jueves, 26 de abril de 2012

Capítulo 1: Freak


Kittycat
Capítulo I: Freak

Suspiró. No tenía ninguna gana de estar en ese escalofriante lugar… porque si había un lugar en el Hueco Mundo el cual no le gustaba, ese era definitivamente el laboratorio de Szayel. Aizen le había ordenado presentarse allí a primera hora, aunque no tenía ninguna pista acerca de qué era lo que querían de él. Como era de esperar, Aporro estaba delante de su gran computadora, tecleando cosas que él jamás podría comprender. Al ver que el maniático investigador no le ponía ninguna atención, carraspeó.

-¡Ah, Grimmjow!-exclamó el espada, volteando a verlo. Una extraña sonrisa adornaba su rostro-. Te estaba esperando.
-Sí, ya, dime rápido qué quieres para que pueda marcharme-respondió el recién llegado de mala forma.
-Ya, ya, tranquilo, todo a su tiempo-el hombre de cabello rosado se levantó y comenzó a caminar por su laboratorio, el otro lo siguió sin más. Atravesaron toda la enorme sala y pasaron por un par de puertas con clave. Siguieron caminando un rato más por un oscuro pasillo hasta que finalmente llegaron a una habitación en la cual no se veía absolutamente nada.
-¡Dime ya qué es lo que quieres de mí!-le gritó Grimmjow, visiblemente irritado. Las luces se prendieron de pronto, haciéndolo parpadear.
-Necesito que me ayudes a probar una nueva… medicación-explicó, de espaldas al de pelo celeste.
-¿¡Qué!? ¡Yo no pienso ser tu conejillo de indias!
-Bueno, ya sabes… es una orden de Aizen-sama y…
-¡Al diablo con Aizen!
-Bueno… imaginé que esto iba a ser difícil, después de todo eres una bestia indomable… yo… quería hacer esto por las buenas-suspiró Aporro, mientras distraídamente apretaba un botón. La cámara se llenó de gas al instante y, cuando volteó a verlo, Grimmjow pudo apreciar que  el científico llevaba una máscara que le cubría la boca y la nariz. Desesperado, entendió que había caído en una trampa. Poco a poco sus párpados comenzaron a cerrarse y la falta de fuerzas lo hizo caer al suelo. Szayel reía-. Aunque… eso no será así por mucho tiempo.

Lo último que Grimmjow pudo ver antes de caer inconsciente, era cómo Aporro se acercaba a él con una jeringa en mano, con una maniática sonrisa dibujada en su bello rostro.




Hacía calor, el ambiente estaba pesado y su respiración agitada. Abrió los ojos. Se sentía mareado y no sabía dónde estaba. Intentó ponerse de pie, pero fue entonces que se percató de que sus brazos habían sido restringidos con fuertes cadenas. Quiso soltarse pero no tenía fuerza alguna, su cuerpo estaba paralizado. Una conocida risa lo hizo levantar la mirada. Allí, a unos pocos metros de distancia, estaban sentados Aizen y Szayel, tomando un té tranquilamente.

-¡Oh! ¡Vaya, vaya! Parece que finalmente has despertado-el espada se puso de pie, acercándose y acuclillándose frente a él. Tomó su rostro con fuerza y lo obligó a mirarlo a los ojos. Por más brusco que había sido el movimiento, aquello bastó para estremecer a Grimmjow. El calor aumentó y tuvo que abrir la boca para respirar, pues el aire que le entraba por la nariz no alcanzaba para sus pulmones-. Sí… ¡Sí! ¡Me gusta esa expresión!
-¿Qué… está pasando?-logró preguntar.
-¡Oh! Nada querido Grimmjow, nada… todo esto era parte del plan-sonrió Aporro-. Ahora serás el objeto de placer personal del señor Aizen, ¿qué no te alegra?-descaradamente introdujo la mano bajo su hakama y acarició su entre pierna. Fue demasiado para Grimmjow, quien se aferró a las cadenas con fuerza, en un intento de apartarse, a la vez que un sonoro gemido brotaba de su garganta, retumbando por la sala-. Aizen-sama, se encuentra en estado óptimo.
-Perfecto…-la voz de Aizen sonaba burlona. El castaño se puso de pie y se acercó a su víctima, quien se había desplomado de rodillas nuevamente y respiraba agitado-. Vamos a jugar un rato Grimmjow… tú y yo.
Aporro entendió la indirecta y, sin demorarse más, salió de la habitación para continuar con sus experimentos. Habría apreciado el poder ver a la bestia siendo domada… pero no había nada que hacerle, de todas formas tenía mejores cosas que hacer.


