martes, 28 de febrero de 2012

Pervert

Nami miró concentrada la palabra de su ordenador. Sus dedos tecleaban ágilmente, transcribiendo las idealizaciones de la chica. Cuando hubo terminado el párrafo, inspiró aire profundamente y se recostó contra la silla. Una gentil caricia despeinó sus cabellos. Allí estaba Sanada, su actual novio, con quien actualmente compartía su apartamento. Había bastante diferencia de edad entre ambos, de hecho, él tenía la edad de sus padres adoptivos y había sido compañero de éstos. Aún así esa diferencia de edad había logrado tan solo incrementar el cariño que ambos se tenían. Genichirou, o Gen-chan, como ella le decía cuando era más pequeña, o a veces de jugueteo, siempre cuidaba de ella y daba lo mejor de sí para que Nami estuviese feliz.

-¿Cómo va la nueva historia?-preguntó él, sonriendo y depositando una taza de chocolate caliente sobre la mesada-. Se ve que te estás esforzando.
-Sabes que siempre lo hago-sonrió ella.
-Claro, y es por eso que eres una escritora de BL famosa… pervertida-rió el mayor, divertido. Pero así era, con tan solo 16 años Nami había logrado encabezar la lista de las escritoras de Boys Love más famosas, ahora, con 21 años, sus libros se vendían a una velocidad increíble-. ¿Qué crees que piensen los chicos de esto?
-¿Mis padres?-inquirió, levantando una ceja divertida-. El día que ellos lean uno de mis libros los pobres serán ricos. Ni siquiera saben acerca de que escribo acerca de ellos.




-Veamos…-murmuró Masaharu, en la tienda de libros más grande de la zona-. ¿Dónde está?... ¡Oh aquí está!-la cara se le iluminó al reconocer la portada del libro que su pequeña hijita había escribido tiempo atrás-. Con que Tabú, ¿eh? Es un nombre interesante. Seguro que Nami se sorprenderá cuando regrese a casa este fin de semana y finalmente hayamos leído su libro.

Niou suspiró, aún recordaba el horrible tono de voz que Seiichi había empleado con él aquella mañana cuando se disponía a salir a trabajar: “¡Nuestra querida hijita está por sacar su octavo libro y nosotros hemos tenido el descaro de no leer ni siquiera uno solo! ¡Compra uno cuando regreses, lo leeremos esta noche!” le había gritado. Otro resignado suspiro escapó de los labios del muchacho mientras se dirigía a la caja para abonar su compra… definitivamente no habría sexo esa noche… o eso era lo que él creía.


La lluvia comenzó a caer mientras regresaba a casa. Estúpido tiempo, por la mañana había estado soleado por lo que jamás se le habría ocurrido llevar un paraguas. Apresuró el paso y llegó corriendo. Abrió la puerta encontrándose con una oscura soledad. Seiichi no había regresado aún a casa, solía llegar cerca de las diez y para eso todavía faltaban dos horas. Sacó el libro que había comprado de su envoltorio y miró la contratapa. No había resumen alguno de la historia. Luego lo abrió y observó una pequeña biografía que había de su hija. Sonrió al verla en aquella foto, definitivamente se había vuelto muy hermosa con el correr de los años. Se dispuso a hojearlo pero en ese momento estornudó. Cerró el libro, había estado corriendo bajo la lluvia y no quería resfriarse. Decidió tomar un baño caliente y cambiarse de ropa, ya habría tiempo para el libro.


Un delicioso aroma a estofado se percibía desde la entrada y Seiichi no pudo más que sonreír ante las atenciones que su pareja tenía con él. A diferencia del más alto, él sí había llevado paraguas por lo que no estaba mojado, pero aún así decidió cambiarse de ropa por una más cómoda. La calefacción estaba encendida y el clima hogareño era muy agradable. Luego de cambiarse, caminó hacia donde Niou estaba cocinando y lo abrazó por la espalda, acurrucándose.

