bailando en el mismo grupo,
yo seré uno de los raperos principales… y entonces mi nombre artístico será
Eunhyuk. No quiero que me confundan con un comediante-dijo el mayor, decidido.
Aquel comentario hizo reír al castaño.
-Tú eres un comediante-respondió entre risas.
-No me digas eso…-le reprochó, incorporándose de pronto, con su pequeño niño en brazos. Lo miró haciendo pucheros, aunque Lee sabía que las verdaderas intensiones de su pareja eran totalmente distintas-. Me harás sentir mal, ahora tienes que reconfortarme-exigió, desviando ligeramente la mirada y entreabriendo los labios en una expresión única que era solo para él. Las mejillas del castaño adquirieron un tono rojizo mientras el otro acortaba la poca distancia entre ambos, uniendo sus labios. Hae respondió al beso con ganas, él también quería. Los labios de su querido Eunhyuk eran los más dulces y suaves que jamás había probado y probaría… y sino… ¿qué importaba? Era suyo y de nadie más.
-Tenemos que dormir, mañana tenemos que ir a clase…-balbuceó el menor.
-Hum… un ratito más-pidió el rubio sin cortar el beso. Lentamente introduzco una de sus manos bajo la remera de su novio, acariciando aquella piel que tanto le gustaba mientras que la otra presionaba la nuca del chico para profundizar el beso. Sus lenguas se entrelazaron una y otra vez, luchando por hacerse con el control y disfrutando del sabor del otro. No llegarían muy lejos y lo sabían, pero aún así eso no les impedía disfrutar un poco más del otro.
-Tú eres un comediante-respondió entre risas.
-No me digas eso…-le reprochó, incorporándose de pronto, con su pequeño niño en brazos. Lo miró haciendo pucheros, aunque Lee sabía que las verdaderas intensiones de su pareja eran totalmente distintas-. Me harás sentir mal, ahora tienes que reconfortarme-exigió, desviando ligeramente la mirada y entreabriendo los labios en una expresión única que era solo para él. Las mejillas del castaño adquirieron un tono rojizo mientras el otro acortaba la poca distancia entre ambos, uniendo sus labios. Hae respondió al beso con ganas, él también quería. Los labios de su querido Eunhyuk eran los más dulces y suaves que jamás había probado y probaría… y sino… ¿qué importaba? Era suyo y de nadie más.
-Tenemos que dormir, mañana tenemos que ir a clase…-balbuceó el menor.
-Hum… un ratito más-pidió el rubio sin cortar el beso. Lentamente introduzco una de sus manos bajo la remera de su novio, acariciando aquella piel que tanto le gustaba mientras que la otra presionaba la nuca del chico para profundizar el beso. Sus lenguas se entrelazaron una y otra vez, luchando por hacerse con el control y disfrutando del sabor del otro. No llegarían muy lejos y lo sabían, pero aún así eso no les impedía disfrutar un poco más del otro.
Dolía. Sí, a Lee Dong Hae le dolía… pero era un dolor
totalmente diferente al que había experimentado tiempo atrás. Él ya no sufría,
no era una víctima; en lugar de sentir un vacío quería más y más, no quería que
jamás acabara. Era feliz con Hyuk, pero aquello también conllevaba un dolor, el
dolor que cada persona siente cuando el sentimiento es tan fuerte que ya no
puede describir con palabras y que está tan desesperada de demostrar cuando es
indemostrable. Ese tipo de dolor era el que sentía, siempre acompañado de placer,
pero lo más importante es que era feliz, sobre todo porque era consciente de
que en lo respectivo a su historia, esto era tan solo el comienzo.
FIN



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