La pelota golpeó el piso con fuerza. Ya era el decimotercer game consecutivo que Momo ganaba a pesar de estar jugando como single contra una pareja de dobles. Suspiró y caminó hacia la banca, tomando su botellón de agua y vaciándosela en tres tragos. La apretó con fuerza y regresó a la cancha, mientras sus oponentes lo miraban, incrédulos. No podía evitarlo, estaba furioso, a pesar de su última victoria en la final del campeonato regional, a Inui-sempai no le había costado mucho trabajo hacerse con su posición entre los titulares. Caminó hacia la línea de saque y esperó a que sus rivales se posicionaran, luego efectuó un servicio sumamente potente, no perdió tiempo y corrió a la red. Fue cuestión de tiempo antes de que lograra que su rival efectuara un globo, el cual devolvió con un súper Dunk Smash. Los aplausos que se escucharon entonces sonaron fuera de lugar. Los tres jugadores voltearon a ver al lugar de donde provenía el sonido. Los ojos de Momoshiro se abrieron en una expresión sorprendida, aquel hombre era difícil de olvidar pero allí estaba, con su llamativo cabello naranja y su alegre sonrisa, una de las personas que más irritaba al morocho y a quien definitivamente no tenía ganas de ver en aquel momento.
-Momoshiro-kun-saludó Sengoku, sonriendo-. Lucky.
Un, dos, tres… un, dos tres. Una vena se hinchó en la frente de Takeshi, a tan solo unos pasos por detrás de él, Sengoku Kiyosumi, a quien había vencido en su enfrentamiento contra la Yamabuki, lo seguía. Aquella tarde se lo había encontrado en la cancha pública donde había decidido practicar desde hace ya dos días. El muchacho se había acercado a él para hablar, pero Momoshiro no estaba de buen humor y tampoco tenía ganas de hablar, por lo que se había despedido de sus dos amigos y luego se había marchado con la esperanza de alejarse del recién llegado. El plan definitivamente había fracasado, Sengoku, metiche como era, lo había seguido intentando intercambiar unas palabras. Al verse frustrado finalmente había decidido seguirlo en silencio, pero aquello había comenzado a irritar a Momo. El problema era que había estado tan concentrado en perder a su persecutor que simplemente había acabado en una zona de la ciudad que él no conocía.
-Dios mío… esto ya se está pasando… además está comenzando a anochecer y…-se detuvo, llevándose una mano al estómago, que gruñó a modo de respuesta-. Que hambre tengo…
-¿Te has cansado de correr?-dijo la voz del pelinaranja a sus espaldas. Momoshiro volteó a verlo.
-¿Podrías decirme qué quieres de mí y dejarme en paz de una vez?-pidió.
-Vaya… yo que pensaba invitarte a comer-bufó el chico con suerte-. Pero si te pones en ese plan…
-¿Dijiste comida? Oh yo… lo siento, me he portado como un…-meditó durante unos instantes qué palabra sonaría bien, hasta que finalmente suspiró-. No pienso bien con el estómago vacío.
-Vale, vale, no te preocupes-sonrió Sengoku, tomándolo del brazo-. Ven conmigo, conozco un lugar por aquí que tiene unas hamburguesas geniales.
-¿Te has cansado de correr?-dijo la voz del pelinaranja a sus espaldas. Momoshiro volteó a verlo.
-¿Podrías decirme qué quieres de mí y dejarme en paz de una vez?-pidió.
-Vaya… yo que pensaba invitarte a comer-bufó el chico con suerte-. Pero si te pones en ese plan…
-¿Dijiste comida? Oh yo… lo siento, me he portado como un…-meditó durante unos instantes qué palabra sonaría bien, hasta que finalmente suspiró-. No pienso bien con el estómago vacío.
-Vale, vale, no te preocupes-sonrió Sengoku, tomándolo del brazo-. Ven conmigo, conozco un lugar por aquí que tiene unas hamburguesas geniales.
