martes, 24 de abril de 2012

True to Your Heart [Ishihime]


Inoue colgó el teléfono y salió corriendo de la seguridad de su hogar. No podía pensar, simplemente corría. Acababa de recibir una llamada del padre de Ishida, dueño de un gran hospital. Habían encontrado al chico desangrándose en la calle, inconsciente. Se mordió el labio mientras las lágrimas se agolpaban en sus ojos luchando por salir, pero ella no lo permitió, limpiándoselas con un brusco movimiento de brazo. Sacó su celular y llamó a Ichigo, la primera persona que se le vino a la mente. Luego de explicar la situación, intentando no mostrarse alterada, corrió y corrió.




El peliazul estaba siendo chequeado por su padre cuando ella llegó. Como siempre que los veía, estaban discutiendo, pero apenas puso un pie dentro de la habitación, ambos se callaron y voltearon a verla.

-Inoue-san-murmuró el menor, sorprendido de verla allí. El reconocimiento apareció en sus ojos al recobrar la compostura y desvió la mirada-. ¿Qué haces aquí?
-Pues… Ishida-kun… yo…-la joven bajó la mirada, estaba claro que él no quería verla allí.
-Yo la llamé-intervino su padre-. Me pareció lo más apropiado.
-¿Desde cuándo decides qué es lo más apropiado para mí?-discutió Uryu, mirando a su padre con rabia. El movimiento hizo que una punzada lo estremeciera y un leve gemido de dolor brotó de sus labios-. Aa…
-¿¡Estás bien Ishida-kun!?-Inoue se acercó a él preocupada y el lesionado volteó a verla, una mirada de tristeza.
-Estoy bien Inoue-san… no necesitas preocuparte por mi…-dijo, y luego clavó la mirada en su regazo nuevamente-. Quiero estar solo…
-¿Quién te crees que es el médico aquí?-suspiró su padre-. Bien, si es lo que quieres…-tomó el borde de la cortina que colgaba cerca de los pies de su hijo y, jalándola, la interpuso entre el muchacho y su visitante-. Lo siento-dijo, volteando a ver a la joven, y luego de ello salió de la habitación.

Inoue suspiró pero no salió tras él. Se sentó, intentando que las lágrimas no brotaran de sus ojos. Conocía a Ishida y sabía que, no solo su orgullo había sido herido, sino que él no quería verla triste, preocupada por él. Miró la cortina de reojo, podía ver la sobra de su amigo detrás de ella. Un estremecimiento la recorrió, se veía tan decaído… todo lo que ella quería era abrazarlo y decirle que todo estaría bien. Estaba tan perdida en sus pensamientos que se sobresaltó cuando Kurosaki irrumpió en la habitación.

-¡Ishida!-exclamó a la vez que abría la puerta. Miró fijamente a la cama donde reposaba el herido y luego Inoue y él intercambiaron miradas. Ella no pudo evitar ponerse nerviosa a pesar de la pena que sentía.
-Kurosaki-kun…-susurró mientras sus mejillas se teñían de un suave tono rojizo.
-Oh, Inoue… ya estás aquí-la saludó él, a lo que ella asintió a modo de respuesta.
-Inoue-san… no era necesario que llamaras a todo el mundo-dijo Uryu, al otro lado de la cortina. Su voz se sentía decaída.
-¿Dónde está Chad?
-Intenté llamarlo pero no contesta su celular-suspiró la pelinaranja, bajando la mirada a la vez que se mordía el labio.
-No es necesario que venga… te dije que quería estar solo-repuso Ishida. Su tono de voz frío y cortante hizo que un escalofrío recorriera a la muchacha.
-Ishida-kun…
-¡Largo!-gritó, y un pequeño grito de dolor siguió a aquella palabra.
-Será mejor que nos marchemos… Inoue-susurró Ichigo, abandonando la habitación. Orihime se puso de pie y volteó a ver en la dirección de Uryu una última vez.
-Adiós Ishida-kun…-murmuró con voz triste, luego se volteó y siguió los pasos de Kurosaki.


