La música del boliche le impedía escuchar cualquier otro
sonido. No era su primera vez en aquel lugar; no es que fuera de sus favoritos,
además no sería bueno que alguien tan importante como él, Niou Masaharu,
presidente de la compañía de abogados Trickster, una de las mejores de la
ciudad, fuese visto en un lugar como aquel. Desde luego que Yukimura Seiichi,
su actual pareja, no sabía que estaba en este lugar, según lo que le había
dicho, esa noche tenía una reunión muy importante, así que sabía que no lo
molestaría.
Hace tiempo que no se veía con ninguno de sus otros
compañeros. Al ingresar a la universidad cada uno había seguido su propio
camino y, por más que en un comienzo se veían casi a diario, las
responsabilidades fueron ganando importancia en sus vidas y comenzaron a
distanciarse lentamente, después de todo, ya no eran niños. Una leve sonrisa
apareció en sus labios al pensar en ellos. ¿Qué podía decir? Los extrañaba.
Una atractiva mujer de largo cabello negro se sentó a su
lado en una clara insinuación, mostrándole abiertamente su escote. Niou
simplemente volvió a mirar su vaso de whiskey con expresión aburrida. ¿Qué
hacía en ese lugar? ¿Acaso buscaba ponerse ebrio? No, no era eso, él era más
que consciente de que podía beber por horas sin llegar a estarlo. ¿Escapar de
las responsabilidades que la paternidad traía? Yukimura y él habían comenzado a
sentirse un poco solos tras un par de años de vivir juntos, por ello habían
decidido adoptar a Nami, una pequeña niña que actualmente tenía cinco años;
Masaharu amaba a la niña y disfrutaba pasar tiempo con ella y enseñarle cómo
jugar al tenis, pero con la cantidad de energía que tienen los niños, el
trabajo a veces resultaba agotador. Pero no, tampoco era ello. ¿Entonces qué?
-¡Hey, tú!-exclamó una voz desagradablemente conocida a sus
espaldas. El peli plateado volteó para encontrarse con el mismísimo Atobe
Keigo, actual director de la escuela Hyotei-. Vaya, vaya, vaya-dijo, con voz
canturrona-. Pero qué tenemos aquí.
-Tiempo sin verte, Atobe-asintió Niou a modo de saludo.
-Es toda una sorpresa encontrarse con el presidente de Trickster en éste lugar-el chico se sentó a su lado ignorando el gesto de irritación del aludido. El barman se le acercó y Atobe pidió “lo de siempre”.
-¿Vienes mucho por aquí?-inquirió Masaharu, mirándolo con una ceja levantada.
-Bueno, es bastante divertido para lo que cobran, el precio es bueno.
-¿Divertido?-el abogado miró por encima de su hombro hacia la pista de baile. Allí, adolescentes y hombres y mujeres más jóvenes que ellos se divertían bailando en la pista al ritmo de la alocada música que pasaba el dj. Le costaba imaginar aquello como algo a lo que Atobe podría referirse como “diversión”. Su acompañante volteó, siguiendo la mirada del ex miembro de la Rikkai Dai hasta la pista, y bufó al ver a dónde se dirigía.
-No me refiero a eso.
-¿Entonces?-preguntó Niou, ahora verdaderamente curioso. Atobe clavó sus ojos en los suyos, su expresión era divertida pero burlona a la vez.
-¿De verdad no lo sabes?
-¿Qué cosa?-comenzaba a irritarse. El adinerado hombre frente a él se inclinó lentamente hasta quedar a la altura de su oído.
-Ven conmigo-susurró, causándole escalofríos a Niou-. Tengo algo mucho mejor que el whiskey para ti.
-Tiempo sin verte, Atobe-asintió Niou a modo de saludo.
-Es toda una sorpresa encontrarse con el presidente de Trickster en éste lugar-el chico se sentó a su lado ignorando el gesto de irritación del aludido. El barman se le acercó y Atobe pidió “lo de siempre”.
-¿Vienes mucho por aquí?-inquirió Masaharu, mirándolo con una ceja levantada.
