Naoto suspiró y miró las estrellas. El cielo estaba despejado, era una noche limpia y tranquila, no muy distintas de las demás. Parecía increíble el hecho de que hace tan solo unos meses los habitantes de Inaba hubiesen sufrido la gran catástrofe que la niebla había traído al pueblo. El fin del mundo… en momentos como aquel, en el que todo el mundo disfrutaba de una deliciosa cena con su familia mientras veía la tv, parecía un concepto casi gracioso.
La muchacha se incorporó, dirigiendo su vista hacia el río. Hace tan solo un tiempo ella y sus amigos habían disfrutado sentándose al borde del Samegawa mientras cuidaban de Nanako Dojima, pero ahora todo había cambiado. Es sorprendente lo mucho que puede cambiar una amistad si el pilar central de ésta desaparece, y así había sido. Desde que Souji se había marchado de regreso a su ciudad, la amistad entre los valientes jóvenes que en alguna ocasión habían luchado mano a mano por mantener la paz en su mundo había comenzado a deteriorarse lentamente. Actualmente no tenían ni tiempo de verse en la escuela, al menos de que se cruzaran por los pasillos. El trabajo en la pensión Amagi se hacía más duro para Yukiko a medida que pasaba el tiempo, Junes estaba planificando una pronta ampliación por lo que Yosuke tampoco tenía muchas posibilidades de salir con ellos. Era increíble la cantidad de entrenamiento que Chie realizaba, era la única que se continuaba viendo con Yosuke y Yukiko en su tiempo libre, aunque era entendible, desde un principio ellos habían estado juntos. Teddie continuaba trabajando en Junes junto con Yosuke, de vez en cuando lo veía aunque estaba claro que el oso prefería pasar todo el tiempo posible con su pequeña Nana-chan. Rise los había abandonado poco después de que su sempai se fuese, decidida a retomar su carrera de idol. Era normal escuchar como los chicos de la escuela se deprimían por haber desaprovechado el tiempo que Risette había pasado aquí. Y finalmente estaba Kanji. Siendo sincera, no tenía idea alguna de lo que había sido la vida del chico. Asistía a clases regularmente y de cuanto en cuanto intercambiaban miradas, pero cuando esto sucedía, él acostumbraba a bufar molesto y luego darle la espalda. A fin de cuentas, la vida se había tornado aburrida en Inaba y, ahora que sus amigos la habían dejado de lado y no había ningún caso que resolver, Naoto se sentía sola.
Audience of One
Capítulo I: Lonely
Capítulo I: Lonely
Los días felices habían acabado y ahora un gris oscuro dominaba sobre su vida. Desde pequeña Naoto siempre había sido una persona solitaria. Obsesionada como estaba por convertirse en una detective, de niña prefería permanecer en casa leyendo historias de Sherlock Holmes a salir con un grupo de niñas a quien aborrecía… y eso había sido antes de que su obsesión alcanzara niveles drásticos al querer seguir los pasos de sus difuntos padres. Antes de llegar a Inaba, Naoto no sabía lo que era el sentimiento de la amistad, o poco recordaba de él. Nunca había sido una persona sociable, del tipo que evaden los trabajos grupales y que, si no queda más que hacerlos, se encarga de realizarlo todo por su cuenta. Con una personalidad así estaba muy en claro que ninguna niña de su edad querría acercarse a ella… o por lo menos eso era lo que siempre había pensado hasta el momento en el que su vida se cruzó con la de Harmony.
Harmony había sido su única amiga de pequeña. Jamás olvidaría ese cabello negro y brillante, largo y siempre ordenado. Su tierna figura de niña que, a estas alturas, seguramente ya se habría desarrollado hasta convertirse en un ardiente cuerpo de mujer. Sus ojos de color azul noche, tan oscuros como el mar, que brindaban una gran sensación de calma, pudiéndose perder en ellos por horas y horas. Ella había sido su primer amiga, con la que había jugado a los detectives, a la mamá y el papá, con la que había compartido horas de lectura incontables y con quien había aprendido el sentido de la palabra amistad. Tenía un hermano, lo recordaba muy bien, tenía pelo negro como su hermana y rostro aburrido, aunque jamás le había interesado mucho, Harmony odiaba a su hermano y como a ella no le gustaba hablar de él, Naoto no la presionaba, ni siquiera conocía su nombre.
