Cuando su padre le dio el sí, la pequeña Nami se apresuró a alistarse para salir con Marui, el viejo compañero de tenis de sus papás, a una nueva pastelería que habían puesto en la zona. La chica, obviamente adoptada, y de unos once años, era ya bastante independiente, por lo que se encontraría con el chico a unas cuadras de su casa y luego irían caminando juntos hasta el centro.
Definitivamente nadie había esperado un final como aquel. Niou, tras admitir los fuertes sentimientos que sentía por su capitán, y ser correspondido por éste, había decidido que formarían una familia y se habían empeñado en ello. Se habían casado gracias a la ley que permitía el matrimonio gay y habían adoptado a una dulce niña de tan solo cinco años. De eso hacían ya seis años, y ahora Niou era el jefe de la empresa Trickster que, a pesar de que nadie tenía muy en claro de qué se trataba, tenía bastante éxito, por otro lado Yukimura trabajaba como médico pediatra y además entrenaba al actual equipo de tenis de Rikkai Dai.
La pequeña Nami subió a su cuarto ante las miradas divertidas de sus padres. Ella definitivamente era buena logrando lo que quería y tenía muy en claro que si continuaba poniéndose linda y portándose bien con Bunta, obtendría pasteles gratis, y ella adoraba los pasteles. La muchacha se arregló un poco y luego comenzó a buscar sus botas, se fijó en su armario, debajo de la cama, detrás del escritorio… pero no había nada. De pronto recordó que las había estado utilizando un día de lluvia que había salido con Yukimura y éste las había dejado en su armario para luego limpiarlas y no se las había devuelto, con esa idea dándole vueltas por la cabeza, corrió al cuarto de sus padres.
El trickster sonrió al escuchar la puerta, quizás, si la televisión no hubiese estado tan alta y no hubiese estado tan centrado en su pareja, se habría percatado de que tan solo era la puerta de su habitación y no la de entrada.
-Al fin, solos-se regodeó-. Es la primera vez en mucho tiempo que tenemos la casa para nosotros… -se puso de pie y contoneándose sensualmente se acercó al peliazul y lo tomó por la corbata, levantándolo. La mirada de sus ojos era de total lujuria-. Creo que deberíamos aprovechar.
-Ya, tranquilo…-Yukimura sonrió, entrelazando sus brazos detrás del cuerpo de Masaharu-. Mira si olvidó algo y regresa… esperemos unos momentos…-lo contuvo, besándolo tiernamente. El otro lo aferró con fuerza, pegando su cuerpo al de él.
-N-no aguanto… cerremos la puerta con llave-repuso. Sus manos bajaron hasta las nalgas de Yukimura y se aferraron a él con fuerza mientras que él mismo se frotaba contra su pareja para tentarlo. Sonrió victorioso al notar que la entrepierna de su amado comenzaba a endurecerse-. Y parece que no soy el único-dijo y, cargando a Seiichi en sus brazos, corrió a su cuarto, lanzándolo sobre la cama matrimonial donde dormían cada día, luego se volvió para cerrar la puerta con llave y, sin perder un segundo, se quitó la remera que llevaba mientras se subía a la cama y se colocaba sobre el otro.
-Ya, tranquilo…-Yukimura sonrió, entrelazando sus brazos detrás del cuerpo de Masaharu-. Mira si olvidó algo y regresa… esperemos unos momentos…-lo contuvo, besándolo tiernamente. El otro lo aferró con fuerza, pegando su cuerpo al de él.
-N-no aguanto… cerremos la puerta con llave-repuso. Sus manos bajaron hasta las nalgas de Yukimura y se aferraron a él con fuerza mientras que él mismo se frotaba contra su pareja para tentarlo. Sonrió victorioso al notar que la entrepierna de su amado comenzaba a endurecerse-. Y parece que no soy el único-dijo y, cargando a Seiichi en sus brazos, corrió a su cuarto, lanzándolo sobre la cama matrimonial donde dormían cada día, luego se volvió para cerrar la puerta con llave y, sin perder un segundo, se quitó la remera que llevaba mientras se subía a la cama y se colocaba sobre el otro.