-Bueno, es bastante divertido para lo que cobran, el precio es bueno.
-¿Divertido?-el abogado miró por encima de su hombro hacia la pista de baile. Allí, adolescentes y hombres y mujeres más jóvenes que ellos se divertían bailando en la pista al ritmo de la alocada música que pasaba el dj. Le costaba imaginar aquello como algo a lo que Atobe podría referirse como “diversión”. Su acompañante volteó, siguiendo la mirada del ex miembro de la Rikkai Dai hasta la pista, y bufó al ver a dónde se dirigía.
-No me refiero a eso.
-¿Entonces?-preguntó Niou, ahora verdaderamente curioso. Atobe clavó sus ojos en los suyos, su expresión era divertida pero burlona a la vez.
-¿De verdad no lo sabes?
-¿Qué cosa?-comenzaba a irritarse. El adinerado hombre frente a él se inclinó lentamente hasta quedar a la altura de su oído.
-Ven conmigo-susurró, causándole escalofríos a Niou-. Tengo algo mucho mejor que el whiskey para ti.
Slave 4 U
La parte de arriba del lugar era totalmente diferente a la
de abajo. Apenas subieron, dos hombres se plantaron frente a ellos pero, al
reconocer a Atobe, no tardaron en apartarse. La música ya no era la misma y el
material del que estaban hechas las paredes atenuaba el sonido, haciéndolo parecer
lejano y distante. Había otras peculiaridades en aquel lugar, como por ejemplo
el aroma. Niou no podía describirlo con palabras, pero era embriagante y te
hacía desear ir por más. Quizás fue esa la razón por la que, a pesar de que su
cerebro le decía que mandara al diablo a su acompañante y que se fuera, siguió
adelante.
-Señor Atobe-dijo una voz femenina. El pasillo se había
abierto de pronto en una recepción y detrás del mostrador una mujer bastante más desarrollada
que la que se le había insinuado antes, los miraba atentamente. El aludido
sonrió y se acercó a ella pero Masaharu no pudo evitar tragar saliva antes de
seguirlo, ¿en qué clase de lugar lo estaba metiendo el chico?
-¿Está la habitación dos disponible?-preguntó Keigo con voz calma.
-A decir verdad n…-al ver la mirada que el muchacho le dirigía, la recepcionista desvió la mirada hacia la portátil junto a ella y se apresuró a teclear rápidamente-. S-sí señor Atobe, todo está listo para usted.
-Gracias-asintió, volteándose hacia Niou.
-¿Habitación dos?-pensó con algo de temor. ¿Qué acaso pensaba acostarse con él? ¿Acaso era lo suficientemente idiota como para creer que permitiría que él lo tocara?
-No tengas miedo-lo tranquilizó el chico con una media y egocéntrica sonrisa-. Yo tengo mi propia cita esperándome-nuevamente dirigió su atención a la mujer, quien se puso rígida-. Por favor guía a mi invitado a la habitación dos. Cárguelo todo a mi cuenta-y sin más, se marchó por el pasillo, dejándolos solos.
-¿Está la habitación dos disponible?-preguntó Keigo con voz calma.
-A decir verdad n…-al ver la mirada que el muchacho le dirigía, la recepcionista desvió la mirada hacia la portátil junto a ella y se apresuró a teclear rápidamente-. S-sí señor Atobe, todo está listo para usted.
-Gracias-asintió, volteándose hacia Niou.
-¿Habitación dos?-pensó con algo de temor. ¿Qué acaso pensaba acostarse con él? ¿Acaso era lo suficientemente idiota como para creer que permitiría que él lo tocara?
-No tengas miedo-lo tranquilizó el chico con una media y egocéntrica sonrisa-. Yo tengo mi propia cita esperándome-nuevamente dirigió su atención a la mujer, quien se puso rígida-. Por favor guía a mi invitado a la habitación dos. Cárguelo todo a mi cuenta-y sin más, se marchó por el pasillo, dejándolos solos.