Le extrañó pensar en Harmony. Aún recordaba perfectamente su último encuentro. Naoto se mudaría pronto por el trabajo de sus padres y, para no ver triste a su amiga, había decidido guardar el secreto. Desde luego, la morocha se había enfadado muchísimo y el último recuerdo que le había dejado antes de que se separaran había sido una cachetada. Recordaba haber llorado muchísimo después de eso. No había querido subir al avión y no había dejado de hacer escándalo hasta llegar a su nuevo hogar. Días después, su mente había bloqueado todos los recuerdos que tenía acerca de la chica para así poder centrarse nuevamente en su futuro como detective. Desde entonces no había pensado en ella. ¿Tan sola se sentía acaso?
Su estómago rugió y, sonrojada, se puso de pie. Era hora de comer, al otro día tenía escuela y aún le quedaban un par de cosas por hacer antes de que la noche acabara. Por lo menos eso la mantendría ocupada y aplacaría un poco aquella soledad. Últimamente estaba pensando muy enserio acerca del hecho de conseguirse un empleo de medio tiempo, había visto una bacante en una guardería, el problema era que tenía tanto encanto como una babosa muerta, no, probablemente no lo conseguiría, lo mejor para ella por ahora era centrarse en sus estudios.
Aún faltaban diez minutos para el comienzo de clases cuando Naoto dejó sus zapatos en la casilla correspondiente y se encaminó a su salón. Antes de darse cuenta, se detuvo unos instantes asomándose por la puerta de la clase de Kanji, pero el aludido no había llegado aún. Notando que varias miradas comenzaban a voltearse en su dirección, continuó su camino, bajándose la gorra para ocultar el rubor que ahora cubría sus mejillas. Llegó a su salón, sacó su cuaderno y su libro de matemática. Una foto cayó de su cuaderno al sacarlo de la mochila, y la melancolía se apoderó de ella al reconocer la foto que ella y los chicos se habían tomado tiempo atrás. Su hilo de pensamientos se cortó de repente con el sonido de la puerta del aula al abrirse con fuerza. La señorita Kusajishi entró con paso firme y encaró a sus alumnos, quienes se apresuraron a dejar de revolotear y sentarse.
-Bien muchachos, parece que este año los nuevos estudiantes no dejan de llegar a la escuela, ¡y pensar que hace tan poco Naoto se unió a nosotros y ahora tendremos una nueva compañera!-la sorpresa de una recién llegada provocó que, instantáneamente todos comenzaran a murmurar. Naoto miró con aprensión el sitio a su lado, vacío, segura de que harían que esa persona se sentara a su lado-. Ya chicos, bajen la voz y compórtense.
Cuando los alborotadores finalmente guardaron silencio, la puerta del aula se abrió y una joven de cabello medianamente corto, por debajo de los hombros, y con un par de mechones rojos, cosa que le daba un toque de rebeldía, entró caminando, hasta situarse delante de la clase. Naoto la miró, desinteresada. Los ojos de la chica entraron en inmediato contacto con los suyos y ella se paralizó, Naoto jamás olvidaría esa mirada, esos rasgos. Definitivamente había cambiado en el tiempo pasado, su cuerpo, más voluptuoso de los que solía ser, había dejado atrás la estreches de la niñez, adquiriendo nuevas y marcadas curvas. Su nueva compañera le sonrió mientras, detrás de ella, la profesora Kusajishi escribía su nombre en la pizarra.
-Mi nombre es Harmony Hikikomori, no sé cuánto tiempo estaré con ustedes pero espero que nos llevemos bien-sonrió la muchacha, haciendo una inclinación.
-Por favor, siéntate junto a Shirogane-le pidió la profesora, y antes de que le indicara de quién se trataba, la morocha caminó al sitio junto a Naoto con paso decidido y se sentó en su lugar-. Bien entonces, comencemos con la clase.
-Por favor, siéntate junto a Shirogane-le pidió la profesora, y antes de que le indicara de quién se trataba, la morocha caminó al sitio junto a Naoto con paso decidido y se sentó en su lugar-. Bien entonces, comencemos con la clase.