El lugar al que el afortunado se refería era Wild Duck, un lugar al que Momo llevaba tiempo deseando llevar a Echizen. El chico se pidió unas diez hamburguesas, pocas para las que acostumbraba pedir, pero al abrir su billetera un notorio color rojizo se apoderó de sus mejillas, se había quedado sin dinero y no lo había notado. Al percatarse de ello, su acompañante rió por lo bajo y le pasó un billete a la cajera. Momo sonrió apenado de que, a pesar de haberlo tratado mal, Sengoku pagara su comida. Cuando los pedidos de ambos estuvieron listos, se encaminaron a una mesa situada en la esquina del lugar.
-Gracias por eso, prometo pagártelo.
-No te preocupes, no me debes nada, después de todo esa plata tampoco era mía.
-¿Eh? ¿A qué te refieres?-preguntó asombrado el morocho.
-Bueno… me encontré cien dólares mientras caminaba por la calle, pregunté por la zona si alguien había perdido dinero pero nadie lo reclamó-explicó, encogiéndose de hombros.
-Vaya…-respondió el otro, boquiabierto-. Eso sí que es suerte. Aún así… si hay algo que pueda hacer por ti para devolverte el favor tan solo dilo.
-Hmm… lo pensaré-dijo, y ambos permanecieron en silencio mientras comían.
-Apropósito-habló Momo de pronto, con la boca llena. Tragó y luego prosiguió-. ¿Acaso me estabas buscando o fue casualidad? Me sorprendió verte en las canchas públicas, quiero decir… según sé, Yamabuki tiene buenas instalaciones.
-Lo mismo te pregunto a ti. ¿Qué hacías jugando en unas canchas públicas en lugar de estar entrenando en Seigaku? El torneo de Kantou está a la vuelta de la esquina.
-Yo…-Momoshiro dejó su cuarta hamburguesa y bajó la mirada con tristeza. No podía decírselo, o, por lo menos, le daba vergüenza mencionárselo a él, como le habían robado su puesto de titular con tanta facilidad luego de haberlo vencido a pesar de tener la pierna acalambrada-. Me estoy tomando un tiempo, ya sabes, por la pierna…-decidió mentir.
-Vaya… es una lástima-se lamentó el de la Yamabuki-. Bueno, tengo un gran método para que puedas olvidarte de todo el estrés y pensar con claridad a la vez que ejercitas los músculos.
-No voy a tomar alcohol-le reprochó Takeshi.
-No esperaba que lo hagas-repuso el otro, levantando una ceja, para luego dar el último mordisco a su hamburguesa. Sorprendentemente, en el tiempo en que él se había comido una, las diez de Momo habían desaparecido-. ¿Nos vamos?-inquirió, poniéndose de pie. Momoshiro dudó por unos segundos pero finalmente se puso de pie y lo siguió.
-No te preocupes, no me debes nada, después de todo esa plata tampoco era mía.
-¿Eh? ¿A qué te refieres?-preguntó asombrado el morocho.
-Bueno… me encontré cien dólares mientras caminaba por la calle, pregunté por la zona si alguien había perdido dinero pero nadie lo reclamó-explicó, encogiéndose de hombros.
-Vaya…-respondió el otro, boquiabierto-. Eso sí que es suerte. Aún así… si hay algo que pueda hacer por ti para devolverte el favor tan solo dilo.
-Hmm… lo pensaré-dijo, y ambos permanecieron en silencio mientras comían.
-Apropósito-habló Momo de pronto, con la boca llena. Tragó y luego prosiguió-. ¿Acaso me estabas buscando o fue casualidad? Me sorprendió verte en las canchas públicas, quiero decir… según sé, Yamabuki tiene buenas instalaciones.
-Lo mismo te pregunto a ti. ¿Qué hacías jugando en unas canchas públicas en lugar de estar entrenando en Seigaku? El torneo de Kantou está a la vuelta de la esquina.
-Yo…-Momoshiro dejó su cuarta hamburguesa y bajó la mirada con tristeza. No podía decírselo, o, por lo menos, le daba vergüenza mencionárselo a él, como le habían robado su puesto de titular con tanta facilidad luego de haberlo vencido a pesar de tener la pierna acalambrada-. Me estoy tomando un tiempo, ya sabes, por la pierna…-decidió mentir.