-Hey, me preguntaba por qué no venías a saludarme-lo saludó su pareja-. Ya estaba por ir a buscarte, me asustaba que estuvieses haciendo cosas chanchas sin mí.
-Jamás podría estar haciendo ese tipo de cosas sin ti-rió Seiichi-. ¡Qué cosas dices!
-¿Qué tal tu día?
-Rutinario-respondió el peliazul, encogiéndose de hombros-. Por suerte el entrenamiento de hoy terminó temprano y no nos agarró la lluvia. ¡Estos chicos! Deberías verlos jugar, son increíbles, me recuerdan a cuando éramos jóvenes y el mundo estaba a nuestros pies.
-No importa que tan buenos sean, no hay nadie como nosotros-se jactó-. Esto ya casi está.
-De acuerdo-asintió Yukimura y comenzó a poner la mesa-. Huele delicioso.
-Me gusta más cuando cocinas tú-respondió Niou, encogiéndose de hombros-. ¿Has visto lo que compré?
-¡No! ¿De verdad lo has hecho?-Seiichi corrió a la sala y vio allí el libro de su hija-. De verdad tienta leerlo… hoy descubriremos su gran secreto.
-¿Gran secreto?-escuchó la voz del otro desde el comedor.
-Sí, ya sabes, el por qué tiene tantos fans-rió Seiichi, regresando. Masaharu sirvió la cena y se sentaron juntos a comer.


Los truenos resonaban con fuerza, la computadora permanecía prendida pero ya nadie la estaba usando. Desde el momento en el que el primer rayo había caído, Nami había corrido a refugiarse bajo las sábanas junto a Sanada, quien ahora le acariciaba los cabellos para calmarla. Le había costado un poco acostumbrarse al pánico que la muchacha le tenía a aquellos ruidos. En un comienzo ella simplemente desaparecía y él tenía que buscarla por toda la casa para finalmente encontrarla debajo de la mesa de la cocina o adentro del armario. Ahora eso era cosa del pasado, pero aún así la chica no había superado su miedo a las tormentas, y cada vez que aquellos sonidos comenzaban a escucharse, ella corría a refugiarse a los brazos de Sanada, él simplemente sonreía y le acariciaba los cabellos hasta que se calmaba.

-Gen…-susurró la joven, y el aludido volteó a verla.
-¿Qué pasa?-preguntó.
-Tengo una sensación… extraña-intentó explicarse-. Como si algo que no debería pasar fuese a pasar. ¿Crees que… mamá y papá estén bien?-inquirió, y Sanada rió suavemente, aún no se acostumbraba a que su novia llamase “mamá” a Seiichi.
-Ellos estarán bien-aseguró-. De seguro ya están en casa, metidos en la cama así como tú y yo.
-Hm… tienes razón-asintió.


Y de verdad tenía razón. Luego de una satisfactoria cena, Niou y Seiichi se habían puesto el pijama y se habían metido juntos en su cama, llevando el libro de Nami con ellos. El peliazul se acurrucó contra el pecho de su pareja, acomodándose y el otro, en un gesto de ternura, acarició sus cabellos y besó su frente.

-¿Listo?-preguntó.
-Supongo, ¿qué tan malo puede ser?-rió Yuki.

MUY MALO. Apenas habían leído una sola página y sus mejillas ya estaban completamente rojas. Se incorporaron abruptamente y comenzaron a pasar las páginas a la velocidad, hojeando el contenido del libro. No cabía duda acerca de aquello, la situación les vino a la mente instantáneamente, el libro relataba… la experiencia sexual que habían tenido cuando se suponía que Nami se había ido de paseo con Bunta. Con los ojos bien abiertos en una expresión alarmada, Niou buscó en la primera página la fecha en la que había sido editado aquel libro.

-Dios mío, fue tan solo unos meses después de aquello…
-Pero…-Yukimura miró alarmado a Niou-. El libro se llama Tabú… ¿a qué se refiere con tabú?
-¿A qué habíamos prometido no tener sexo frente a ella y aún así nos vio?
-Buen punto…
-Dios mío… agradece que modificó un poco nuestros nombres-bufó Masaharu-. ¿Crees que los chicos…? Diablos, ahora comienzo a entender los chistes de Kirihara y Marui. ¡Esa niña va a escucharnos!
-¿Crees que todos los libros sean así?-preguntó el peliazul. Niou se inclinó para besar su frente nuevamente y luego se apartó, temblaba ligeramente.
-Mañana lo sabremos, iré a comprar los otros… espero que no sea así, sino… esa chica tendrá que escuchar unas cuantas quejas acerca del hacerse dinero a costa nuestra. ¡Podría aunque se habernos dado un tercio de las ganancia!

Yukimura suspiró.