La terraza solía estar vacía a la hora de almorzar, por lo que las dos jóvenes habían salido del salón y se habían dirigido allí para poder comer en paz. Los rumores habían comenzado de manera instantánea, acerca de cómo la nueva chica, que parecía bastante guapa, había establecido una inmediata relación con la antisocial de Naoto. La detective sabía que con el correr de los días los rumores solo empeorarían, por lo que había decidido hacer oídos sordos a ellos.
El cálido sol las recibió en la parte más alta de la escuela. Se sentaron en un banco a comer tranquilas. En un primer momento nadie dijo nada. Se respiraba un ambiente tranquilo, el viento apenas soplaba por lo que el clima era cálido y agradable. El verano estaba cerca.
-Ha pasado tiempo desde la última vez-Harmony rompió el silencio.
-Es cierto-asintió Naoto-. Me sorprende verte aquí.
-A mí no-sonrió la joven-. Cuando leí en el diario acerca del extraño caso de homicidios que estaba sucediendo en Inaba, luego sucedido por la misteriosa niebla… supe que te encontraría aquí.
-Así que no es una coincidencia el que estés aquí…
-Quizás podría serlo-rió la muchacha-. Pensé que no te acordarías de mí pero al ver tu cara desde el frente inmediatamente supe que sabías quién era. No me sorprende de mi querida chica detective.
-Je… han pasado muchas cosas.
-Lo sé…-el silencio volvió a rodearlas y Naoto, sin saber a qué se debía, sintió un escalofrío recorriéndole la espalda.
-¿Y bien? ¿Vas a decirme qué haces aquí?
-Trabajo de mi padre-la recién llegada se encogió de hombros-. Trabaja con el dueño de Junes, ya sabes, la ampliación del local. Se supone que estará aquí un par de meses así que con mamá decidimos acompañarlo.
-Entiendo… no recordaba que tu padre trabajara de eso…
-Bueno, cuando te fuiste aún éramos pequeñas y no teníamos mucho sentido de lo que nos rodeaba-dijo la morocha, restándole importancia. Al escuchar esas palabras Naoto no pudo evitar llevarse la mano a la mejilla. Al verla su amiga suspiró-. De verdad estaba muy enfadada contigo aquel día… siento haberte golpeado.
-No te disculpes por algo que pasó hace siglos.
-No, de verdad, lo siento…-susurró y, quitándole la mano de la mejilla, se la besó con ternura. El corazón de Naoto brincó acelerado, tenía la certeza de que de ahora en adelante, poco tiempo tendría para estar sola.
-Es cierto-asintió Naoto-. Me sorprende verte aquí.
-A mí no-sonrió la joven-. Cuando leí en el diario acerca del extraño caso de homicidios que estaba sucediendo en Inaba, luego sucedido por la misteriosa niebla… supe que te encontraría aquí.
-Así que no es una coincidencia el que estés aquí…
-Quizás podría serlo-rió la muchacha-. Pensé que no te acordarías de mí pero al ver tu cara desde el frente inmediatamente supe que sabías quién era. No me sorprende de mi querida chica detective.
-Je… han pasado muchas cosas.
-Lo sé…-el silencio volvió a rodearlas y Naoto, sin saber a qué se debía, sintió un escalofrío recorriéndole la espalda.
-¿Y bien? ¿Vas a decirme qué haces aquí?
-Trabajo de mi padre-la recién llegada se encogió de hombros-. Trabaja con el dueño de Junes, ya sabes, la ampliación del local. Se supone que estará aquí un par de meses así que con mamá decidimos acompañarlo.
-Entiendo… no recordaba que tu padre trabajara de eso…
-Bueno, cuando te fuiste aún éramos pequeñas y no teníamos mucho sentido de lo que nos rodeaba-dijo la morocha, restándole importancia. Al escuchar esas palabras Naoto no pudo evitar llevarse la mano a la mejilla. Al verla su amiga suspiró-. De verdad estaba muy enfadada contigo aquel día… siento haberte golpeado.
-No te disculpes por algo que pasó hace siglos.
-No, de verdad, lo siento…-susurró y, quitándole la mano de la mejilla, se la besó con ternura. El corazón de Naoto brincó acelerado, tenía la certeza de que de ahora en adelante, poco tiempo tendría para estar sola.
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