El tabú es todo aquello que se considera una conducta prohibida o no adecuada en determinada situación, y desde que ambos jóvenes habían decidido adoptar a Nami se habían propuesto criarla de manera saludable, sin guiarla por el mal camino, y para ello se habían propuesto a sí mismos no tener sexo cuando la pequeña estaba en casa, por lo que, a pesar de los esfuerzos y las tentaciones, habían logrado que su hija creciera alejada de aquellas cosas. Claro que sabía algo, pero era bastante santurrona comparada con sus compañeras de clase… la juventud definitivamente estaba perdida. Pero aquello se había transformado en un goce al fin y al cabo, disfrutaban de su pequeña cuando estaba con ellos y quedaban mucho más complacidos cuando tenían sexo que si lo hubiesen hecho cada día, se convertía en una ocasión especial para ambos.
La temperatura de la habitación había aumentado y la ropa de Masaharu, tirada por el piso, era un completo revoltijo. Ambos se encontraban con el pecho descubierto, la corbata de Seiichi había quedado olvidada cerca del armario y Niou se estaba deshaciendo de sus pantalones, que logró quitarse y los lanzó descuidadamente, quedando con unos sexys bóxers negros. Las mejillas de Yukimura se enrojecieron al ver el notorio bulto en la ropa interior del muchacho.
-Jajaja ¡Me encanta esa expresión de inocencia que pones! Estás todo rojiiiiito-se rió.
-¡C-claro que no!
-Ya veremos…-contestó el de cabello blanco, inclinándose sobre el cuerpo de su marido. Sus labios rozaron el cuello de Yukimura y éste se estremeció pues aquel era su punto débil-. ¿Te gusta?
-Cállate y sigue…
-A sus órdenes… buchou.
-¡C-claro que no!
-Ya veremos…-contestó el de cabello blanco, inclinándose sobre el cuerpo de su marido. Sus labios rozaron el cuello de Yukimura y éste se estremeció pues aquel era su punto débil-. ¿Te gusta?
-Cállate y sigue…
-A sus órdenes… buchou.
Los labios de Masaharu sabían que presión hacer y en qué lugar. Había recorrido tantas veces aquel cuerpo que ya parecía sabérselo de memoria, y cada vez que hacían el amor aquellas sensaciones tan placenteras resurgían desde lo más profundo de ambos. No se dio prisa, a sabiendas de que su pareja se desesperaba por ello, dio rodeos y, justo cuando no se lo esperaba, se dirigió al punto clave y comenzó a succionar. Los gemidos del peliazul no se hicieron esperar, tímidos al principio pero más fuertes a medida que su excitación aumentaba.
-Me parece que alguien se está calentando-se burló, pero, antes de que respondiera, se inclinó nuevamente sobre el cuello del muchacho y todo lo que Seiichi pudo corresponder a eso fue un sonoro gemido.
Satisfecho de las tres pequeñas marcas que se exponían ahora en el cuello de su pareja, Niou comenzó a bajar lentamente por el blanco pecho de su chico. Se detuvo unos momentos en los pezones, trazando su contorno con la lengua para luego besarlos con suavidad y continuar el trayecto. Para cuando finalmente hubo llegado a la entrepierna de Yukimura, el pantalón de éste estaba sumamente apretado y su miembro clamaba por libertad. El trickster sonrió ante el resultado de sus caricias pero aún así decidió que sería divertido torturarlo un poquito. En lugar de terminar de quitarle la ropa, comenzó a acariciar el pene de Seiichi por sobre la ropa de éste.
-¡A-aa aa M-Masaharu…!-suplicó.
-¿Cómo se pide?-se entretuvo el aludido, la cara del muchacho era algo que definitivamente merecía ser visto.
-¡P-por favor!-exclamó, y Niou, aceptando finalmente, le desabrochó el pantalón y se lo quitó, tirándolo a otra parte. Apenas y llegó a quitarle la ropa interior cuando Yukimura estalló en una ola de placer, estremeciéndose completamente.