-Vaya… es una lástima-se lamentó el de la Yamabuki-. Bueno, tengo un gran método para que puedas olvidarte de todo el estrés y pensar con claridad a la vez que ejercitas los músculos.
-No voy a tomar alcohol-le reprochó Takeshi.
-No esperaba que lo hagas-repuso el otro, levantando una ceja, para luego dar el último mordisco a su hamburguesa. Sorprendentemente, en el tiempo en que él se había comido una, las diez de Momo habían desaparecido-. ¿Nos vamos?-inquirió, poniéndose de pie. Momoshiro dudó por unos segundos pero finalmente se puso de pie y lo siguió.
La buena música sonaba a un volumen altísimo, invitando a las multitudes a bailar. El morocho no pudo hacer otra cosa que sonreír, comenzando a mover las piernas al ritmo de la música. La hora de verdad se le había pasado y probablemente se quedaría dormido al día siguiente, pero a pesar de todo, decidió apagar su sentido de la responsabilidad por unas horas, no le hacía bien el hecho de martirizarse todo el tiempo. Sengoku sonrió al ver el efecto que el lugar tenía en Momoshiro. Lo tomó de la muñeca y lo llevó al centro de la pista, en donde comenzaron a bailar, olvidando todo lo demás. El menor no pudo evitar chequear los sensuales movimientos que su acompañante estaba llevando a cabo. Se le daba bastante bien. Le faltaba el egocéntrico toque que su pequeño amante, Ryoma, le daba al bailar, pero aún así no estaba nada mal. Sus mejillas se sonrojaron y se reprochó mentalmente por estar pensando en otro, sobre todo porque, después de haber jugado contra él, Momoshiro comenzó a escuchar varios rumores acerca de Kiyosumi, como el hecho de que era gay y de que se intentaba ligar a cada quién que lo vencía.
Su mente comenzó a empañarse por el ambiente, la música fue cambiando y poco a poco Momo se fue olvidando de todo lo demás, tan solo importaba el presente. La cantidad de la gente en la pista iba en aumento, por lo que ambos se veían obligados a bailar cada vez más cerca. Un par de chicas los observaron a lo lejos y se acercaron a bailar junto a ellos, apretándose levemente contra Sengoku. Por un momento nada pasó, hasta que de pronto el muchacho se tensó y Momo, tomándolo de la mano, se lo llevó hasta la barra. Sabía que había decidido no tomar alcohol pero aún así pidió dos tragos suaves para ambos. Sengoku lo miró sorprendido.
-Te noté algo incómodo-dijo el morocho, sonriendo levemente.
-Lo siento… odio cuando las chicas se ponen así de pesadas-suspiró.
-¿Y los chicos?-inquirió Momoshiro, antes de darse cuenta de lo personal que había sido esa pregunta-. Lo siento… escuché unos rumores y… olvídalo.
-Vaya…-suspiró-. Así que siguen circulando. Lo siento, seguro que ahora esto te parecerá cualquier cosa-se disculpó, tomando un trago de su bebida.
-No… no tiene nada de malo, yo también soy gay… o bueno, bisexual, pero es casi lo mismo-dijo, encogiéndose de hombros-. Y a decir verdad… creo que más que nada debería agradecerte, has logrado que me olvide de todos mis problemas como por tres horas, tenías razón, ahora puedo pensar con mayor claridad, me alegra que nos hayamos encontrado.
-Por eso tengo que disculparme también, lo siento, te mentí. Cuando te pregunté lo que te sucedía ya sabía la verdad, el otro día nuestro entrenador fue a Seigaku y nos contó a todos que habías sido desplazado de los titulares…-sin darse cuenta, su mano se había movido hasta posarse sobre la del menor, al notarlo y ver que el otro no rechazaba el gesto, la acarició levemente-. Estaba preocupado por ti.
-Gracias… perdón por haberte mentido.
-Lo entiendo, de seguro no querías a alguien como yo fisgoneando por ahí-Sengoku lucía deprimido.