Aizen se acuclilló frente a Jeagerjaques, quien desvió la mirada asustado. Se sentía débil y no podía concentrarse; estaba completamente indefenso frente al otro hombre… y sabía hacia dónde iba todo aquello. Sintió una caricia en su mejilla y cerró los ojos. Se sentía tan bien… probablemente gracias a la droga que Aporro le había inyectado. Sousuke sonrió al ver la tímida expresión que había adoptado Grimmjow y se inclinó hacia él. Dejando su cuello expuesto, el ex capitán comenzó a besarlo, primero con suavidad. Los tímidos gemidos brotaron de los labios de Grimmjow al instante y, regocijándose, decidió acalorar un poco las cosas, empezando a succionar.

El espada intentó removerse. Pequeñas lágrimas brotaban de sus ojos. Eso no estaba bien, él no quería que lo tocaran… se sentía humillado. Aún así eso no era lo peor de todo, Aizen estaba prácticamente abusando de él, algo que jamás habría pasado estando él en plenas facultades… pero a pesar de eso, a pesar de que no quería, una parte de él no podía evitar pensar que aquello se sentía increíblemente bien… y quería más.
Estaba claro que Aizen disfrutaba haciéndolo sufrir, por aquel lado iba el jueguito. No dudó en destruir sus ropas, dejándolo completamente desnudo frente a él. Rió al ver el miembro de Grimmjow, definitivamente las cosas iban como lo planeado. Pero al parecer las drogas eran demasiado fuertes… y él no quería que Grimmjow disfrutara, sino no habría diversión alguna. Sacó de su bolsillo una pequeña cinta de color morado y sonrió maliciosamente, pasándola ante los ojos del otro.

-¿Sabes lo que es esto?
-¿U-una cinta?-susurró Grimmjow, con la voz quebrada mientras buscaba llenarse de aire y recuperarse un poco.
-Muy bien pequeño Grimmy… pero no cualquier cinta-la sonrisa del castaño era cruel. Se inclinó un poco, tomando el erecto miembro y, disfrutando de los gemidos del otro, se la ató en la base, con algo de fuerza-. Esto te impedirá correrte, y tú no podrás quitártela, alguien más tiene que hacerlo-rió-. Es otro de los grandes inventos de Szayel. ¿Quién iba a pensar que el hecho de que fuese un pervertido iba a ser útil?
-A-Aizen-sama… por favor no…-suplicó Grimmjow, desviando la mirada-. Y-yo… y… usted… ¡somos hombres!-exclamó, pero algo le impidió continuar hablando.
El superior se había puesto de pie y le había metido su miembro en la boca sin miramientos. Sonrió deleitándose con la expresión de terror del otro y lo aferró del cabello, comenzando a moverlo. Aizen sonrió y echó la cabeza hacia atrás, preso del placer. Los jadeos comenzaron a brotar de sus labios; ni siquiera se molestó en voltear a ver a Grimmjow, que simplemente lloraba aterrado. Faltaba poco. De verdad esto era bueno; Grimmjow siempre había sido uno de los más orgullosos entre los espadas, si no era él, era Nnoitra, pero a diferencia del morocho, el número seis cargaba con toda aquella insana belleza… Aizen siempre había deseado hacerlo suyo, y ahora, finalmente, tenía la oportunidad.


Estaba demacrado. Desde que había despertado en esa habitación, Aizen lo había visitado día a día para utilizar su cuerpo. Ya no hablaba, no comía, tan solo quería huir. El problema estaba en que no tenía fuerzas ni para pararse. Se acomodó un poco y una descarga de dolor brotó de su miembro y recorrió todo su cuerpo. Aizen no le permitía correrse.

Escuchó pasos que se aproximaban y se encogió al pensar que sería Aizen nuevamente. Aún así, la única persona que entró en su campo de visión fue Ulquiorra. El pálido hombre se acercó lentamente a él. No había sentimiento alguno en su mirada cuando se acuclilló frente a él y acarició su mejilla. Él se apartó, con miedo a que lo lastimara. Todo había sido dolor en el último tiempo, dolor, pena y miedo. No podía recordar haber sentido alguna otra cosa en su vida.

Ulquiorra contempló el estado de Grimmjow, lamentable, lleno de marcas y heridas. Lentamente bajó su mirada hasta su miembro, enorme y palpitante pero sin llegar a explotar. Tocó suavemente la punta y un grito de dolor brotó de los labios del joven a la vez que se contraía del dolor. Jeagerjaques intentó apartarse de él pero las cadenas lo retuvieron en su lugar. El morocho suspiró y tomó el rostro de Grimmjow, mirándolo a los ojos; todo rastro de obstinación y orgullo había desaparecido de ellos, lo único que quedaba allí era el miedo. Con la tranquilidad de la que era dueño, tomó el mentón del encadenado e, inclinándose, lo besó. Esa fue la primera vez que Ulquiorra mostró algo más allá del vacío de su persona. Se puso de pie y con un rápido movimiento de espada, las cadenas que sostenían a Grimmjow quedaron destruidas. Él simplemente se derrumbó.