El peli plateado entró en la habitación mirando a su
alrededor con desconfianza. La chica lo había guiado a la famosa habitación dos
antes de que pudiera negarse. Adentro la calefacción estaba encendida y la
música del boliche quedaba completamente ahogada por la nueva música. Caminó
por el pequeño pasillo que conectaba una puerta, aparentemente el baño, con la
habitación principal don pasos indecisos. Aquel lugar le daba una mala
sensación, no solo por la música sino por las luces, la ambientación…
sencillamente no era el lugar indicado para él. Aún así, había algo… algo
embriagante, algo que obligaba a sus pies a dar un paso por delante del otro.
Lo que vio entonces lo dejó sin habla. En la habitación,
teñida de rojo por aquellas lámparas de luz tan especiales, había una gran mesa
central, y allí, sobre la mesa colgando del techo por un collar de perro con
cadena, desnudo y con las manos fuertemente atadas detrás de su espalda, estaba
aquel hombre a quien jamás se imaginó ver en ese lugar. Una venda cubría sus
ojos, impidiéndole ver quién era su visitante. Un estremecimiento recorrió el
cuerpo de Genichirou Sanada, haciendo que la mesa temblara suavemente. Niou se
quedó allí parado, sin poder hablar o moverse. Miró a su alrededor sin poder
creer lo que sus ojos veían. El cuerpo del morocho estaba marcado por finas
líneas rojas, marcas de látigo.
-Ha… t-tortúreme amo… me he portado mal-gimoteó.
Aquella frase logró despertar su cuerpo. De pronto su
miembro se volvió duro como una roca. Miró descaradamente a Sanada. ¿Qué podía
perder? Al fin y al cabo él jamás sabría quién era. No tenía ni idea de cómo
había llegado aquel fuerte hombre allí, y sin embargo, no le importaba. Ahora
entendía por qué Atobe lo había llevado allí. ¿Cuántos hombres se habían
acostado con Sanada antes de él? De pronto la furia lo invadió. Olvidando todo
lo demás, caminó firmemente hacia el pequeño armario que había en una esquina y
lo abrió. Sonrió al ver la cantidad de cosas que había adentro. Los látigos, en
todas las formas habidas y por haber, eran tan solo el principio. Jamás se
habría imaginado encontrar tantas cosas para torturar a una persona. Placer
erótico, aquellas palabras resonaban en su mente. De pronto su mente pareció
retroceder en el tiempo años atrás, hasta los días en los que Sanada los
obligaba a dar interminables vueltas a la cancha bajo un calor sofocante. Más
de una vez se había fijado en el cuerpo del subcapitán, deleitándose con él. El
presidente de Trickster se relamió los labios, consiente de una cosa: en ese
preciso momento, Sanada Genichirou, el hombre con quien tantas veces había
soñado, era ahora su esclavo.
Su mano se cerró con firmeza en torno al mango de uno de los
tantos látigos, luego dio media vuelta, y acortó su distancia con el morocho.
Tras tantos años bajo sus órdenes, ahora era él quien tenía el poder. Rió ante
la idea mientras su mano se levantaba en lo alto.
-Te has portado mal esclavo, muy, muy mal-dijo, con voz
fría, utilizando toda su fuerza en aquel golpe, el primero de muchos. Sanada se
aferró con fuerza a la cadena que lo sostenía a la vez que se encorvó y un
desgarrador grito brotó de sus labios. Aquello hizo estremecer a Niou, pero
luego, una sonrisa apareció en sus labios.
En la habitación había una cama. Tras soltar sus ataduras, Niou
lo había arrastrado de los pelos hacia a ella. Luego había vuelto al armario en
busca de otras cosas. Su curiosidad se vio satisfecha al encontrar una gran
caja en donde, al abrirla, vio no solo consoladores sino también vibradores.
Sacó la caja pero antes de volverse hacia su víctima, algo más captó su
atención. Había en el armario una pequeña y llamativa varilla de color violeta;
la tomó y sonrió al reconocerla como aquellas que se utilizaban a la hora de
buscar un placer eléctrico… sí que se divertiría.
-Abre las piernas-ordenó, utilizando un tono autoritario,
frío y duro-. Mastúrbate.