-¡No puedo creerlo, te has corrido!
-L-lo siento…-se disculpó el peliazul, sumamente avergonzado. Su pecho subía y bajaba aceleradamente.
-No, no, no, te has portado muy mal Seiichi y ahora debes compensarme-se regodeó-. Ven aquí.
-¿Cómo se pide?-se entretuvo el aludido, la cara del muchacho era algo que definitivamente merecía ser visto.
-¡P-por favor!-exclamó, y Niou, aceptando finalmente, le desabrochó el pantalón y se lo quitó, tirándolo a otra parte. Apenas y llegó a quitarle la ropa interior cuando Yukimura estalló en una ola de placer, estremeciéndose completamente.
-¡No puedo creerlo, te has corrido!
-L-lo siento…-se disculpó el peliazul, sumamente avergonzado. Su pecho subía y bajaba aceleradamente.
-No, no, no, te has portado muy mal Seiichi y ahora debes compensarme-se regodeó-. Ven aquí.
Colocándose de rodillas sobre la cama, el peliblanco se bajó los bóxers, para el resto sobran palabras. Las mejillas de Yukimura se encendieron pues, mientras que su pareja era más liberal en aquel sentido, él no podía evitar cohibirse ante actos tan repentinos, cosa que le provocaba mucha ternura al otro. Tragó saliva pero aún así, sosteniéndose con las manos, se inclinó y se metió el miembro de Niou en la boca. Aquello tomó desprevenido al joven, quien estaba acostumbrado al pausado ritmo de su capitán. Yukimura se sintió satisfecho por el jadeo de sorpresa que el trickster había dejado escapar y no le dio descanso. Comenzó a mover la boca a la vez que enroscaba su lengua sobre el miembro, completamente erecto, de Masaharu, prestándole especial atención a la punta, por la cual el semen comenzaba a brotar.
Cuando Niou estuvo al límite, Seiichi se apartó de él, arrodillándose también. Tomó su miembro y comenzó a frotarlo contra el de su amado, quien gimió roncamente. El placer era inmenso y él no tardó en calentarse también. Los gemidos no se hicieron esperar, ahora que estaban solos podían descargarse y hacer todo el ruido que quisieran, por lo que, sin contención alguna, los gemidos probablemente se escuchaban desde la cocina. Ambos se corrieron a la vez y fue maravilloso, luego Yukimura se desplomó sobre el colchón, agotado.
-Oh vamos, no ahora-ahora era el otro quien suplicaba-. Aún me queda para lo otro.
-Pides demasiado…
-Piensa que no tendremos otra oportunidad así hasta dentro de mucho tiempo-bufó Niou, levantando una ceja.
-T-tienes razón… pero date prisa, tengo miedo de que Nami regrese.
-Vale, vale. Como ordenes… mamá.
-Pides demasiado…
-Piensa que no tendremos otra oportunidad así hasta dentro de mucho tiempo-bufó Niou, levantando una ceja.
-T-tienes razón… pero date prisa, tengo miedo de que Nami regrese.
-Vale, vale. Como ordenes… mamá.
El chico lo volteó como pudo y comenzó a prepararlo para el gran final. La dilatación fue bastante rápida, a pesar de que en un principio Seiichi estaba algo tenso. Tras unos minutos estuvo perfecto y lubricado. Niou tomó las caderas del joven y sonrió lujurioso.
-¿Listo?-preguntó, pero, antes de recibir respuesta, comenzó a introducir su duro miembro dentro del cuerpo de su amado. Lentamente y con cuidado, para no lastimarlo. Seiichi se veía tan frágil en ocasiones, como en aquel momento, pero, aunque sabía que estaba cansado, no podía simplemente detenerse en aquel momento, tenían que acabar como era debido-. Ya estoy… ¿estás bien?
-Sabes que encajamos a la perfección, esa fachada de preocupación no me engaña-le reprochó Seiichi-. Anda, puedes moverte.