-Bueno, si te hace sentir bien, eres mucho mejor de lo que esperaba-sonrió el muchacho y, dejándose llevar, se inclinó y lo besó con ternura.
-Momoshiro…-el otro lo miró sorprendido-. Tu…
-¿Qué te parece si nos vamos algún lugar en donde podamos estar tranquilos?-sonrió.
-Me gusta esa idea.
-Lo siento… odio cuando las chicas se ponen así de pesadas-suspiró.
-¿Y los chicos?-inquirió Momoshiro, antes de darse cuenta de lo personal que había sido esa pregunta-. Lo siento… escuché unos rumores y… olvídalo.
-Vaya…-suspiró-. Así que siguen circulando. Lo siento, seguro que ahora esto te parecerá cualquier cosa-se disculpó, tomando un trago de su bebida.
-No… no tiene nada de malo, yo también soy gay… o bueno, bisexual, pero es casi lo mismo-dijo, encogiéndose de hombros-. Y a decir verdad… creo que más que nada debería agradecerte, has logrado que me olvide de todos mis problemas como por tres horas, tenías razón, ahora puedo pensar con mayor claridad, me alegra que nos hayamos encontrado.
-Por eso tengo que disculparme también, lo siento, te mentí. Cuando te pregunté lo que te sucedía ya sabía la verdad, el otro día nuestro entrenador fue a Seigaku y nos contó a todos que habías sido desplazado de los titulares…-sin darse cuenta, su mano se había movido hasta posarse sobre la del menor, al notarlo y ver que el otro no rechazaba el gesto, la acarició levemente-. Estaba preocupado por ti.
-Gracias… perdón por haberte mentido.
-Lo entiendo, de seguro no querías a alguien como yo fisgoneando por ahí-Sengoku lucía deprimido.
-Bueno, si te hace sentir bien, eres mucho mejor de lo que esperaba-sonrió el muchacho y, dejándose llevar, se inclinó y lo besó con ternura.
-Momoshiro…-el otro lo miró sorprendido-. Tu…
-¿Qué te parece si nos vamos algún lugar en donde podamos estar tranquilos?-sonrió.
-Me gusta esa idea.
Cuando Momoshiro despertó, vio al muchacho de cabellos anaranjados durmiendo a su lado y sonrió. La noche anterior se había ganado unos buenos gritos de su madre por llegar tan tarde, pero, a pesar de ello, había disfrutado muchísimo la noche. Acarició el rostro de Sengoku, sin dejar de sonreír. Para ser alguien tan irritante, el muchacho se había portado realmente bien con él. Se puso de pie y comenzó a ponerse el uniforme. Luego dudó por unos instantes, pero finalmente guardó también su uniforme de deportes y preparó su raqueta. Escuchó una pequeña risita y, al voltear, vio que Sengoku lo miraba sonriendo.
-Veo que alguien regresará a entrenar como es debido.
Momoshiro asintió, se acercó a su cama y se sentó en el borde de ésta, inclinándose levemente hasta que sus labios se encontraron con los de Sengoku. Fue un beso dulce y no duró más de diez segundos. Sengoku suspiró resignado, de verdad le gustaba el morocho, pero sabía que no podía competir contra Echizen en ese sentido. Al ver los tristes ojos del pelinaranja, Takeshi lo tomó del mentón, obligándolo a encontrar sus ojos con los suyos.
-Lo siento-suspiró.
-No te preocupes-repuso el otro-. Akutsu sigue disponible-ante aquel comentario, ninguno pudo hacer otra cosa que reír.
-Y por cierto… gracias-tras un último beso corto, Momoshiro se puso de pie y dejó la habitación. Desde abajo, se escuchaba la voz de su madre, llamándolos a desayunar.
-No te preocupes-repuso el otro-. Akutsu sigue disponible-ante aquel comentario, ninguno pudo hacer otra cosa que reír.
-Y por cierto… gracias-tras un último beso corto, Momoshiro se puso de pie y dejó la habitación. Desde abajo, se escuchaba la voz de su madre, llamándolos a desayunar.
FIN

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