-Ha… pero…-por más que no podía ver sus ojos, Niou rió al ver que las mejillas del morocho adoptaban un color rojizo. Encendió la varilla y la acercó al miembro de Sanada, el cual estaba bastante duro ya, y le dio un suave toque en la punta, a lo que el cuerpo del otro se estremeció por completo a la vez que su boca dejaba escapar un gemido de sorpresa.
-¿Qué acaso quieres que te vuelva a pegar? ¡Mastúrbate!-exclamó, esta vez abofeteándolo.
-Ha… pero…-por más que no podía ver sus ojos, Niou rió al ver que las mejillas del morocho adoptaban un color rojizo. Encendió la varilla y la acercó al miembro de Sanada, el cual estaba bastante duro ya, y le dio un suave toque en la punta, a lo que el cuerpo del otro se estremeció por completo a la vez que su boca dejaba escapar un gemido de sorpresa.
-¿Qué acaso quieres que te vuelva a pegar? ¡Mastúrbate!-exclamó, esta vez abofeteándolo.
Sanada había tenido varios amos desde que había llegado a
ese lugar pero nunca uno como este. Por lo general solían ser borrachos,
fetichistas o simplemente hombres o mujeres ricos que buscaban un rato
agradable; de hecho, en más de una ocasión se había acostado con su rival de
secundaria, Keigo Atobe… y siempre había visto sus rostros. Lo que la gente
buscaba allí normalmente era verlo humillado, sentían un gran placer al ver la
miserable expresión reflejada en sus ojos, pero todavía no le habían quitado la
venda de los ojos y aquello lo inquietaba. Otra chispa hizo contacto con su
miembro y se apartó un poco, aún así su amo no lo permitió; sintió el tirón de
sus cabellos nuevamente y su cabeza golpeando contra la pared.
-Mastúrbate maldita perra…-susurró entonces aquel hombre y,
por primera vez, se sintió verdaderamente amenazado. Desde que el desconocido
había entrado a la habitación, una extraña sensación había invadido a Genichirou,
aunque no sabía a ciencia cierta qué era. ¿Acaso aquel hombre era peligroso de
verdad? Se sentía como si lo conociese… aunque era prácticamente imposible,
ninguno de sus conocidos solía visitar esa zona, es por ello que había decidido
trabajar exclusivamente allí.
-S-sí…-lentamente abrió las piernas y comenzó a masturbarse, apoyado contra la pared. Aún sentía a sus mejillas arder. Nuevas sensaciones que nunca lo habían molestado antes lo invadían por completo, la vergüenza, el querer cubrirse; había tenido motivos muy personales a la hora de aceptar empleo en aquel lugar y por más que en un principio había sido difícil, había logrado dejar atrás todas esas emociones para poder servir a sus amos… y sin embargo esta vez era diferente… algo estaba… sencillamente mal.
-S-sí…-lentamente abrió las piernas y comenzó a masturbarse, apoyado contra la pared. Aún sentía a sus mejillas arder. Nuevas sensaciones que nunca lo habían molestado antes lo invadían por completo, la vergüenza, el querer cubrirse; había tenido motivos muy personales a la hora de aceptar empleo en aquel lugar y por más que en un principio había sido difícil, había logrado dejar atrás todas esas emociones para poder servir a sus amos… y sin embargo esta vez era diferente… algo estaba… sencillamente mal.
Niou sonrió emocionado ante el tamaño que comenzaba a
adquirir el miembro de Sanada. Jalándolo de las piernas hizo que se recostara,
manteniéndolas abiertas. Desde esta posición, el peli plateado no tenía solo
buena vista del miembro de su esclavo sino que también de su pequeña y estrecha
entrada. Al abrir la caja y comenzar a buscar el consolador indicado, éstos
hicieron ruido al entrechocarse, alertando al morocho, quien detuvo sus
acciones e intentó cerrar las piernas.
-Nada de eso-le reprochó Masaharu, volviendo a separarle las
piernas nuevamente-. ¿Qué acaso quieres que te ate de nuevo?-preguntó,
abofeteándolo, aunque sin usar toda su fuerza, algo lo contenía. Genichirou
volvió a abrir sus piernas lentamente a la vez que el trickster se decidía por
un consolador de gran tamaño de color rojo. Sobre él tenía grabado un gran
número cinco; mirando los otros consoladores notó que también tenían números.