Llegó a casa lo suficientemente decaída como para irse a dormir sin comer. La cara de dolor de su amigo regresaba constantemente a la cabeza de Inoue y la hacía estremecer. Pasaron dos horas antes de que volviese a levantarse, sabiendo que no podría dormir bien aquella noche. Estaba muy tensa, alguien había atacado a Ishida y no tenían pista alguna sobre quién era. Lo único que sabían era que la persona no había sido un shinigami, que había sido un humano con poderes… pero los únicos que ella conocía que entraran en esa clasificación serían incapaces de herir al chico.

Se dirigió al baño dispuesta a tomar una ducha caliente, intentando no pensar. Había logrado crear un vacío en su mente cuando de repente una simple palabra logró resquebrajar todo su esfuerzo “¡Largo!”. Ishida le había gritado. Bajó la mirada con tristeza y las lágrimas finalmente lograron salir, comenzando a caer sin que Orihime pudiese interrumpirlas. Su cuerpo comenzó a temblar y se abrazó a sí misma, sintiéndose débil. No se dio cuenta de que había caído de rodillas, simplemente permaneció en aquella posición, llorando, hasta que se dio cuenta de que el agua que caía estaba helada.


El mundo había perdido su color. Conocía aquel lugar pero no recordaba con exactitud dónde se encontraba. Cerca de ella podía ver la espalda de Ichigo, probablemente protegiéndola como en incontables ocasiones. De pronto escuchó una voz que la dejó helada.

-Incluso al final… nunca haces lo que pienso que harás.

Orihime levantó la mirada. Allí frente a ella, disolviéndose lentamente, convirtiéndose en cenizas, estaba el hombre que ya hace cerca de dos años la había secuestrado. Ulquiorra volteó a verla lentamente, con aquella expresión vacía en su rostro. Inoue se puso de pie, llevándose una mano al pecho, dolida ante la imagen, sabiendo que el final se acercaba.

-Creo que al final empecé a interesarme por ustedes-fue todo lo que dijo, y una gran pena la invadió, mientras los recuerdos se agolpaban en su mente. ¿Qué es un corazón? Si corto tu pecho, ¿podré verlo dentro? Si corto tu rostro… ¿podré verlo dentro?-. ¿Me tienes miedo… mujer?-preguntó entonces, extendiendo su mano en dirección a ella, abriéndola y acercándola con lentitud. Orihime sintió que estaba a punto de quebrarse, por eso sus palabras salieron tan solo en un hilo de voz.
-No tengo miedo-susurró, y sintió una gran presión en su pecho-. No te… tengo miedo.

Ulquiorra la miró fijamente, sin que su expresión cambiara en absoluto, pero Inoue reconoció el entendimiento en sus ojos.

-Entiendo…-dijo él, y entonces su mano comenzó a apartarse de ella. Orihime lo miró, desesperada. La sensación de que iba a llorar se hizo presente en ella. No quería alejarse de él, no quería perderlo ahora que finalmente lo había encontrado. Dio un paso adelante e intentó tomar su mano, pero un suave roce fue lo que bastó para que él se deshiciera a su contacto. Poco a poco fue desapareciendo, pero mantuvo su mirada fija en ella hasta el final.


-¡No te vayas!-exclamó Orihime, incorporándose abruptamente en su futon. Su respiración estaba agitada y sus latidos marcaban un ritmo alterado. Tardó unos momentos en darse cuenta de que ya no estaba en el hueco mundo sino que en su casa. Entonces… abrazó sus piernas y rompió a llorar.

Aquel recuerdo le traía dolor. Se sentía mal por no haber podido salvar a Ulquiorra. Si tan solo hubiese sido más rápida… quizás las cosas habrían salido de otra manera. A pesar de que él había intentado matarla y de que la había utilizado para sus propios fines, Inoue apreciaba aquellos recuerdos. No lograba comprender el cariño que su corazón sentía por aquel hombre, pero era una sensación cálida y radiante, algo muy parecido al amor que éste profesaba hacia Ichigo.