-Bueno… no me gusta hacer estas cosas hasta asegurarme de que estás bien-suspiró, pero aún así, tomándolo por las caderas comenzó el lento vaivén, que fue tomando velocidad a la vez que los gemidos de ambos iban incrementando el volumen.
-Sabes que encajamos a la perfección, esa fachada de preocupación no me engaña-le reprochó Seiichi-. Anda, puedes moverte.
-Bueno… no me gusta hacer estas cosas hasta asegurarme de que estás bien-suspiró, pero aún así, tomándolo por las caderas comenzó el lento vaivén, que fue tomando velocidad a la vez que los gemidos de ambos iban incrementando el volumen.
Al borde como estaban, Niou sabía que no tardarían mucho en correrse, por ello cerró los ojos y simplemente se entregó al momento, disfrutando de cada roce, de cada sonido y de cada sensación. Todo desapareció de su mente, todo salvo él y su amado Seiichi, solo los dos, en medio de una densa oscuridad, que muy despacio, comenzó a distorsionarse. Aquello pareció impulsarlo pues comenzó a ir aún más fuerte, llegando a lugares a los que nunca antes había llegado. Finalmente una oleada de placer lo recorrió completamente y se descargó dentro del cuerpo de su amado, para luego perder toda la fuerza que lo sostenía y caer sobre su chico. El muchacho se desplomó bajo el peso de Niou, y el charquito de semen se extendió bajo él sobre la sábana.
El cuarto lucía impecable, ambos se habían duchado, vestido y arreglado todo en un santiamén. Justo a tiempo. El timbre los tomó a ambos por sorpresa e intercambiaron miradas, temerosos de que algún detalle se les hubiese pasado por alto. Todo parecía perfecto. Seiichi tomó aire, relajándose y fue a abrir la puerta. Se sorprendió al ver que no se trataba de su hija sino que de Marui… solo.
-Hola Seiichi-lo saludó éste, pues habían dejado de utilizar el “buchou” largo tiempo atrás-. Siento molestarlos, ¿tardará Nami mucho más? Llevo horas esperándola.
-¿D-dices que no estabas con Nami?-preguntó éste, sorprendido-. Qué raro, salió de aquí hace bastante, quizás la pasaste por alto, es fácil de perder entre la gente, debe estar esperándote. ¡Ya sé! Tengo una idea, Niou y yo iremos contigo, la buscaremos y luego iremos juntos a la pastelería nueva, ¿te parece?
-¡Es una gran idea!-sonrió Bunta, aliviado de que el padre de la niña no lo hubiese estrangulado, sorprendentemente parecía estar de muy buen humor.
-¡Masaharu, ven!-lo llamó-. ¡Vamos a buscar a Nami y a comer pastel!
-¡Voy!-respondió el aludido, y, tras ponerse su chaqueta, los alcanzó en la puerta, saliendo y cerrando con llave.
-¿D-dices que no estabas con Nami?-preguntó éste, sorprendido-. Qué raro, salió de aquí hace bastante, quizás la pasaste por alto, es fácil de perder entre la gente, debe estar esperándote. ¡Ya sé! Tengo una idea, Niou y yo iremos contigo, la buscaremos y luego iremos juntos a la pastelería nueva, ¿te parece?
-¡Es una gran idea!-sonrió Bunta, aliviado de que el padre de la niña no lo hubiese estrangulado, sorprendentemente parecía estar de muy buen humor.
-¡Masaharu, ven!-lo llamó-. ¡Vamos a buscar a Nami y a comer pastel!
-¡Voy!-respondió el aludido, y, tras ponerse su chaqueta, los alcanzó en la puerta, saliendo y cerrando con llave.
Lentamente la puerta del armario de Seiichi y Masaharu se abrió y Nami salió de su escondite. Tenía las mejillas sumamente rojas y, con sus cortos doce años, no sabía pensar acerca de lo que había visto. Permaneció en silencio unos instantes y luego una pervertida sonrisa adornó su rostro. Sin pensar en nada más y sin importarle nada, subió las escaleras corriendo, ya tendría tiempo para pensar en una excusa, ahora definitivamente tenía que escribir acerca de aquello.
FIN

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