Aquello le hizo sonreír-. ¿Están enumerados según tamaño?
-S-sí…
-¿Cuál es tu máximo?
-El cuatro.
-¿Oh sí? Pues ya veremos-sonrió e, ignorando el estremecimiento de Sanada, comenzó a presionarlo contra su ano, sin preparación previa alguna. El cuerpo del morocho se tensó involuntariamente, consciente de qué era lo que su amo estaba haciendo. Intentó contenerlo pero aún así un traicionero sollozo brotó de sus labios.
-Por favor no…-suplicó, moviendo el rostro hacia un lado, mordiéndose los labios y apretando los ojos con fuerza. Pero el menor ignoró sus palabras y lentamente sintió como aquel duro consolador se abría paso a través de él, lastimándolo. Apretó los dientes con fuerza y una solitaria lágrima rodó por su mejilla. Aquello paralizó al otro, quien se quedó parado fijamente, mirando aquella lágrima con la boca entreabierta mientras el mayor se retorcía suavemente debajo de él a causa del dolor.
-S-sí…
-¿Cuál es tu máximo?
-El cuatro.
-¿Oh sí? Pues ya veremos-sonrió e, ignorando el estremecimiento de Sanada, comenzó a presionarlo contra su ano, sin preparación previa alguna. El cuerpo del morocho se tensó involuntariamente, consciente de qué era lo que su amo estaba haciendo. Intentó contenerlo pero aún así un traicionero sollozo brotó de sus labios.
-Por favor no…-suplicó, moviendo el rostro hacia un lado, mordiéndose los labios y apretando los ojos con fuerza. Pero el menor ignoró sus palabras y lentamente sintió como aquel duro consolador se abría paso a través de él, lastimándolo. Apretó los dientes con fuerza y una solitaria lágrima rodó por su mejilla. Aquello paralizó al otro, quien se quedó parado fijamente, mirando aquella lágrima con la boca entreabierta mientras el mayor se retorcía suavemente debajo de él a causa del dolor.
Lentamente Niou se subió a la cama también y obligó al mayor
a recostarse, quedando sobre él. Las yemas de sus dedos se deslizaron por la
mejilla del morocho, siguiendo el húmedo
recorrido que había dejado la lágrima; también recorrieron sus labios, su
nariz, cada parte del rostro del chico que temblaba debajo suyo fue recorrida
por una caricia. Finalmente, apartó su mano y se inclinó, besando los labios de
Sanada con pasión, indicándole con la lengua que le abriera paso y
entrelazándola con la ajena. Las traviesas manos del menor comenzaron a
recorrer el formado cuerpo de su ex subcapitán, deteniéndose un momento para
apretar los pezones, poniéndolos erectos con tan solo unos pocos roces.
El mayor no había dejado de masturbarse pues tenía miedo de
que lo volvieran a golpear si lo hacía. Lentamente su cuerpo comenzaba a
responder a los estímulos y, con las nuevas caricias que su amo le proporcionaba,
no tardó en excitarse. Su miembro estaba
a punto de explotar y no sabía qué hacer; cada vez estaba más cerca, más cerca…
de pronto su mano dejó de jugar con su miembro y se cerró con fuerza sobre las
mantas que cubrían la cama. Su cuerpo se tensó por completo intentando resistir
y, una vez que su amante separó sus labios de los propios, apretó los dientes
con fuerza. Una risita resonó en la habitación y, entonces, aquella mano
desconocida se cerró en torno a su enorme miembro.
-Tranquilo…-susurró-. Puedes correrte.
El cuerpo de Genichirou se relajó mientras su amo continuaba
masturbándolo. De pronto, una oleada de placer lo invadió, seguido por la
sensación de alivio, en el momento en que un chorro de semen brotó de la punta
de su miembro. Se dejó caer, respirando agitadamente, mientras Niou lo
contemplaba. No estaba satisfecho; al fin y al cabo, a pesar de todo, Sanada
seguía siendo su esclavo, no pensaba darle descanso. Contempló el pequeño cable
que salía de entre las piernas del mayor, conectada a una pequeña batería.