El pensar en Kurosaki le hizo recordar el accidente de la noche anterior. Se levantó apresurada y se puso el uniforme. Una mirada a su reloj bastó para darse cuenta de que no tendría tiempo de desayunar si quería llegar a clases a tiempo. Una vez lista, tomó su cartera y salió corriendo, casi olvidándose de cerrar la puerta. Sus pensamientos retornaron a Ishida mientras corría. ¿Por qué había actuado de esa manera? Se mordió el labio inferior con impotencia y no se percató de que estaba bajando el ritmo hasta que se detuvo por completo. Se sorprendió al encontrarse delante del hospital, aunque pensándolo bien… no era ninguna sorpresa. Inspiró profundamente en un intento de calmar a su intranquilo corazón y luego, sin pensarlo siquiera, entró al hospital. Ya tendría tiempo de pedirle a Tatsuki los contenidos del día.


La cortina había sido removida de la cama de Ishida y él dormía con rostro pasivo. Sonrió al poder verlo de esa forma y un alivio la inundó. Sin hacer ruido, acercó una silla a la cama del chico y se sentó junto a él. Su piel lucía algo pálida, pero era de esperar después de lo que había sucedido anoche. De pronto Inoue se descubrió queriendo tocar esa piel, queriendo acariciarla. Probablemente sería suave, más que la de Ichigo. Le dirigió una mirada furtiva a la puerta, solo para asegurarse de que estaba cerrada y luego, lentamente situó su mano en la mejilla de Uryu. Se sorprendió al sentir que su cuerpo se relajaba y entonces recordó su sueño. De verdad era un alivio saber que él estaba allí para ella, saber que no desaparecería. Su mano se ahuecó perfectamente en torno a la mejilla de Ishida y la desplazó suavemente por la blanca piel. El muchacho permanecía dormido, estaba segura de ello, pero aún así una bella sonrisa adornó su rostro.

-Inoue-san…-murmuró entre sueños.

Aquello la frenó. Sus labios se entreabrieron mostrando la perplejidad de la chica, y sintió calor en sus mejillas. Apartó la mano de la mejilla de Ishida y lo miró con tristeza. ¿Qué era lo que sentía por Uryu? Él era un chico único: talentoso, educado, responsable y guapo. Siempre la había protegido desde que tenía memoria. Aún recordaba la manera en la que él había cuidado de ella durante su primera excursión a la Sociedad de las Almas, cuando, en ese entonces, eran criminales buscados. Luego había sido de los primeros en ir al Hueco Mundo a salvarla, sin importar el peligro, y por más que había sido Ichigo quien había llegado primero, él no se había quedado atrás por mucho tiempo, a pesar de las grandes heridas que había sufrido.

Pero aún así no podía olvidar… a pesar de que ella sabía que jamás sería correspondida, una parte de su persona aún amaba a Ichigo Kurosaki, y era algo que ella no podía ignorar. Cada vez que se encontraba con el muchacho, ella se ponía nerviosa, comenzaba a temblar y su corazón se aceleraba. Era lo mismo que sentía en ese momento, frente a Uryu, solo que… no dolía. Cada vez que veía al ex shinigami, el peso del rechazo caía sobre los hombros de Inoue, cosa que no sucedía cuando estaba con el quincy. Aún así…

De pronto Ishida abrió los ojos con expresión somnolienta y se incorporó, restregándose uno de sus ojos con su mano sana. Aquello asustó a Orihime, quien se puso de pie bruscamente y, temiendo que le volviera a gritar, salió corriendo de aquel lugar, sin alcanzar a ver la apenada expresión del chico.


No sabía por qué había vuelto a aquel lugar. Era el segundo día consecutivo que faltaba a la escuela y sus amigos comenzarían a preocuparse. A pesar de que era consciente de que estaba siendo irresponsable, nada la detuvo cuando se adentró en el hospital. Su corazón golpeaba sonoramente contra su pecho. El día anterior había corrido hasta llegar a su departamento, se había encerrado allí y no había vuelto a salir en todo el día. Sentía que le debía una disculpa al quincy por lo que esta vez no volvería a escapar.

Se asomó nerviosamente a la habitación solo para descubrir que el muchacho estaba otra vez dormido. Se preguntó qué pensaría Ishida si algún día la viese meterse de esa manera. Una vez dentro, cerró la puerta con cuidado y repitió la rutina del día anterior, situándose junto al muchacho. Poco a poco se fue relajando. El pecho de Ishida subía y bajaba acompasadamente, el lugar estaba en silencio y solo se escuchaba el canto de los pájaros a través de la ventana.