-¡Grimmjow!-una voz familiar lo despertó y abrió los ojos. No recordaba nada de lo que había sucedido, lo último que había visto era a Ulquiorra, él lo había liberado, pero no recordaba más allá de eso. Tampoco sabía dónde estaba, solo que… estaba bastante cómodo. De pronto alguien lo aferró del hombro y lo hizo voltear. El brusco movimiento le recordó a su cuerpo la agonía por la que había pasado los últimos días y lo hizo gritar-. ¿¡Qué haces aquí!?-Kurosaki Ichigo entró en su campo de visión.

Estaba alterado y no era para menos. Karin y Yuzu habían ido de compras por lo que pensaba que estaba solo en su casa, jamás en su vida se le habría cruzado por la cabeza el encontrar a su enemigo durmiendo en su cama, desnudo… aunque ahora que lo veía bien… lucía horrible. Grimmjow se sujetó la entrepierna gritando. Ichigo vio que intentaba quitarse una cintita que le apretaba el miembro y de verdad se sorprendió cuando vio que, en lugar de soltarse, ésta se apretaba más. Miró a su rival, alterado, y de un golpe quitó las manos de su miembro.

-¡No toques, te estás lastimando!
-Quítalo… por favor…-suplicó.
-Espera aquí-dijo Ichigo y salió corriendo de la habitación, regresando momentos después con una tijera. Miró el miembro de Grimmjow e instantáneamente sus mejillas se tornaron de un notorio color rojo, él jamás había tocado a otra persona, mucho menos a un hombre.
-P-por favor…-la voz del espada era un lamento. Lágrimas brotaban de sus ojos… de verdad estaba sufriendo.

Ichigo suspiró y tomó el miembro de Grimmjow con cuidado. El otro se arqueó, aferrándose a su almohada y un ronco gemido brotó de sus labios, una mezcla de placer y dolor. El color en las mejillas de Kurosaki se hizo aún más fuerte mientras contemplaba el rostro del moreno: sus ojos firmemente cerrados, sus mejillas igual de rojas que las suyas, su respiración agitada, su pecho subiendo y bajando… sus labios suplicando. Se sorprendió al darse cuenta de que lo deseaba… deseaba que todo aquello fuera suyo. Inclinó el miembro, haciendo oídos sordos a los gritos del otro y cortó la pequeña cinta. Instantáneamente todo se liberó y, antes de poder darse cuenta de lo que ocurría, el rostro, cabello y hombros de Ichigo estaban cubiertos de semen.

-¡Haaaa!-el gemido de Grimmjow fue de alivio instantáneo. Se sentía tan bien en ese momento que no se percató de que el pelinaranja se había apartado de él asqueado.
-¡Grimmjow!-gritó el shinigami sustituto, levantando el puño en alto con la intención de golpearlo… pero al ver el rostro del espada, la expresión de temor pintada en su rostro, entendió que no se había tratado de una broma.
-No me lastimes…-suplicó el de pelo celeste con un hilo de voz-. P-por favor yo… lo siento, yo…
-Dios…-suspiró Ichigo al ver la forma en la que se comportaba-. Esto no es ninguna trampa, ¿cierto? ¿Qué te ha sucedido?
-Aizen…-fue todo lo que pudo decir, y luego bajó la mirada.
-Vale… entiendo…-suspiró nuevamente-. Ven, no te haré daño pero luces fatal.

Grimmjow intentó ponerse de pie pero fue en vano. Sus rodillas se doblaron y cayó hacia delante, justo a los brazos de Ichigo. El chico lo miró con expresión de sorpresa y no pudo evitar sentirse mal al verlo en aquel estado. Probablemente Aizen había jugado con él y luego lo había dejado allí tirado. Grimmjow bajó la mirada y se acurrucó contra su pecho, cosa que sorprendió a Kurosaki, aunque no se apartó. Acarició el cabello de Grimmjow y lo cargó en brazos, suspirando.

-Necesitas un baño, luego llamaré a Inoue para que te cure…-dijo y miró al espada a los ojos-. Tranquilo, estás seguro aquí-y sin decir otra palabra, se aseguró de que su invitado tomara un cálido y relajante baño.

Continuará...

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