Sonrió y encendió el aparentemente vibrador que había introducido en el cuerpo
del morocho. Este no tardó en arquear su cuerpo al sentir aquella cosa de gran
tamaño moviéndose dentro de él. Lentamente, su miembro comenzó a erectarse nuevamente,
a la vez que una dulce melodía compuesta exclusivamente de gemidos y jadeos
brotaba del fondo de la garganta del chico. Masaharu sonrió y se relamió los
labios al ver el efecto que tenían en su víctima unas pequeñas caricias y
luego, se inclinó, dispuesto a disfrutar de los líquidos que el morocho le
ofrecía. Lamió todo el semen de sus manos y luego se concentró en aquel grande
y duro pene, recorriéndolo con la lengua en primer lugar para luego
introducirlo en su boca. Sanada se removía a la vez que su amo aumentaba la
velocidad del vibrador. Nuevas lágrimas rodaron por sus mejillas, de placer en
esta ocasión. Había pensado que sería malo pero aquella sensación había quedado
profundamente enterrada. Quería arrancarse la venda y descubrir quién era
aquella persona que lo hacía sentir tan bien… y lo hizo. En un brusco
movimiento, Sanada se incorporó y arrancó la venda de sus ojos. Sobresaltado
por aquella acción, Niou se incorporó lentamente y ambos quedaron a la misma
altura. Sus ojos se encontraron y el mayor abrió la boca en una expresión
indescriptible, mientras que las mejillas del peli plateado adoptaban una
tonalidad semejante a las del otro chico.
-N-Niou…-logró articular Sanada, sin poder creer lo que sus
ojos veían.
-Jeh…-el hombre le dedicó una egocéntrica media sonrisa-. Veo que me descubriste… te has portado mal esclavo, muy, muy mal… y tendré que castigarte…
-N-Niou, yo…-tartamudeó, pero el menor lo empujó hacia atrás, bajando la mano para presionar aún más el vibrador contra su interior. Sanada cayó hacia atrás, retorciéndose de placer-. P-para… por favor…
-¿De verdad lo quieres? Porque parece que te gusta…-susurró y el rojo de las mejillas del morocho se acentuó-. Jamás me lo habría imaginado de ti… Gen-chan-sonrió al ver que el mayor se estremecía. Sabía que su pequeña hija solía llamarlo de esa manera-. ¿Te imaginas si Nami y Seiichi te vieran así?
-P-por favor… no se lo digas a nadie…-suplicó.
-De acuerdo, entonces, tú también deberás guardar el secreto.
-S-sí…
-Y darme un buen servicio-agregó, tras meditarlo durante unos segundos.
-Claro…
-Entonces, chúpamela-le ordenó, sentándose en la cama.
-Jeh…-el hombre le dedicó una egocéntrica media sonrisa-. Veo que me descubriste… te has portado mal esclavo, muy, muy mal… y tendré que castigarte…
-N-Niou, yo…-tartamudeó, pero el menor lo empujó hacia atrás, bajando la mano para presionar aún más el vibrador contra su interior. Sanada cayó hacia atrás, retorciéndose de placer-. P-para… por favor…
-¿De verdad lo quieres? Porque parece que te gusta…-susurró y el rojo de las mejillas del morocho se acentuó-. Jamás me lo habría imaginado de ti… Gen-chan-sonrió al ver que el mayor se estremecía. Sabía que su pequeña hija solía llamarlo de esa manera-. ¿Te imaginas si Nami y Seiichi te vieran así?
-P-por favor… no se lo digas a nadie…-suplicó.
-De acuerdo, entonces, tú también deberás guardar el secreto.
-S-sí…
-Y darme un buen servicio-agregó, tras meditarlo durante unos segundos.
-Claro…
-Entonces, chúpamela-le ordenó, sentándose en la cama.