La mirada de Inoue se perdió nuevamente en el rostro del peliazul. Contempló sus suaves pero firmes rasgos, su nariz recta, sus labios entreabiertos. No pudo evitar caer ante la tentación: su mano se movió y, antes de darse cuenta de lo que hacía, se posó suavemente sobre los labios de Uryu, acariciándolos. Eran cálidos, sumamente atractivos a la vista.

Se sorprendió al ver lo mucho que había cambiado Ishida en el corto tiempo que había pasado. Su rostro se había vuelto más duro, pero eso no había hecho más que embellecerlo. Era extraño pensar en él de esa manera cuando desde que tenía memoria había estado enamorada de Kurosaki, pero no era desagradable.

Recordó lo mal que se había sentido tiempo atrás; Ichigo había perdido sus poderes de shinigami y había dejado de ver a Rukia… no había podido evitar el alegrarse ante ello… ¿y cómo no? Le había llevado algo de tiempo más entenderlo, pero actualmente Inoue sabía la verdad, Ichigo no sería feliz con nadie que no fuese la menor de los Kuchiki… solo quedaba rezar para que lograran reencontrarse en un futuro cercano.

No quería volver a sentirse así… lo que Orihime más quería en ese momento era seguir adelante. Miró al hombre que yacía en la cama y entonces una verdad se iluminó en su mente. Quería protegerlo. Ella siempre había tenido que observar la espalda de los demás a la hora de luchar, pero en ese momento una nueva resolución nació en ella, quería volverse más fuerte para proteger a Ishida, así como Ichigo se había vuelto más poderoso en incontables ocasiones para protegerlos. Tenía que ser ella…

Las lágrimas comenzaron a agolparse en sus ojos, tomándola desprevenida, para luego caer por sus mejillas. La pelinaranja bajo la mirada llorando en silencio mientras se aferraba con fuerza a la mano sana de Uryu. Cerró los ojos con fuerza mientras intentaba reprimir los sollozos que brotaban de sus labios.

-Inoue-san…-la voz de Ishida la sobresaltó. El muchacho había despertado y la miraba con preocupación.
-Ishida-kun…-susurró ella, y se apresuró a soltar la mano del chico para limpiarse las lágrimas. Él aprovechó ese momento para incorporarse utilizando su brazo sano. Al ver que le costaba, rompió en llanto nuevamente, mirándolo suplicante-. Déjame curar tus heridas… por favor.
-Lo siento Inoue-san… tengo mis motivos-respondió él, sonriéndole levemente a modo de disculpa. Ella bajó la mirada y negó llorando-. Inoue-san…-susurró, estirando la mano en su dirección.


¿Me tienes miedo… mujer?


Un latido de corazón resonó con fuerza en el pecho de Inoue y ella se levantó, lanzándose a los brazos de Ishida. El contuvo un gemido de dolor al sentirla contra su brazo herido pero aún así sonrió y la acurrucó como pudo, con su brazo sano. Orihime se aferró su pijama con fuerza, dejando que las lágrimas fluyeran libres por sus mejillas. Ishida acarició el cabello de la chica hasta que, luego de unos minutos, ella se hubo calmado.

-¿Qué es lo que te aflige… Inoue-san?
-Todos siempre… están protegiéndome… o resultan heridos por mi culpa. No es que no me guste curarlos, simplemente… es duro ver salir heridos a los demás.
-¿Qué quieres decir?-inquirió el chico, con voz suave.
-Te quiero…-fue todo lo que dijo.

Permanecieron en silencio durante varios minutos, sin moverse, sintiendo el amor de la persona junto a ellos. Poco a poco la muchacha fue incorporándose, aunque permaneció sentada en el borde de la cama de Uryu. Él le sonrió con ternura y limpió las últimas lágrimas que quedaban en los ojos de la chica.

-¿Estás segura de que esto es lo que quieres?
-Sí-asintió Inoue, sonriendo. Su corazón palpitaba alegremente en su pecho. Se sentía bien, libre, sincera.
-Pues… ya sabes lo que dicen, hay que ser sinceros con lo que uno siente…
-¿Entonces…?
-Entonces…-susurró Uryu y, tomándola del mentón, la acercó hacia él, uniendo sus labios en un dulce y sincero beso.

FIN

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