Segunda noche, segundo libro. Ni siquiera habían comido aún… pero la comida podía esperar. Estaban los dos sentados en la sala de estar, Masaharu inspiró profundamente y lo abrió, comenzando a leer en voz alta. Poco a poco las mejillas de ambos comenzaron a teñirse de rojo hasta que Seiichi suplicó.

-Para… me da vergüenza…
-Dios mío, ¡no puedo creerlo! No entiendo cómo se le habrá ocurrido a Nami escribir acerca de nosotros… quiero decir… ¡se supone que somos sus padres!
-¿No crees que será por el hecho de que nos esforzamos tanto en mantener a ocultas esos momentos? ¿Crees que hicimos mal?
-No lo sé… pero pienso hablar con ella-bufó Niou.


Domingo por la tarde. Nami caminaba alegremente de la mano con Sanada. Se dirigían al cine pero, como tenían tiempo, se habían desviado un poco del camino pues la chica tenía que pasar los la casa de Seiichi y Masaharu para buscar algo que había olvidado la última vez que los había visitado. Cuando llegaron a la puerta los dos se besaron y luego Genichirou se adelantó para comprar las entradas. La muchacha inspiró profundamente antes de tocar el timbre, tenía la sensación de que algo importante iba a suceder. Cuando el peliblanco abrió la puerta se la quedó mirando con los ojos abiertos en una curiosa expresión. Sus labios estaban apretados en una fina línea. Finalmente habló.

-Pasa-fue lo único que dijo.

El ambiente se notaba tenso en la casa. Yukimura salió al encuentro de su hija y se saludaron, pero ella notó los esfuerzos que hacía él para mantenerse firme y no demasiado cariñoso.

-Mamá, ¿qué pasa?-inquirió la adolescente, y como única respuesta la hicieron pasar a la sala de estar, sentándose los dos en un sillón que se enfrentaba a otro. Ante un gesto del mayor, Nami se encogió de hombros y se sentó en el sillón vacío, mirándolos.
-¿Y bien? ¿Qué tienes que decir a esto?-preguntó Masaharu, quien, con un movimiento de brazo, señaló los dos libros que estaban sobre la mesa entre ellos.
-¿Qué?-Nami no entendía, pero bastó una mirada para percatarse de que aquellos eran sus libros-. Oh, ahora entiendo-suspiró-. Bueno, supuse que algún día llegaría este momento.
-¿Cómo fue que pasó? J-jamás habría pensado esto de ti. Creí que te habíamos criado bien…-suspiró Seiichi.
-Y lo han hecho, más que bien-sonrió la chica-. Su único error fue ponerse a tener sexo mientras yo estaba en su armario buscando mis botas… quiero decir… fue aterrador, era pequeña y…-al ver que ambos los miraban incrédulos y completamente rojos, una risita brotó de sus labios-. No se hagan mucho drama, gracias a eso soy una persona más abierta.
-Entonces todo fue…
-Admito que no debería haber escrito sobre ello y les pido perdón pero… bueno… fue mi boleto a la fama y la gloria, supongo. Pero, ¿saben? No todo es tan malo-repuso, poniéndose de pie y caminando hacia el perchero, de donde colgaban su bufanda y sus guantes, luego se acercó a sus dos padres, que permanecían completamente rojos y quietos, besó las mejillas de ambos y luego agregó, en tono divertido-. Deberían comprarse el tres y el cuatro… eso es pura imaginación, sé que les gustarán-rió, para luego marcharse.
-Bueno…-susurró Niou, tras unos momentos de silencio-. Eso definitivamente no salió como lo esperaba… Quiero decir… ¿El tres y el cuatro?
-¿No estarás pensando en comprarlos, verdad?-quiso saber el peliazul, quien volteó a verlo.
-Bueno… al fin y al cabo todos sabemos cómo terminará esto, ¿verdad?-rió Niou, encogiéndose de hombros para luego dedicarle una seductora mirada.
-Dios…-suspiró Seiichi, llevándose una mano a la frente-. Ahora entiendo de dónde sacó su lado pervertido.
-Y aún así nos amas-replicó divertido.
-Claro, a ti y a nuestra pequeña pervertida-rió Seiichi, para luego tomar a su pareja de la mano y correr juntos a la cama, pero eso es ya otra historia, para más información consultar el tercer libro de Nami.

FIN


1 comentario:

  1. *o* me gusto!!! muy tierna, aunque breve, ¬¬ quiero leer esas historias jajaajaja
    Bien hecho!

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