Le costaba moverse con el vibrador encendido, sus piernas
temblaban y su poca coordinación no le ayudaba en nada, pero aún así consiguió
bajarse de la cama y colocarse de rodillas frente al palpitante miembro del
peli plateado. Levantó la vista y su mirada se cruzó con la de Niou, quien
asintió. Sanada abrió la boca, sacando su lengua con intención de comenzar a
lamer su miembro, pero el menor lo aferró nuevamente por los cabellos e
introdujo su miembro en la boca de Genichirou de un solo movimiento. El mayor trató
de apartarse pero lo mantenía bien aferrado. Comenzó a imponer un ritmo marcado
y prolongado, cada vez más rápido y brutal. Sanada apenas y conseguía respirar,
y el miembro de Masaharu siempre llegaba hasta el fondo de su garganta. Fue
cuestión de tiempo el que el trickster se corriera y, cuando el otro intentó
apartarse, lo mantuvo firmemente sujeto, con el miembro enterrado al máximo en
su garganta. Sanada no tuvo más opción que tragar antes de que el otro lo liberara.
-Se está acabando tu tiempo…-susurró Sanada una vez que hubo
recuperado el aliento. Niou miró el reloj que colgaba de la pared de la
habitación, sorprendido de lo rápido que había pasado el tiempo.
-Bien, entonces supongo que tan solo queda el gran final-repuso, con una sonrisa.
-¿El gran final?-inquirió Sanada, mirándolo confundido. Con el reverso de su mano limpió un pequeño hilo de semen que brotaba desde la comisura de sus labios. Su ex compañero de equipo asintió y palmeó la cama, a su lado, a la vez que su sonrisa se ensanchaba.
-Date prisa si no quieres que vuelva a utilizar el látigo-le advirtió, a lo que el mayor gateó hasta la cama sin perder tiempo, subiéndose a ella. Masaharu se puso de pie, sin dejar de mirarlo a los ojos e, inclinándose un poco, lo empujó hacia atrás, quedando sobre él. Frotó su miembro con el de Genichirou; su ropa había quedado olvidada hace rato en una esquina de la habitación. Aquel roce provocó que ambos miembros volvieran a encenderse, aunque el de Sanada ya estaba bastante duro antes de eso. El morocho no apartó su mirada de la suya mientras él se acomodaba sobre él. Tomó aquel gran y duro miembro con ambas manos y, sin decir una sola palabra, comenzó a sentarse sobre él, sintiendo como lentamente se iba adentrando en sus profundidades. Tardó un poco en introducirlo por completo; el de Seiichi no alcanzaba tal tamaño por lo que no estaba acostumbrado a algo tan grande… pero no le disgustaba, era largo y ancho… se sentía de maravilla. Los gemidos no tardaron en salir de sus labios y no se molestó en reprimirlos, allí no era como en casa, en donde se tenía que controlar para que Nami no los oyera, allí era libre, podía entregarse plenamente al placer. Las manos de Sanada se aferraron a su cadera como pinzas y comenzaron a marcar el ritmo. Masaharu lo miró a modo de protesta pero luego descubrió que era más sencillo de aquella forma y dejó que el mayor se encargara de imponer el ritmo.
-Bien, entonces supongo que tan solo queda el gran final-repuso, con una sonrisa.
-¿El gran final?-inquirió Sanada, mirándolo confundido. Con el reverso de su mano limpió un pequeño hilo de semen que brotaba desde la comisura de sus labios. Su ex compañero de equipo asintió y palmeó la cama, a su lado, a la vez que su sonrisa se ensanchaba.
-Date prisa si no quieres que vuelva a utilizar el látigo-le advirtió, a lo que el mayor gateó hasta la cama sin perder tiempo, subiéndose a ella. Masaharu se puso de pie, sin dejar de mirarlo a los ojos e, inclinándose un poco, lo empujó hacia atrás, quedando sobre él. Frotó su miembro con el de Genichirou; su ropa había quedado olvidada hace rato en una esquina de la habitación. Aquel roce provocó que ambos miembros volvieran a encenderse, aunque el de Sanada ya estaba bastante duro antes de eso. El morocho no apartó su mirada de la suya mientras él se acomodaba sobre él. Tomó aquel gran y duro miembro con ambas manos y, sin decir una sola palabra, comenzó a sentarse sobre él, sintiendo como lentamente se iba adentrando en sus profundidades. Tardó un poco en introducirlo por completo; el de Seiichi no alcanzaba tal tamaño por lo que no estaba acostumbrado a algo tan grande… pero no le disgustaba, era largo y ancho… se sentía de maravilla. Los gemidos no tardaron en salir de sus labios y no se molestó en reprimirlos, allí no era como en casa, en donde se tenía que controlar para que Nami no los oyera, allí era libre, podía entregarse plenamente al placer. Las manos de Sanada se aferraron a su cadera como pinzas y comenzaron a marcar el ritmo. Masaharu lo miró a modo de protesta pero luego descubrió que era más sencillo de aquella forma y dejó que el mayor se encargara de imponer el ritmo.
Fue increíble. Por más que ambos se habían corrido ya, Niou
sintió como el semen de Sanada lo llenaba y chorreaba por entre sus nalgas. Al
salir de él, Sanada se acercó al armario y de un cajón sacó una caja de
pañuelos, que le lanzó a su acompañante para que se limpiara. El juego había
terminado y la habitación olía a sexo. Genichirou se miró en el espejo; tenía
varias marcas que el peli plateado le había dejado. Se volteó, examinando su
espalda y descubrió que, por más que los golpes habían sido duros, no lucía tan
mal. Masaharu comenzó acabó de limpiarse y comenzó a vestirse.
-Lo has hecho bastante bien…-admitió.
-¿Se lo dirás a Yukimura?-preguntó el morocho.
-No-negó-. En cierta forma lo he engañado al venir aquí y no quiero que lo sepa… ¿y tú?
-No-concordó el otro-. No quiero que se entere de que… trabajo de esto…
-Pensé que estabas trabajando de entrenador en la Rikkai Dai…-comentó Niou mientras se acercaba al espejo para asegurarse de que se veía bien. Nada había sucedido, tan solo había tenido una reunión más.
-Lo hago… pero… este trabajo es…-suspiró-. No lo sé… Por favor, no se lo digas a nadie.
-No te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo-miró al mayor y, tomándolo por la nuca, lo besó una última vez, presionando sus labios con los propios. Sanada le correspondió y permanecieron allí, besándose, hasta que unos golpes se escucharon en la puerta.
-Gracias…-susurró el morocho. Masaharu asintió y comenzó a caminar hacia la puerta, dejándolo atrás-. ¿Volverás?-le preguntó antes de que saliera.
-Volveré-prometió, y sin más, salió de la habitación, como si nada hubiese pasado allí.
-¿Se lo dirás a Yukimura?-preguntó el morocho.
-No-negó-. En cierta forma lo he engañado al venir aquí y no quiero que lo sepa… ¿y tú?
-No-concordó el otro-. No quiero que se entere de que… trabajo de esto…
-Pensé que estabas trabajando de entrenador en la Rikkai Dai…-comentó Niou mientras se acercaba al espejo para asegurarse de que se veía bien. Nada había sucedido, tan solo había tenido una reunión más.
-Lo hago… pero… este trabajo es…-suspiró-. No lo sé… Por favor, no se lo digas a nadie.
-No te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo-miró al mayor y, tomándolo por la nuca, lo besó una última vez, presionando sus labios con los propios. Sanada le correspondió y permanecieron allí, besándose, hasta que unos golpes se escucharon en la puerta.
-Gracias…-susurró el morocho. Masaharu asintió y comenzó a caminar hacia la puerta, dejándolo atrás-. ¿Volverás?-le preguntó antes de que saliera.
-Volveré-prometió, y sin más, salió de la habitación, como si nada hubiese pasado allí.
La puerta del baño se abrió y Atobe salió de allí, volteando
a ver al musculoso hombre que lo aguardaba desnudo, parado junto al espejo.
Caminó hacia él y lo besó. Sanada no opuso resistencia alguna.
-Lo has hecho muy bien… mi querido esclavo.
FIN




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